Granjas. Desde hace años, los simuladores de granja (y sucedáneos) han ganado muchísimo empuje. Ya no es ese género de nicho que casi nadie conocía… en Occidente. Casi siempre bajo el amparo de la industria indie, se ha convertido en un pequeño fenómeno de masas. Tiene lógica.
Hay algo especialmente reconfortante en esos juegos que simplemente quieren que echemos el día de tranquis. De chill. Farming Camp —juego que tiene su propia edición física en España gracias a Tesura Games— es uno más del grupo. Uno que parte de esa premisa, pero cambia la idea en su origen.
En este juego asistirás a un campamento de verano… para convertirte en granjera. Junto a Alessandra, nuestra protagonista, visitaremos Villaperenne. Así pues, partimos de una premisa algo diferente: trabajar para convertirnos en la mejor granjera de nuestra promoción.
En lugar de heredar la vieja granja de un familiar, eres tú quien busca activamente ese cambio en una propuesta que mezcla agricultura, animales, pesca, cocina, exploración y diferentes minijuegos en una experiencia que tiene más de campamento de verano que de simulador agrícola tradicional.
Así es Farming Camp

Las diferencias se entienden desde el minuto 1. Farming Camp no pretende que dediquemos todo nuestro tiempo cultivando ni por sacar el máximo rendimiento económico a nuestros campos. La granja es una pieza importante, pero no es la única, y es que en nuestro día a día (que va de lunes a viernes) tendremos distintos tipos de actividades.
La diferencia se entiende rápidamente cuando empiezas a jugar. Farming Camp no quiere que pasemos nuestros días preocupándonos por sacar el máximo rendimiento a cada parcela. La granja es una de las piezas de un conjunto más grande, pero no es la única.
En cada jornada podemos avanzar a través de distintas tareas del campamento al tiempo en que cumplimos encargos y ayudamos a nuestro equipo a obtener puntos. Todo mientras asistimos a clase (es un campamento, a fin de cuentas) y resolvemos las misiones que van surgiendo a medida que progresemos.

Ciertamente, esta estructura le da un toque más de aventura que de simulador agrícola, lo que provoca que se quede un poco a medio camino entre ambas. Y lo digo tanto para lo bueno como para lo malo. No destaca tanto como podría en ninguna, pero cumple con cierta solvencia en ambas.
Y es que el objetivo final no es conseguir la mejor cosecha posible para venderla en cuanto podamos para obtener más dinero y seguir progresando. La idea pasa por aprender a colaborar con el resto de campistas mientras avanzas en una competición que condiciona casi todos nuestros movimientos futuros.
Un campamento de verano competitivo
Por eso tampoco estamos ante un juego especialmente exigente en lo que respecta a la gestión. Hay decisiones que tomar y el tiempo obliga a priorizar, pero la propuesta busca que entendamos sus sistemas rápidamente. Eso no significa que podamos tumbarnos bajo un árbol a ver pasar las horas.

Cultivar sigue los pasos habituales de cualquier juego de cosecha, los animales que nos encontraremos tienen sus necesidades y podremos irnos de pesca o a conseguir recursos mientras disfrutamos de su muy bonita dirección artística y su quizá no tan reseñable banda sonora.
A esto le sumamos los videojuegos, no siempre especialmente inspirados, en los que tendremos que luchar —por poneros un ejemplo— contra plagas o convertirnos en Henry Cavill para talar madera cual señor de montaña sediento de recursos. Son actividades sencillas, pero que tienen cierto grado de interacción.
Lo cierto, eso sí, es que se le podría haber pedido algo más, pero funciona bien dentro del ritmo que el estudio quiere imprimirle a su juego. El resultado es una experiencia bastante variada para lo que uno podría imaginar al leer simplemente «simulador de granjas».
Y tienes compañeros. Muchos compañeros
Convivencia y gestión

Alessandra comparte la granja con otros dos jóvenes campistas a los que podemos asignarles distintas tareas. También hay más personajes, como los profesores, con los que podemos interactuar. Quizá su escritura no sea la mejor, pero son compañeros que cumplen hasta cierto punto.
Tienen sus propias historias y conflictos, lo que enriquece la narrativa. Teniendo en cuenta que se acerca mucho a una aventura convencional, eso sí, cabría exigirle algo más. Eso sí, me gustó que tengamos opciones de diálogo que afecten al desenlace de ciertas secuencias.
Cuando juntas todo esto, te das cuenta de que el recurso más importante es el tiempo. Seguramente no os sorprenda, porque en los farming clásicos es muy habitual. La diferencia es que aquí hay que segmentar el tiempo de manera mucho más organizada al tener diferentes responsabilidades diarias.
Aquí aparece una de las decisiones más interesantes de su diseño: no siempre podremos hacerlo absolutamente todo. Esto le da cierto sentido a volver a jugar. Además, aquí el tiempo no es eterno: es un campamento de verano que puede llegar a su término. A largo plazo, esta estructura resulta algo restrictiva, ya que no siempre podemos disfrutar de la experiencia a nuestra manera.
Conclusiones

La cosa es que Farming Camp es una idea comedida y por eso acaba resultando bien en distintas áreas, pero no siempre tanto como podría. No pretende ser el nuevo referente del género ni que le dediques cientos de horas, sino que disfrutes de la simulación de manera más directa y contenida. Tiene un principio, un desarrollo y un final definidos.
Eso permite que sus sistemas sean accesibles y que la aventura avance constantemente. No necesitamos invertir horas en comprender la economía de la granja ni preocuparnos por convertirla en una máquina perfectamente optimizada. En el proceso pierde profundidad, y es que no puedes desarrollar tanto sus sistemas si al final tienen fecha de caducidad.
A cambio, tampoco encontramos la profundidad de los grandes referentes del género. La agricultura es sencilla, los minijuegos son bastante directos y la gestión está pensada para acompañar a la aventura, no para convertirse en ella. Lo que obtenemos al final es una estructura muy concreta de un verano de tu vida en lugar de una historia para el resto de tus días.
Es ahí donde el juego encuentra su personalidad. Porque sí, aquí hay cultivos. Hay animales, pesca y cocina. Hay madera, plagas y tareas que completar. Pero todo eso está al servicio de una idea más sencilla: pasar unas semanas en un campamento, conocer a sus habitantes y demostrar que tienes lo necesario para convertirte en la mejor granjera.


- La variedad de actividades hace que el campamento resulte entretenido y dinámico.
- Su dirección artística consigue darle mucha personalidad a cada escenario.
- La estructura de verano cerrado aporta un ritmo diferente al género de granjas.
- La gestión es sencilla y accesible, sin exigir demasiadas horas de aprendizaje.
- La convivencia con otros campistas aporta variedad y acompaña bien la aventura.
- Su enfoque directo convierte la experiencia en un juego muy fácil de disfrutar.

- La gestión resulta demasiado sencilla para quienes busquen mayor profundidad.
- El equilibrio está claramente pensado para jugar con varios jugadores.
- Los minijuegos son variados, pero algunos resultan poco inspirados.
- La aventura puede hacerse repetitiva cuando llevas varias horas jugando.