Reseña manga: ‘Dance! Kremlin Palace’

Reseñamos 'Dance! Kremlin Palace' de Shintarō Kago, editado en España por ECC Ediciones

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El pasado mes de septiembre de 2019, la editorial ECC Ediciones lanzaba al mercado español Dance! Kremlin Palace (踊る!クレムリン御殿), obra del siempre esperpéntico Shintarō Kago. El manga consiste en una recopilación de historias cortas donde, al igual que en La formidable invasión mongola, Kagō emplea momentos históricos para relatos llenas de humor negro, violencia y mucho erotismo. En este caso, Dance! Kremlin Palace se sitúa principalmente en la Rusia comunista, aunque también encontraremos referencias a la cultura rusa en general.

Sinopsis

¡La esperada nueva obra del gurú del eroguro, Shintarō Kago (Fetus Collection, La formidable invasión mongola)! En esta sátira de la cultura comunista rusa y de la propia Rusa, narrada a través de diferentes relatos interconectados, Kago lleva al extremo los tópicos y el desconocimiento que existe sobre gran parte de las tradiciones y expresiones típicamente rusas. Déjate llevar por lo absurdo mientras asistes a la reconstrucción más peculiar de la trayectoria de líderes como Lenin, Stalin, Gorbachov o Putin.

Edición

Compuesto de un total de 12 capítulos y extras, Dance! Kremlin Palace es un tomo único con 204 páginas en blanco y negro —salvo las últimas, que son un añadido a color, y la primera, con un mapa de la Unión Soviética y la transcripción fonética de las letras rusas—. Presenta, como viene siendo norma, encuadernación rústica con sobrecubierta. Tanto la sobrecubierta como la propia cubierta presentan el mismo dibujo, solo que la primera está policromada y la segunda solo de rosa y blanco. Su precio es de 17,95 €.

Un tomo único, literalmente

Shintarō Kago, para quien no lo conozca, es una de las máximas figuras del eroguro, un movimiento artístico nacido en Japón en respuesta a los tabúes impuestos por la sociedad. El nombre de esta corriente proviene de ‘ero’ (‘erótico’) y ‘guro’ (‘grotesco’), dos palabras que definen a la perfección qué podemos encontrarnos en esta obra. Kagō publicó en Japón este compendio de relatos que, bajo su particupar prisma, nos presenta la realidad de la Rusia comunista del siglo XX.

Los capítulos del tomo son autoconclusivos, aunque, al tratar momentos históricos, encontraremos personajes que se van repitiendo como Stalin, Lenin o Gorbachov. Para empezar, uno de los aspectos más característicos es que muchos de ellos presentan estilos de dibujo diferentes. El ejemplo más claro es el primer capítulo, con viñetas más infantilizadas —aunque no exentas de sexo y violencia, como no podía ser de otra forma—. En el resto, encontramos un estilo un poco más uniforme, aunque con ligeras diferencias.

Otra de sus peculiaridades es que, excepto el primero, los episodios prescinden de los bocadillos de diálogo tradicionales (redondeados) y emplea rectángulos tanto para diálogos entre personajes como para el texto del narrador. En algunos casos, este último se ve acompañado de un trazo negro más grueso en su correspondiente rectángulo como elemento diferenciador.

Una clase de historia muy macarra

El principal atractivo de Dance! Kremlin Palace es, sin duda, las lecciones de historia que imparte desde una perspectiva de cachondeo puro y duro. Bajo la premisa de situar la acción en un momento histórico complicado para la nación más grande del mundo, Kagō desmonta y exagera al máximo los tópicos del comunismo y de sus principales dirigentes. De hecho, ya en la propia solapa de la sobrecubierta delantera del volumen encontramos una lista con los perfiles de la Unión Soviética. Cabe destacar que estos vienen acompañados de una breve descripción de su vida y un dato «esencial»: si son calvos o no.

Aunque sin entrar en demasiada profundidad, los capítulos exponen diferentes sucesos y acontecimientos importantes de la cultura rusa, combinando datos verídicos con verdaderas idas de olla. En algunos casos, era complicado dilucidar si la información expuesta era real o no —la realidad supera a la ficción, como suele decirse—; en otros, la sátira era tan exagera y surrealista que tomársela como real era tarea casi imposible.

El humor, como ya se exponía en párrafos anteriores, se basa principalmente en los tópicos más burdos sobre el socialismo en general y el comunismo en particular. «Todo es de todos» es una de las principales premisas de su primer capítulo —en mi humilde opinión, uno de los mejores—. En él, un joven descubre que los comunistas viven igual, sufren igual y, en definitiva, deben ser exactamente iguales.

La repetición lleva al tedio

Pese a un arranque notable y muy divertido, el volumen queda atrapado en una especie de espiral narrativa que presenta un patrón muy similar en los relatos. Presentan un momento concreto de la realidad y, a través de una idea muy loca, la deforman hasta desembocar en un conflicto estrambótico e incluso ridículo. En algunos casos de mejor y en otros de peor manera.

Esta reiteración desemboca, simple y llanamente, en aburrimiento, lo cual es una verdadera lástima sabiendo el potencial que tiene el autor y que, en efecto, muchos de sus gags funcionan. Este problema se refleja en los personajes «originales», que son meras marionetas que padecen las penurias y los conflictos de la acción, pero que no dejan de ser marionetas sin gracia alguna y faltos de personalidad. Quizás haberles dotado de más carácter habría mejorado un poco algunos capítulos. Asimismo, cabe mencionar que la original de algunas bromas iniciales e explotan demasiado, y, poco a poco, va restando su impacto en el lector.

Extras interesantes

Más allá de los relatos, Dance! Kremlin Palace presenta unos añadidos bastante curiosos y que normalmente no encontramos en mangas. En primer lugar, como ya se destacó al principio, la obra comienza con un mapa a color de la Unión Soviética junto a la transcripción fonética de las letras rusas. El resto de extras los encontramos al final: un glosario básico sobre la cultura soviética, una lista cronológica de eventos de la Unión Soviética y fotografías y recortes a color relacionados con tema central del manga.

En conclusión…

Se trata de una obra loquísima, tanto para lo bueno como para lo malo; una bizarrada en toda regla, no apta para sensibles ni personas ofendidas con la realidad. Kagō critica todo lo que se le pasa por delante y, en algunos casos, resulta incluso divertido. Sin embargo, la mencionada repetición en bromas, situaciones y personajes le hace flaco favor a la calidad del manga en su conjunto. Asimismo la edición de ECC, aunque solvente, no deja de tener fallos —el moiré en las tramas por ejemplo, o la calidad del papel— y resulta complicado justificar su precio final teniendo en cuenta los resultados de otras editoriales con obras similares.

[Total: 3   Promedio: 2.3/5]

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