Análisis de Eastward

En nuestro análisis de Eastward nos descubrimos ante uno de los pixel art más bonitos de la historia. Una auténtica joyita que no podéis dejar pasar.

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La industria de los videojuegos independientes ha crecido muchísimo en los últimos años. Antaño, solo unos pocos estudios eran capaces de lanzar sus proyectos al mercado sin la financiación de una gran empresa detrás. Poco a poco, con el paso del tiempo, eso ha ido cambiando. El auge de las plataformas de crowfunding, así como la internacionalización del mercado, abrieron nuevos frentes de oportunidades. En ese sentido, Chucklefish es una de nuestras distribuidoras y desarrolladoras favoritas, pues ha sido capaz de rescatar del ostracismo algunos de los títulos más interesantes de los últimos años.

Véanse, sino, ejemplos tales como Wargroove, StardboundStardew Valley —fue posterior— o el futuro Witchbrook, que pinta genial. Hoy, en cualquier caso, hemos querido hablar de Eastward, una preciosa aventura de rol y acción desarrollada por Pixpil, un pequeño estudio chino ubicado en Shangai. El equipo —originalmente eran solo tres personas— empezó con su proyecto hace seis años y… por fin está aquí. Yo tuve la suerte de escuchar de él hará un par de años y la verdad es que le tenía muchísimas ganas. Por si os llama la atención, lo tenéis disponible en Nintendo Switch y Microsoft Windows, aunque, y por desgracia, no está traducido al español.

Una aventura en pixel art como pocas: Eastward

Análisis de Eastward
Análisis de Eastward | Durante el juego podremos hablar con un montón de personajes únicos a su modo

John es un hombre como cualquier otro. Solitario y algo taciturno, es una persona de pocas palabras. Sus vecinos, por alguna razón, no le tienen mucha estima, pero a él le da igual. Como cada día, va a la mina a trabajar y cumplir con su papel en la sociedad, aunque no tiene pinta de que esto vaya a seguir durante mucho más tiempo. Desde el primer momento en que nos ponemos a los mandos, y no sin antes disfrutar de una estupenda cinemática introductoria, conocemos a Sam, una joven vivaracha y muy alegre que ha aparecido en la vida de John. Un día como cualquier otro, mientras el ya no tan joven minero exploraba un pasaje subterráneo, encontró algo.

Era un capsula llena de una extraña sustancia. En su interior estaba Sam, y desde aquel entonces han permanecido juntos. Eso es, por el momento, todo lo que necesitáis saber. Su relación es bastante sencilla, pero pronto nos encariñaremos tanto de ellos casi tanto como lo hacen los propios personajes. Y es que, ciertamente, la historia va un poquito sobre eso y sobre otras cosas tantas más. John —quien no abre nunca la boca y nos recuerda mucho esos personajes de la vieja escuela del videojuego que nunca decían nada— siempre ha vivido bajo tierra. Su hogar, Potcrick Isle, es un refugio subterráneo que ha logrado sobrevivir al apocalipsis.

Allá afuera, en el exterior, o al menos eso cuentan las leyendas, nada ni nadie sobrevive. Más pronto que tarde —no es un spoiler, no os preocupéis, que el juego va de eso— descubrimos que es mentira. Así pues, John y Sam deciden aventurarse al mundo que hay ahí fuera para descubrir que está pasando y cuál es la verdad. Así se construye el argumento base de Eastward, una aventura narrativa de acción y puzles que centra casi todos sus esfuerzos en su argumento. ¿Y sabéis qué? Lo hace a las mil maravilla. Solo hay un problema: el juego está completamente en inglés y, salvo que la demanda lo exija, no hay planes de su traducción al español.

Análisis de Eastward | La forma de contar una historia

Análisis de Eastward | La clave de Eastward no es el guion. Son los personajes y la forma

Llegados a este punto toca preguntarse si merece la pena inmiscuirse en los asuntos de John y Sam. Seré breve: sí, pero solo si tienes un buen manejo de la lengua de Shakespeare. La mayoría de conversaciones tienen un tono bastante sencillo y no utilizan una terminología compleja, pero hay cambios de jergas entre unos personajes y otros. Es muy posible que entiendas un poco de qué va todo, pero te perderás muchísimos detalles. De hecho, a mí me ha pasado. Me defiendo con el inglés, pero he tenido que tirar de diccionario para poder traeros este análisis. Lo confieso: ha sido complicado.

Dejando eso a un lado, puedo deciros —sin miedo a equivocarme— que Eastward es un diamante en bruto. Vamos, que lo tiene todo para convertirse en uno de esos indies que terminan haciendo historia. No por nada el estudio se ha inspirado en (y bien) Earthbound y los primeros Zelda. Se dice pronto. Volviendo al tema que nos acontece, la narrativa. Eastward es uno de esos lanzamientos que lo dan todo por y para ofrecer una historia a la altura de las expectativas. ¿Lo consigue? Sí. Su guion, el cual no destaca por dar demasiadas sorpresas, es un ejemplo de cómo hacer bien las cosas.

La estructura de la trama es sólida, la ejecución y el planteamiento de los nudos argumentales es correcto y la resolución de conflictos es adecuada. El argumento tiene mucho gancho, aunque no da pie al libre albedrío; con apenas un puñado de secundarias, no hay grandes desvíos. Ciertamente, esto me ha sorprendido, ya que tiene muchos aspectos que lo acercan al género rolero, pero tampoco es que me haya desagradado. Es más, diría que es todo lo contrario. Eastward, gracias a su sobresaliente elenco de personajes principales y secundarios, suple cualquier tipo de carencia a través de un conjunto de grandes diálogos.

Eastward: un mundo por descubrir

Análisis de Eastward
Análisis de Eastward | La construcción del mundo es uno de sus puntos fuertes, aunque se nos ha hecho corto

Cada personaje, a su forma y manera, es único y diferente. Incluso dejando a un lado sus diseños y animaciones —hablaremos de esto más adelante— todos y cada uno de ellos tienen mucha personalidad. Es ahí donde entra ese inglés más complejo, pues la presencia de diferentes modelos idiomáticos (jergas) complica las cosas para los no angloparlantes. Es una verdadera pena que no haya llegado al español, pues gran parte de su carismático sentido del humor se pierde si no eres capaz de entender los juegos de hablas o las expresiones propias de la lengua.

Porque esa es otra. Eastward juega con las dicotomías. La trama, por su descripción, es más bien oscurantista. El mundo ha llegado a su final y la raza humana vive engañada bajo tierra. Las cosas no son fáciles y sobrevivir —se sobreentiende— no es tarea fácil. Hay cierto pesadumbrismo en el ambiente, pero es tremendamente alegre. El título tiene un humor muy acertado y un sentimiento de alegría cuasi sempiterno. Más aún cuando sumamos a Sam a la ecuación; la muchacha tiene el don de hacer que todo el mundo sonría. Es genial.

Sea como fuere, Eastward os puede durar unas 30 horas, aunque no invita a la rejugabilidad. Si te has detenido a hablar con todo el mundo y lo has explorado un poco más o menos todo, te darás muy por satisfecho. Y claro que puedes darle de nuevo una segunda vez, pero pierde gran parte de su encanto. Con el tiempo es posible que esto cambie, pues si finalmente llega el español… Bueno, ahí la cosa cambia. En ese momento si que cambiaré el discurso y os diré «jugadlo de nuevo». Y si eso no sucede… pues habré disfrutado muchísimo de una gran aventura narrativa.

Una escenografía rica en detalles… y referencias

Análisis de Eastward | El juego estará repleto de cameos y homenajes como, por ejemplo, la estatua de Gundam

Si creíais que la gran estrella era la narrativa, pues estáis equivocados. El niño de nuestros ojos es el apartado audiovisual; no miento si os digo que Eastward lo tiene todo para convertirse en uno de los máximos exponentes de la historia del pixel art en la industria de los videojuegos. Es sencillamente precioso. Con un muy ligero toque de dimorfismo corporal, el estudio Pixpil ha dado con el tono perfecto. Y es aquí donde recuperamos el concepto de dicotomía; el mundo, venido a menos, es tan bonito que hasta duele. La paleta de colores, repleta de líneas ambarinas y remaches de óxido y dejadez, nos sorprende con fragantes paisajes de lustrosos verdes apagados por el paso del tiempo.

La línea artística es delicada y agradable. Juega muy bien con las tonalidades y aprovecha a la perfección las dos dimensiones de las que se compone. Las animaciones, más bien sencillas, son perfectas a su modo. Cada personaje y cada enemigo tiene esos pequeños detalles que lo hacen único, y los escenarios son un paraíso para los amantes de las referencias. Es un regalo para el ojo humano que… Me ha enamorado. Sin más, Eastward es la viva expresión de cómo hacer las cosas bien. De la misma forma, hay muchísimos cameos que os van a encantar. Puede que me equivoque, pero me juego a que al estudio Pixpil les encantan no solo los videojuegos, sino también el anime… y Ghibli.

La esencia de la animación nipona está muy presente durante toda la aventura. En caso contrario, que se lo digan a la estatua de Gundam que nos encontramos en mitad de un escenario o a nuestro vecino Hayao Miyazaki, alias Hiruku Miyazaki. De esas ahí unas cuantas. No os cansaréis de buscarlas. Ahora bien, no es oro todo lo que reluce, ya que sus muy hermosos escenarios tienen un defecto: no están bien construidos en el marco de su jugabilidad. No sucede con todos, pero sí en algunos. ¿Cómo? Sencillo: la perspectiva isométrica nos juega una mala pasada en alguna ocasión y nos impide discernir con claridad qué elementos son importantes y cuales no dentro de la escenografía. Aparte, el mapeado se viene abajo en segmentos concretos debido a este mismo motivo.

Una banda sonora a la altura

Análisis de Eastward
Análisis de Eastward | La banda sonora es obra del compositor de Death Stranding

Respecto a la banda sonora, y aquí prometo ir más al grano, el estudio cumple con creces. No es para menos, pues el estudio se hizo con los servicios de Joel Corelitz. ¿No os suena? ¿Y si os digo que es el compositor de la banda sonora de Death Stranding? Por si fuera poco, 343 Industries también se ha decantado por el americano para que componga la soundtrack de Halo Infinite. Casi nada. Volviendo al tema, es genial. Y esto es importantísimo. No sabéis —a ver, qué se yo… Posiblemente si lo hagáis, es una forma de hablar— lo importante qué es, de verdad. Su apartado gráfico es espectacular, pero se quedaría a media vela si la banda sonora no le siguiese el ritmo.

A ver, lo mismo me he pasado; un juego puede ser precioso y tener una mala banda sonora. Es cierto. Es, como ya he dicho, una forma de hablar, pero es tan maravilloso cuando eso pasa… Vamos, resumiendo cuentas: Eastward es una joya gracias a su sobresaliente apartado audiovisual. Está repleto de grandes temas que no solo encajan a la perfección con el la escenografía, sino que tienen el ritmo y el tempo adecuados como para darle ese empujoncito extra a la trama. Espectacular.

Eastward, una jugabilidad sencilla basada en los clásicos

Cerraré, finalmente, con el apartado que menos me ha gustado: la jugabilidad. ¡Ojo! Esto no significa que sea mala, pero es que… Uff, lo tenía complicado. Yendo al grano —miento como un beyaco— la cosa va de explorar, resolver acertijos y liarnos a sartenazos con una buena cantidad de enemigos. Durante nuestra aventura, John y Sam explorarán toda suerte de lugares y, como no podía ser de otra forma, habrá monstruos y criaturas mecánicas que nos hagan la vida imposible. John, a grandes rasgos, es el fighter del grupo. En un sistema de acción en tiempo real de direcciones simples, golpearemos una y otra vez a nuestros enemigos con una sartén mientras Sam usa sus poderes especiales para hacernos la vida más sencilla.

Con el paso del tiempo iremos desbloqueando nuevas armas (un lanzallamas, por ejemplo) y ciertas habilidades para Sam. La idea pasa por combinar las capacidades de ambos personajes… de forma activa. De forma instantánea, sin tiempos de espera entre unos y otros, podremos alternar el control de Sam y John siempre y cuando ambos estén en el mismo lugar. Esto no solo se adscribe a los combates —perderemos si nos quedamos sin corazón, un homenaje a Zelda y nuestro sistema para medir la salud del personaje—, sino también a la exploración y los acertijos.

Habrá determinadas secciones u obstáculos que solo podremos superar usando las habilidades de Sam o los recursos de John, siendo ambos una suerte de dúo dinámico; se necesitan el uno al otro para ser verdaderamente eficientes. En ese sentido, podemos decir que la curva de dificultad está bien establecida, pero que no hay grandes desafíos. Los acertijos, más bien simples, no nos podrán las cosas demasiado difíciles y la exploración solo ofrecerá recompensas secretas de cuando en cuando. Es el apartado menos trabajado; cumple, pero se queda un poco por detrás.

Análisis de Eastward | Conclusiones

Análisis de Eastward | ¿Qué nos ha parecido?

Ya os he dado la tabarra durante un buen rato, así que ahora sí, de verdad de la buena, que voy al grano: juegarraco. Una verdadera joya que os recomiendo sí o sí, al 100%, a no ser que tengáis muchos problemas con el inglés. Entonces no; ese es un gran escollo. Por lo demás, salvando una jugabilidad algo plana por momentos y un diseño de escenarios errático en situaciones muy concretas, es una verdadera maravilla. Es uno de los mejores pixel arts que he visto en toda mi vida y… Una delicia. Explorar todos y cada uno de los rincones de cada escenario mientras te encuentras con diversos personajes de la industria del videojuego o del anime es una maravilla. Por si fuera poco, la banda sonora es brillante. Un imprescindible que debéis jugar sí o sí.

Valoración juego - indispensable

Análisis de Eastward. Clave de juego para Nintendo Switch cedida por Chucklefish.

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