‘Tenet’, review sin spoilers

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Llegó el día. La esperada película de Christopher Nolan, Tenet, se estrenó el pasado 26 de agosto. Nosotros ya la hemos visto y en esta entrada os contamos qué nos ha parecido; por supuesto, sin spoilers.

Un espectáculo como jamás se ha visto (en sentido literal)

Curioso el tiempo. La vida es una sucesión de momentos que se concatenan dentro de una cronología perfectamente orquestada. Acciones que tienen consecuencias, un vaivén de causas y efectos cuya amistad se supedita a los grilletes del tiempo. Pero, ¿y si esa relación pudiera revertirse? ¿Y si las cosas no sucedieran en el sentido que la lógica durante tantos años nos ha enseñado?

En la primera secuencia de Memento (Christopher Nolan, 2000) una fotografía perfectamente visible se torna blanca. Una pistola se alza del suelo y vuelve a la mano de quien la disparó, apreciando como la bala regresa también al tambor que la custodiaba. Una declaración de intenciones con la que Christopher Nolan quería indicar su intención de que la cinta iba a sufrir una regresión en su trama, arrancando por el desenlace y yendo hacia su comienzo.

Esa esencia es la que marca la naturaleza de Tenet, un espectáculo visual como nunca antes se ha visto. Porque esta es una cinta cuya máxima radica en una simple idea: la reversión del tiempo, una premisa que el personaje de Clémence Poésy se encarga de explicar en los primeros instantes. Una excusa para poner en pantalla protagonistas que avanzan hacia adelante pero también hacia atrás, edificios que se destruyen y construyen al mismo tiempo o coches que pasan de estar boca abajo a recuperar su estado natural. Desde luego, pocas veces se ha visto nada igual.

Así es como Nolan construye una historia de espías que bien podría recordar a las cintas de James Bond. Un film que ofrece unas set pieces de acción apabullantes a nivel visual que elevan la propuesta a la categoría de prodigio técnico. Es fácil dejarse llevar por la puesta en escena de Tenet y su vertiginosa habilidad para concatenar escenas de acción; desde luego su mayor fortaleza.

Tenet, una historia clásica con una estructura narrativa atípica

No mentiría a nadie si dijera que Tenet es una historia de espías tradicional. De hecho, su esquema es punto por punto el de cualquier cinta de su género que hayamos visto antes: un villano con aires de grandeza pretende acabar con el mundo mientras el héroe de marras trata de impedírselo. Hasta ahí, todo seguiría los cánones clásicos.

Sin embargo, Nolan siempre suele complementar sus películas con su, hasta ahora interminable, creatividad. Y es ahí donde entra en escena esa atípica narrativa de la que os hablaba. Tenet es como visionar una misma película pero desde perspectivas temporales distintas en función de la escena mostrada.

Esa manera de presentar los acontecimientos no es tediosa pero sí requiere cierta atención por parte del espectador para coger las piezas que Nolan le va proporcionando y llegar a construir el puzle completo. Un film que encuentra en el montaje su mayor aliado y en la banda sonora uno de sus puntos más endebles; durante varios momentos, las composiciones de Ludwig Göransson se hacen algo pesadas -por no hablar del excesivo volumen con el que cuenta toda la cinta-.

Del lado interpretativo, cabe destacar el buen hacer de todo el reparto. John David Washington se encuentra como pez en el agua en una propuesta que requiere de su portentosa capacidad física -volviendo al símil con 007, Washington estaría más cerca de Daniel Craig que de Pierce Brosnan-. Lo acompaña un escudero de lujo como Robert Pattinson, que se roba el show en varias ocasiones, y un villano estupendo encarnado por Kenneth Branagh. Mención especial también para Elizabeth Debicki y para unos efímeros, pero tremendamente acertados, Clémence Poésy, Michael Caine y Aaron Taylor-Johnson.

Veredicto

Tenet es un portento audiovisual. Christopher Nolan apuesta por el poderío de sus imágenes para traernos otra paradoja temporal disfrazada ahora de cinta de espías. Desde luego, tras la época que nos ha tocado vivir, Tenet se antoja como un pasatiempo ideal para recobrar la confianza en las salas y, aunque está lejos de ser uno de los mejores trabajos del cineasta, se disfruta de principio a fin.

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