‘El escuadrón suicida’ y el contenido superheroico para adultos

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Con motivo del aún reciente lanzamiento de El escuadrón suicida (James Gunn, 2021), ha vuelto a primera línea el debate en torno al contenido para adultos en las cintas de superhéroes. En esta entrada hablamos de ello y de como su utilización (o la falta de ella) puede provocar mutaciones -nunca mejor dicho- en uno de los géneros estrella del cine contemporáneo.

Escuadrón suicida: creatividad bien entendida

James Gunn como posible director y guionista de Escuadrón Suicida 2 // Comic Book
James Gunn ha reseteado con éxito El escuadrón suicida.

Imagino que no sorprendo a nadie cuando digo que la viabilidad de una película, como en cualquier otro segmento de mercado, reside en su capacidad para generar dinero. Una cinta bien recibida por el público genera grandes beneficios para los estudios que las producen/distribuyen/etcétera, viendo en su éxito amplias posibilidades de continuación; ya sea en forma de secuela, precuela o cualquier tipo de spinoff.

Es así como “las majors” buscan por activa y por pasiva una fórmula que les permita replicar la gesta y embolsar la mayor cantidad de dinero. Algo legítimo pero que esconde una terrible realidad; la incredulidad de un público que, entrega tras entrega, se ve sobrepasado por las mismas historias una y otra vez.

No me malinterpretéis, si algo es bueno no lo toques. No obstante, esa falta de riesgo genera previsibilidad y, por ende, una falta de originalidad alarmante entre aquellos films que buscan parecerse (demasiado) a sus hermanos mayores. Un hecho que en el cine se repite constantemente pero que en el género superheroico parece mantener un idilio perpetuo.

Repitiendo patrones

Escuadrón suicida
Las cintas de superhéroes se empeñan en repetir siempre los mismos patrones.

Y, entre esas múltiples copias, siempre encontramos películas que tratan de desmarcarse y ofrecer algo distinto. El caso más reciente, y que nos ha permitido abordar este debate, es El escuadrón suicida de James Gunn. Como si de La liga de la Justicia de Zack Snyder se tratara, Warner Bros decidió que su cinta de (anti)héroes merecía una segunda oportunidad de la mano de un cineasta (Gunn) que venía de ganarse el favor del público, y sobre todo de la crítica, con sus dos entregas de Guardianes de la Galaxia; o como DC intentó replicar el éxito de Marvel.

Sin ninguna limitación aparente, Gunn ha hecho de El escuadrón suicida un auténtico disfrute. Una película para adultos cuya irreverencia y humor negro derrochan calidad por los cuatro costados. El cineasta prescinde de la suavidad y del blanqueamiento habitual en la casa de las ideas para ofrecernos un producto desmesurado, políticamente incorrecto y con un “flow” que ya quisieran muchos. Literalmente, cada escena de El escuadrón suicida parece querer molar más que la anterior, encontrando en sus personajes (y en sus formas) la auténtica punta de lanza para un derroche de creatividad desbordada.

No podemos olvidar que el film de James Gunn obtuvo la calificación R, lo que le permite contar con violencia extrema, fuerte contenido sexual o lenguaje inapropiado entre otras cosas. Una cualidad que permite a la cinta fluir sin ningún tipo de filtro por ciertos terrenos que, en este tipo de propuestas, siguen pareciendo (a día de hoy) totalmente intransitables -salvo contadas ocasiones-.

Un soplo de aire fresco

Escuadrón suicida
El escuadrón suicida de James Gunn ha supuesto un soplo de aire fresco dentro del género.

Aunque el debate, volviendo al principio, reside en los beneficios. Pasando a los fríos números, Warner Bros invirtió cerca de 300 millones en una cinta cuyo estreno sólo pudo recaudar 26. Unos números realmente pobres que ponen en entredicho tanto la viabilidad de la cinta como el interés del contenido para adultos por parte del público.

Cifras que se atribuyen de manera exclusiva a su lanzamiento en salas, obviando su distribución en HBO Max (plataforma en la que se estrenó simultáneamente). Un modelo híbrido que tan sólo el tiempo será capaz de juzgar; la Covid-19 ha dibujado un panorama incierto y altamente volátil. Por el momento sabemos que varios cineastas parecen estar en contra con algunos nombres de la talla de Christopher Nolan o, más recientemente, Denis Villeneuve, cuya Dune está próxima a estrenarse bajo dicho modelo.

Sea como fuere, la señal de aviso es clara. El cine de superhéroes con contenido para adultos podría desaparecer si los datos no le son favorables. Un auténtico varapalo que cerraría las puertas a futuras entregas de franquicias que bien merecerían una oportunidad, como El escuadrón suicida que hoy nos ocupa.

El contenido para adultos, una herramienta necesaria

The Boys
El contenido para adultos debe encontrar su espacio dentro del cine de superhéroes.

Probablemente lleve toda mi vida adulta promulgando las bondades del cine como medio de transmisión. Más allá de las historias dirigidas al público más infantil, los adultos también necesitan contenidos que les hagan pensar, reflexionar y debatir. Y todos esos temas, tabúes para muchos, no deberían ser jamás restringidos por las exigencias de un género cinematográfico determinado.

De hecho, es algo que jamás se hizo en los cómics o novelas gráficas, medios de los que tantas historias provienen. Obras como Watchmen o V de Vendetta encontraron en sus homólogos tridimensionales un reducto que, bajo ciertas directrices, se encorsetaba demasiado en su traslación a la gran pantalla. Puede que sea por las exigencias de los estudios, pero parece claro que en muchas ocasiones hemos sido privados de la verdadera esencia -o de la visión de autor- que tantas películas nos podrían haber ofrecido.

Quizá sea problema del formato. Si nos fijamos en las plataformas digitales podemos encontrar adaptaciones mucho más libres en lo que a contenido se refiere. Hablo por ejemplo de The Boys en Amazon Prime Vídeo o la Watchmen de Damon Lindelof -muy alejada del largometraje de Zack Snyder– que todavía puede verse en HBO. Ambas son buenos exponentes de lo que puede lograrse cuando se da rienda suelta a los creativos.

Política, racismo, identidad de género y un largo etcétera que se abordan desde una ficción que suele juguetear con la realidad más intensa. Porque, como diría aquel, la realidad siempre supera a la ficción, pero eso no implica que las obras cinematográficas tengan que restringirse por la única finalidad de contentar ciertas audiencias (o por un simple puñado de dólares).

¿Evitando el problema?

watchmen
Watchmen contó con la visión de Damon Lindelof para ofrecernos una de las mejores series de la última década.

Parece que películas como El escuadrón suicida no hacen más que poner sobre la mesa un problema que llevamos tiempo evitando: la necesidad de traer contenido adulto para una audiencia más madura. Es evidente que los superhéroes son la nueva gallina de los huevos de oro, pero está claro que si no la preservamos puede que no nos guste el fruto que nos acabe ofreciendo a corto plazo. El tiempo lo dirá.

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