Reseña manga: ‘My Hero Academia’ n.º 28’ | Guerra abierta

El vigesimoctavo volumen de My Hero Academia mantiene las buenas impresiones del tomo anterior y nos sigue regalando algunos momentos más épicos de toda la serie.

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El vigesimoséptimo tomo de My Hero Academia puso el listón por las nubes. En una saga que no está dejando a nadie indiferente, destrozó todas nuestras expectativas con uno de sus volúmenes más intensos, emocionantes y dramáticos hasta la fecha. Ahora, recién salido del horno, nos llega el My Hero Academia n.º 28… y las cosas no podían estar más al rojo vivo. Los héroes siguen inmersos en una lucha sin cuartel y las cosas están cada vez más fuera de control.

My Hero Academia n.º 28

Reseña manga My Hero Academia n.º 28 | Portada

Este vigésimo octavo tomo repite, como no podría ser otra forma, las características de los veintisiete anteriores. Es decir, presentación rústica sin solapas y con sobrecubierta (la portada es espectacular) con sentido de lectura oriental y 184 páginas en blanco y negro. La calidad de la edición sigue siendo muy buena, aunque hay una viñeta —no sé si es un error de la edición original o una decisión creativa del autor— que parece un boceto, no un dibujo terminado. Dejando eso a un lado, si nos ceñimos a las características del lanzamiento de Planeta Cómic, alabamos (una vez más) la traducción de Daruma y Ayako Koike.

Sinopsis

¡La guerra total contra el Frente de Liberación Paranormal continúa en el hospital y la residencia del monte! Mirko lucha desesperadamente contra High-Ends para llegar hasta Tomura, sabiendo exactamente cuánto está en juego si falla. En el escondite del PLF, Dabi está decidido a asar a Hawks, pero Tokoyami no está dispuesto a dejar caer a su mentor. Mientras tanto, mientras ayuda a evacuar la ciudad, Midoriya siente una presencia siniestra que se despierta en el hospital…

Héroes vs. villanos en su máxima expresión

Reseña manga My Hero Academia n.º 28
Reseña manga My Hero Academia n.º 28 | El enfrentamiento es total

Mientras la furia de los Nomu se destaca, los villanos siguen intentando ganar tiempo para Shigaraki. Los héroes, por su parte, continúan con su acaso y derribo mostrando, en el proceso, que el término «profesional» no es ninguna tontería. Viejos conocidos y nuevas estrellas aúnan fuerzas y se desviven por cumplir su objetivo, pero no hay victoria sin sacrificio. Las heridas comienzan a pesar en sus maltrechos cuerpos y las dificultades no dejan de aparecer. Así pues, la cosa se pone tensa. Se nota que, de una forma u otra, Horikoshi se está preparando para la fase final de su manga, pues ya hay pocos hilos de los que tirar.

Ahora todo es emoción. Los combates se suceden los unos a los otros mientras los estudiantes esperan su turno. Y entretanto, Present Mic y Eraserhead se enfrentan a su pasado revelando nuevos detalles de aquella amistad que el tiempo extinguió de la peor manera… Endeavor, por su parte, se acerca la verdad mientras sus compañeros sobrellevan la situación como pueden. Y sí, soy consciente de que estoy siendo muy ambiguo, pero es que todo en este tomo podría ser un spoiler potencial. Por eso os hablo de sensaciones y sentimientos más que de eventos concretos.

Porque otra cosa no, pero el presente volumen enardece todavía el sentido que se esconde tras la dicotomía «héroe-villano». Ambos bandos salen muy reforzados en su narrativa. Los héroes demuestran que, ante todo, son humanos y los villanos que, aún por encima de todo, son personas, sí, pero también un peligro para la sociedad. Su mera existencia, en muchos casos, es sinónimo de muerte; a veces hay que hacer lo que se debe hacer. Tampoco podemos olvidarnos de, obviamente, Midoriya y Bakugo.

El manga evoluciona junto a sus personajes

Reseña manga My Hero Academia n.º 28 | Eraserhead y Present Mic unen fuerzas

Si bien es cierto que durante las tres primeras cuartas del evento apenas han hecho acto de presencia, les toca. Al ver como la situación se va descontrolando poco a poco, y ante el inminente peligro que afrontan varios de sus allegados, se lanzan al combate ignorando toda orden habida y por haber: un héroe tiene que entrar en acción cuando la situación lo amerita, no antes ni después. Antaño, eran muchos quienes se quejaban de Deku; a día de hoy sería una tontería hacerlo. Su progresión, junto a la del resto de su compañeros (en especial el rey de las explosiones) es genuinamente buena.

La construcción de ambos personajes es sobresaliente y, a estas alturas de la película, no podemos ponerles ninguna pega… y eso que aún les queda camino por delante. No son los únicos, pues el misterioso Eraserhead revela nuevos destellos de su personalidad. Sucede lo mismo con Todoroki, Tokoyami o Endeavor; en mayor o medida todos van teniendo sus momentos de brillar. Es tiempo de demostrar que My Hero Academia no es cosa de uno. Aquí todos tienen su historia… Y bajo esa premisa cobra especial significado One for All: uno para todos.

Sobre el dibujo —siendo este un aspecto del cual no me quiero olvidar antes de retirarme— ya no sé que deciros que no hayáis leído o escuchado ya. Horikoshi se está convirtiendo (si no lo es ya) en uno de los artistas más prominentes del país del Sol Naciente. Tras varios años diseñando, escribiendo y dibujando ha alcanzado un grado de madurez ejemplar que escenifica a la perfección a través de la escenografía, las expresiones faciales o las propias viñetas. Decide muy bien cuando toca hacer un primer plano o cuando es mejor dividir la acción.

Reseña manga My Hero Academia n.º 28 | Conclusiones

Reseña manga My Hero Academia n.º 28
Reseña manga My Hero Academia n.º 28 | Un discípulo siempre protege a su maestro

My Hero Academia está cerrando una de sus mejores sagas hasta la fecha. Los últimos tomos han sido un verdadero espectáculo y el grado de madurez de su autor comienza a ser insultante —en el buen sentido—. Tanto el dibujo como el guion o la propia narrativa están siendo sobresalientes desde hace unos años. A día de hoy es, sin duda, uno de los mejores shōnen en publicación que podemos echarnos a la cara. La épica lo domina todo y la crudeza de la batalla lo acerca, por momentos, al seinen. Aquí ya no hay puestas de Sol y sonrisas, sino lágrimas y sangre. Es la guerra.

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