Esperando a Godot, Samuel Beckett

Un teatro que no te dejará indiferente.

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Es habitual al pensar en teatro que evoquemos en nuestra imaginación un escenario realista, costumbrista, lleno de personajes que bien podrían ser nuestros vecinos o nosotros mismos. Pocas veces cuando oímos “teatro” pensamos en dos personajes en el centro del escenario, intercambiando un zapato, hablando en jitanjáforas absurdas y sin ningún sentido. Pues bien, Samuel Beckett sí pensaba en estas cosas, y nos habla de ellas en su drama Esperando a Godot.

Considerado como uno de los creadores del absurdo, el irlandés Samuel Beckett fue uno de los escritores más influyentes de mediados del siglo pasado, ganador del Nobel de literatura en el 69, además de discípulo del famosísimo James Joyce (Ulysses, Dubliners, Finnegan’s Wake). No sólo destacó como dramaturgo, sino también como poeta, crítico y ensayista.

Cartel publicitario Esperando a Godot del Centro Dramatico Nacional

La historia sigue dos días en los que Estragón y Vladimir esperan en un camino bajo un árbol a aquel al que llaman Godot. En su espera, hablarán con Pozzo y su criado Lucky. Y cada noche llegará un muchacho para avisar a los dos protagonistas de que Godot no podrá acudir a la cita, pero que le envía para avisar de que mañana seguro que aparecerá. Bien, la premisa no es muy alentadora, pero ¿mejora si hablamos de lo bien llevada que esta la tensión? ¿De los juegos de palabras? ¿De los giros argumentales, de las escenas absurdas? En mi opinión, sí.

Es probable que la indiscutible grandiosidad de esta obra sea debida a la incógnita principal de los dos actos que la componen. ¿Quién es Godot? Si bien Beckett nunca desveló este secreto, sí echó por tierra las principales interpretaciones que en la época se hicieron. La principal interpretación consistía en que Godot era Dios, dada la espera infructuosa y la permanente búsqueda, además del posible paralelismo de las palabras (Godot=God); pero Beckett dejó claro que si hubiese querido que Godot fuese Dios, directamente hubiese escrito God. Así pues, la incógnita sigue abierta.

Si te gustan los clásicos y el absurdo, esta corta obra es para ti. Sobre todo si tienes poco tiempo o buscas lecturas rápidas, cómicas y dinámicas.

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