‘Planetes’ o una brújula para la vida

0

Me encanta la ciencia ficción. Generalmente, prefiero la ciencia-fantasía (pensad más bien en Star Wars), pero nadie en su sano juicio le haría ascos a buena ciencia ficción. Y Planetes es un manjar espléndidamente preparado. Es una suerte de comida de tres platos.

Pero, antes de hablar de los tres platos en sí, quiero avisar de que va a haber spoilers. Muchos.

A mis amigos les he estado diciendo que es una serie de basureros espaciales, pero eso no es completamente cierto. Eso sería el primer plato. Y, honestamente, hasta que llegué a la mitad de la serie no solo me habría visto satisfecho con ello, sino que —increíblemente— me molestaron algunas de las decisiones que se tomaron con la serie. Por supuesto, cambié de opinión, o si no, no estaría aquí, escribiendo sobre una de mis series… no favoritas, necesariamente, pero sí espectacular. La serie empieza con Ai Tanabe, una joven que siempre quiso ser astronauta, empezando a trabajar como tal. Se dedica a recoger restos de otras naves y satélites artificiales, puesto que un tornillo podría (y, de hecho, lo hizo) descuajeringar una nave espacial. Sí, es cierto que no es un trabajo glamuroso, pero es crucial para garantizar la seguridad en el espacio.

El segundo plato es la relación entre Tanabe y Hachimaki. Los duogonistas trabajan muy bien el uno con el otro y son personajes que, evidentemente, se diseñaron para estar en pantalla juntos (aunque el resto del reparto también es genial).

Y el tercer plato y postre es la preparación del viaje de la humanidad hasta Júpiter en la nave Wernher von Braun (o, como prefiero referirme a él, ese criminal de guerra nazi cuyo pasado fue blanqueado porque a los EEUU les venía bien llevárselo con ellos en la operación Paperclip).

Como he dicho antes, en el momento en el que se pasa de los basureros espaciales a la colonización de Júpiter… no terminó de gustarme. Me interesaba mucho más lo «mundano» que era todo antes. Sin embargo, como apuntó un amigo mío, toda la serie es mundana. Todo es… insultantemente normal. Cada uno de los capítulos es… el statu quo una y otra vez. La serie nos recuerda… bueno, como dijo mi amigo:

Conversación con mi amigo
Mi amigo explicándome por qué funciona Planetes: porque hace del futuro un asunto fundamentalmente imperfecto

La realidad de Planetes es nuestra realidad, con todos nuestros fallos. Sí, en el futuro estamos colonizando el espacio. Nótese el uso de la palabra colonización. No es una palabra que ni yo ni la serie elegimos al azar. Mi amigo dice que estamos explorando el espacio en ese mundo y tiene razón. Pero… ¿quiénes lo están explorando?

BIENVENIDOS A ANÁLISIS MATERIALISTAS POBREMENTE HECHOS CON CARLITOS, VUESTRO PETIBURGUÉS FAVORITO

¡AHÁ! ¡OS ENGAÑÉ, PLANETES NO VA DE BASUREROS ESPACIALES!

Pero sí, va de basureros espaciales. Lo que pasa es que algo como el espacio, por su mera naturaleza, es evidentemente político (más que nada porque está lleno de recursos que todas las naciones ricas del mundo querrían) y cuya colonización será —evidente e insultantemente— monopolizada por las naciones del llamado «primer mundo» (el término me parece un poco meh, pero de alguna manera habrá que expresarse, digo yo). Sin embargo, estas temáticas y comentarios se reservan para la segunda mitad de la serie porque es importante dedicar la primera parte de la serie a los dos primeros platos.

Así pues, Planetes empieza con la llegada de Ai Tanabe a ISPV-7, una estación espacial de Technora. Tras su cursillo preparatorio, es asignada a la sección de residuos (espaciales). Su labor será, con el resto de la tripulación de la Toy Box, asegurarse de que el espacio esté limpio de desechos y residuos de naves espaciales. Es una labor fundamental pero que, en más de una ocasión, es ignorada por el resto de gente de la compañía, porque… bueno, porque son basureros espaciales y la serie considera que la naturaleza humana no cambiará nunca.

Al menos, no mientras vivamos dentro de un sistema capitalista, como el que la serie representa. Dicho capitalismo, por supuesto, resulta relevante para la trama, no solo dentro de que las jerarquías dentro de Technora definen cómo se comportan o no los personajes cuando se enfrentan a situaciones peliagudas en el trabajo, sino que… bueno, tenemos que volver al colonialismo del espacio.

Pero antes…

Los personajes:

  • Ai Tanabe: uwu.
  • Hachimaki: #angery #depressed.
  • Fee: stronge-lady.
  • Yuri: Gogol —es el único ruso que merece la pena, don’t @ me—, pero en el espacio.
  • Claire Rondo: una señora que se esfuerza mucho para llegar a lo más alto de la jerarquía capitalista de Technora, pero fracasa porque, de pronto… se da cuenta de los fallos inherentes al sistema capitalista.
  • Hakim Ashmead: un insurreccionista espacial que decide que la manera de solucionar los problemas en la Tierra es echándolo todo abajo y empezando desde el año cero.

De acuerdo, habiendo hablado de los personajes que más me interesaron podemos volver a hablar del colonialismo en el espacio:

En este futuro cercano, el espacio está siendo explorado por todos aquellos que pueden –véase, las naciones y compañías con dinero–, cosa que viene acompañada de un tremendo sesgo del superviviente. Por ejemplo, tanto Tanabe como Hachimaki creen que todo el mundo puede ir al espacio, porque están rodeados de gente que lo ha hecho. Sin embargo, Hakim, originario de un país sumido en una crisis económica después de que su petróleo dejase de ser un activo, ha visto de primera mano lo que le pasa a todos aquellos que no pueden «ofrecer» nada a las compañías que manejan todo el cotarro. Por ello, considera que la única manera de solucionar los problemas de la Tierra es devolviendo a la gente al planeta, anclándoles en los países en los que crecieron. Su enajenación y desconexión fundamental para con el sistema le lleva a volverse un miembro más de la Banda de Bonnot… vale, se hacen llamar Fuerza de Defensa Espacial, pero si puedo compararle con un ilegalista, lo haré.

Hakim, minutos antes de intentar cometer crímenes contra la humanidad

Es decir, la fundamental injusticia y lo que conlleva para los que están atrapados en países «en vías de desarrollo» le han llevado a considerar que lo único que puede hacer para mejorar la situación es limpiar todo con un río de sangre. Así pues, se prepara como astronauta y, tras años entrenándose dentro de la policía espacial, consigue entrar en la tripulación de la nave Criminal-de-guerra-nazi-cuyo-pasado-fue-blanqueado-porque-a-los-EEUU-les-venía-bien-llevárselo-con-ellos-en-la-operación-Paperclip. Su intención no es otra que no sea dinamitarla y lanzarla contra la ciudad lunar en el Mar de la Tranquilidad, puesto que considera que la única manera de hacer que el sistema haga caso a sus peticiones es mediante la violencia.

Curiosamente, la Fuerza de Defensa Espacial consigue lo que quiere: amenazando a una reunión de capitalistas con perder una inversión enorme (no, no creo que la posible pérdida de vidas les hubiese hecho cambiar de opinión per se, al menos no tal y como se presentan en la serie), la Fuerza de Defensa Espacial consigue, de una pequeña manera, cambiar la evolución de la historia y la distribución de las materias primas que se puedan encontrar en el espacio.

Esto es un momento increíble para el mundo. Sin embargo, la serie no manifiesta su acuerdo ni desacuerdo con el insurreccionismo como acto de protesta por motivos obvios. Después de todo, no queremos que la gente crea que la violencia y destrucción de propiedad privada (que no personal, ojo) es una manera de ejercer cambio.

¿Acaso yo lo veo como algo legítimo?

Mi editor me informa de que, por motivos legales, no puedo responder a esto.

Por el amor del cielo, no penséis que estoy abogando por el insurreccionismo y la violencia como única manera de cambiar el mundo

Ahora en serio, el ilegalismo y la idea de llevar a cabo actos ilegales como herramientas de cambio es una escuela de pensamiento anarquista que ha tenido cierto impacto, especialmente en Francia (la ya-mencionada Banda de Bonnot) y me parece interesante que la serie plantee abiertamente que, aunque los atentados terroristas son execrables, a veces son herramientas de presión que tienen efecto. No solo eso, sino que las quejas de la FDS están legitimadas: sobre la Tierra, en los países ficticios de El Tanika y Mananga, la presión político-económica de otras naciones hace que la vida sea miserable e insoportable, de manera que las quejas —ojo, que no las acciones— de Claire (nativa del primer país) y Hakim (del segundo), si no legitimadas y justificadas, están explicadas de una manera bastante comprensible.

Por otro lado, Nono, la representación de nuestro futuro (una niña que nació en la Luna), es incapaz de ver naciones desde el Mar de la Tranquilidad, mientras que Hakim sí, de forma que, al cerrar con una conversación entre ambos, Planetes nos anima a imaginar un futuro transnacional en el que la humanidad convive junta, cosa que… parece que la serie esté abogando por la desaparición de las fronteras y naciones, cosa que me parece correcta.

Esta parte de la serie me recuerda mucho a 2312, de Kim Stanley Robinson. El concepto es el mismo, ciencia ficción dura que evalúa las relaciones interpersonales y políticas. Sin embargo, la novela, al estar ambientada unos 250 años o así después, la humanidad ha llegado algo más lejos. Pero, en ambos casos, el comentario subyacente es que la Tierra, pase lo que pase, está mal; la pobreza no desaparece. En el caso de Planetes, al tener lugar dentro de unos cincuenta años, puedo excusarlo, lo puedo aceptar como una suerte de realismo. Sin embargo, en el caso de Robinson, me parece que es un tanto pesimista pensar que nunca se podría arreglar.

En ambos casos, eso sí, la gente de la Tierra… tiene una relación especial con todos aquellos que no están sobre la superficie del planeta. Si no les odian, al menos, sí que les miran con otros ojos, puesto que son distintos.

Me fascina cómo la serie no se amedrenta ante lo que está diciendo con el segundo arco: el sistema actual no es sostenible y está construido sobre la sangre y sudor de los que, en «Occidente», son invisibles.

Pero no he venido aquí a hablar solo del postre de 

La primera y segunda parte de esta comilona son igualmente fascinantes, pero de otra manera.

Vamos con el segundo plato. Técnicamente, y por mucho que me moleste, el protagonista más desarrollado es Hachimaki. En serio, Ai Tanabe es #bestest. Supongo que la importancia de Hachimaki se debe a que era el protagonista del manga original. Eso sí, todos los personajes anteriormente mencionados no solo tienen sus momentos, sino que todos me sacaron la lagrimilla.

La Wenher Von Braun/Criminal-de-guerra-nazi-cuyo-pasado-fue-blanqueado-porque-a-los-EEUU-les-venía-bien-llevárselo-con-ellos-en-la-operación-Paperclip

Pero Hachi… Hachi siempre quería ir rápido, de manera que en cuanto pudo se compró una moto. Sin embargo, al ver un cohete, quiso tener una nave espacial, porque van más rápido –si hay alguna lectora aquí, sí, es lo único en lo que pensamos los hombres, ir rápido; we only want one thing and it’s disgusting. Su motivación era esa. Por eso se hizo astronauta, para poder estar en el espacio. En cuanto ve por primera vez el motor de la Criminal-de-guerra-nazi-cuyo-pasado-fue-blanqueado-porque-a-los-EEUU-les-venía-bien-llevárselo-con-ellos-en-la-operación-Paperclip, sin embargo, cambia fundamentalmente. En ese momento, quiere estar en la nave más rápida de la historia. Su motivación pasa a ser una obsesión, de manera que empieza a aislarse del resto del mundo, Tanabe (por entonces ya su novia) inclusive. Considera que el espacio está vacío, de manera que todos vivimos solos. Básicamente, se convierte en un adolescente cualquiera cuando rompen con él, todo es tragedia, dolor y soledad. Aun con todo, el universo le intenta demostrar lo contrario, sigue teniendo a sus amigos, pareja y familia a su lado, tiene a gente que le quiere y que quiere lo mejor para él. De hecho, el postre de la serie no es solo política y una crítica al statu quo, sino que es un trasfondo genial para echarle a Hachi la bronca y decirle que ya vale, hombreyá, que no es para tanto.

El tema es que Hachi está obsesionado con la soledad del espacio (quizás debido al estrés postraumático de haberse quedado a la deriva en el espacio en uno de los capítulos), de manera que considera que el lugar en el que la realidad es más real es ahí, donde no hay nadie que le pueda rodear. Sin embargo, como descubre al final de la serie, el espacio real es el que le une, que no separa, al resto de la gente. La realidad del espacio, de la vida, es que no estamos solos, todos somos una cadena de gente que nos rodea y envuelve. Nunca estamos solos. O, quizás, estamos fundamentalmente solos, pero lo estamos acompañados. Depende de cómo quiera uno enfocarlo todo. Esta oposición a las creencias de Hachi está encarnada en Ai «Ángel» Tanabe, que cree, de verdad, en la importancia del amor y la bondad de la gente. Tanabe es la contrapartida de su novio, si él está obsesionado con ir rápido y con la soledad, ella sabe que no pasa nada por quedarte cerca de la Tierra y, sobre todo, que nadie está solo si tiene amor.

Sí, es muy cliché, pero funciona.

Ella cree, de verdad, que la gente es buena. No solo eso, sino que es incapaz de ver partes malas en la gente. Cuando rescata a Claire después de que tome parte en un acto terrorista, sigue creyendo que se merece redimirse, que puede hacerlo. Si digo que Tanabe es uwu, es porque cree en lo mejor de la gente, aún cuando está rodeada de jefes despiadados, un novio que no se la merece, y el dolor de la gente. Es admirable que sea capaz de hacerlo. Podría decirse –acertadamente– que su posición filosófico-moral se ve influida por su trasfondo, uno de comodidad económica, ya que no ha tenido que enfrentarse a las peores partes que el mundo y la gente tienen que ofrecer. Por otro lado, desde la comodidad de mi despacho, quiero creer que tiene razón. Supongo que, como dijo Gramsci, hace falta pesimismo del intelecto, pero optimismo de la voluntad. Tanabe no es estúpida. Sabe cómo funciona el mundo, pero… quizás cree en uno mejor, quizás quiere imaginar uno mejor y, bueno, supongo que ese es el primer paso.

Pero, finalmente, el primero, los basureros en el espacio… A ver cómo explico esto. La gracia de la serie es que, desde el momento uno en el que Tanabe llega al espacio, es evidente que las compañías son fundamentalmente dictaduras. Tienes que acatar lo que diga tu jefe o te expones a sus retaliaciones. Y, sin embargo, el ethos de la serie sigue asomando de vez en cuando: la solidaridad nos salvará. Sí, es cierto que la compañía y su normativa es implacable: si quieres avanzar en Technora, tendrás que acatar lo que te digan tus superiores o te expones a que te despidan… sin embargo, las cosas siempre mejoran cuando la gente se ayuda, aunque haya que ir en contra del mandato de la compañía, aunque tengas que trabajar hasta la saciedad.

Pero bueno, no tengo ni idea de nada, así que quiero que sepáis que le debo mi alma a la tienda de la compañía.

Quizá te interese | Stormfront o cómo ‘The Boys’ nos enseñó a pillar nazis

[Total: 0   Promedio: 0/5]

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here