Un manga queda cuarto en un concurso de novatos, y los lectores no se lo están tragando.
Un concurso de manga para nuevos talentos se ha llenado de acusaciones esta semana, y en el centro está Senpai, Kyorigan Baguttemasu!. La obra de Mushimatsu marcha en cuarto puesto de la votación. Sin embargo, muchos lectores no están celebrando, ya que creen que detrás de las viñetas hay inteligencia artificial.
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La lista de sospechas, además, no es precisamente corta. La protagonista repite exactamente el mismo rostro en cada viñeta, sin variar gesto ni ángulo. También hay paneles deformados, con proporciones que no encajan. Por si fuera poco, los diálogos suenan a traducción automática sin revisar. Además, el capítulo mezcla el orden de lectura occidental con el tradicional japonés, que va al revés. Vamos, que para los lectores ahí no cabe tanta casualidad.
Y esto no llega de la nada, ya que la propia editorial descalificó otra obra por el mismo motivo en febrero. Por eso, cuando la sospecha vuelve a asomar, la memoria del sector se pone en alerta enseguida. De momento, el autor no ha dado explicaciones sobre las técnicas usadas. Sí ha reaccionado, aunque de otra forma. Dijo que ocultará los comentarios negativos en cuanto cierre la votación. Además, pidió a sus pocos apoyos que no comentasen, para no alimentar más la discusión.

Senpai, Kyorigan Baguttemasu! pone a prueba la tolerancia cero de la editorial con la IA
La postura de la editorial, de hecho, no deja mucho margen para la duda. Ha repetido que ningún trabajo hecho con inteligencia artificial puede ganar un lugar de publicación oficial en su revista digital. Así que si las acusaciones se confirman, Senpai, Kyorigan Baguttemasu! se quedaría fuera antes de llegar a imprenta. Los resultados definitivos se conocerán el 21 de diciembre, y hasta entonces la presión sobre el capítulo no hará más que crecer.
Queda por ver si Mushimatsu da alguna explicación antes de diciembre, o si prefiere dejar que el silencio hable por él. Porque cerrar comentarios no borra las capturas, y en internet la sospecha se queda mucho más tiempo que la propia votación. De momento, la editorial tiene la última palabra, y ya ha demostrado que no se lo piensa dos veces.