Cuando pensamos en Yoshi, lo normal es imaginar plataformas coloridos, niveles repletos de secretos y una experiencia accesible para jugadores de todas las edades. Durante los últimos años, Nintendo y Good-Feel han intentado dar una identidad
propia a la saga mediante propuestas visuales muy marcadas, como ocurrió con Yoshi’s Woolly World o Yoshi’s Crafted World. Ahora llega Yoshi and the Mysterious Book, una nueva entrega para Nintendo Switch 2 que vuelve a apostar por la creatividad como principal seña de identidad y os contamos que nos ha parecido en nuestro análisis.
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Sin embargo, en esta ocasión el estudio ha decidido alejarse parcialmente de la fórmula tradicional. Aunque seguimos encontrando plataformas en dos dimensiones, exploración y coleccionables, el núcleo de la experiencia gira alrededor del descubrimiento y la experimentación.
Más que superar niveles, el objetivo consiste en investigar criaturas, descubrir cómo interactúan con el entorno y completar las páginas de una enorme enciclopedia viviente llamada Mr. E. La idea es tremendamente original. De hecho, durante las primeras horas resulta imposible no sonreír ante algunas de las situaciones que plantea el juego.
El problema es que no todas sus ideas terminan desarrollándose con la profundidad que merecen. Estamos ante una aventura muy imaginativa y tremendamente encantadora, pero también ante un título que en ocasiones parece tener miedo de exigir algo más al jugador.
Análisis de Yoshi And The Mysterious Book: un cuento a la altura

La historia comienza cuando Bowser Jr. encuentra un extraño libro parlante conocido como Mr. E. Tras una serie de acontecimientos, los Yoshis terminan explorando sus páginas para descubrir los secretos que esconden sus diferentes
capítulos.
La premisa es sencilla y no pretende convertirse en una narrativa compleja, pero cumple perfectamente su función como excusa para enlazar las distintas zonas y criaturas que iremos encontrando. Lo cierto es que el argumento no es el principal atractivo del juego. Los personajes son simpáticos, hay algunos momentos divertidos y la presentación tiene mucho encanto.
No obstante, estamos ante una aventura donde la jugabilidad tiene mucho más peso que la narrativa. Donde sí destaca es en la construcción de su universo. Cada capítulo funciona casi como un pequeño ecosistema independiente. Las criaturas tienen comportamientos propios, interactúan entre sí y reaccionan a nuestras acciones de formas sorprendentes.
Poco a poco vamos completando la enciclopedia de Mr. E, descubriendo nuevos datos y desbloqueando contenido adicional. Esta sensación de que estamos investigando constantemente es uno de los elementos más originales de
toda la aventura, y nos ha encantado.

En cuanto a la duración, completar únicamente la historia principal puede llevar entre seis y diez horas dependiendo del ritmo de cada jugador. Sin embargo, quienes quieran descubrir todas las criaturas, encontrar cada secreto y completar el
libro al cien por cien pueden superar fácilmente las treinta o cuarenta horas de juego. Eso sí, si no seguimos guía.
La buena noticia es que existe bastante contenido opcional. La mala es que no todo resulta igual de interesante. Algunas tareas secundarias son entretenidas, mientras que otras se sienten como una simple repetición de actividades ya realizadas
anteriormente.
El Yoshi de siempre pero con un nuevo enfoque en la jugabilidad
A nivel básico seguimos controlando a Yoshi con el conjunto habitual de movimientos que todos conocemos. Podemos saltar, planear, tragarnos enemigos con la lengua y lanzar huevos para interactuar con el entorno. La base jugable funciona
tan bien como siempre y el control no nos ha dado problema durante toda la aventura.
La gran novedad llega con el sistema de descubrimientos. Cada nivel está diseñado alrededor de criaturas específicas y nuestra misión consiste en aprender cómo funcionan. Algunas reaccionan a determinados objetos, otras modifican el escenario y
otras esconden secretos que solo pueden descubrirse experimentando con ellas.

Esta idea convierte cada fase en una especie de laboratorio interactivo donde la curiosidad es constantemente recompensada. En lugar de avanzar simplemente de izquierda a derecha, el juego nos anima a observar, probar cosas y prestar atención a los pequeños detalles del entorno. Es un enfoque muy diferente al de otros plataformas de Nintendo y uno que resulta refrescante durante buena parte de la aventura.
El problema aparece cuando analizamos la profundidad de estas mecánicas. Muchas de las criaturas presentan conceptos muy interesantes, pero apenas se exploran durante uno o dos niveles antes de desaparecer para siempre. Da la sensación de que
Good-Feel ha preferido introducir constantemente nuevas ideas en lugar de desarrollar adecuadamente las que ya tenía.
Esto provoca una situación curiosa. El juego nunca deja de sorprender, pero tampoco permite que muchas de sus mejores mecánicas alcancen todo su potencial. Otro aspecto que chirría es la dificultad. Nintendo ha apostado claramente por una experiencia extremadamente accesible.

Tan accesible, de hecho, que en muchos momentos desaparece cualquier sensación de reto. Las caídas apenas tienen consecuencias, los errores se castigan muy poco y gran parte de los descubrimientos se producen de forma casi automática. No es un problema para el público más joven, que probablemente disfrutará muchísimo del juego.
Sin embargo, los jugadores veteranos pueden terminar sintiendo que el título les lleva demasiado de la mano durante gran parte de la aventura. Afortunadamente, la búsqueda de flores, secretos y contenido opcional introduce algo más de desafío. No llega a transformar mucho la experiencia, pero sí añade objetivos interesantes para quienes quieran profundizar en sus sistemas.
Una nueva dirección artística más única
Todo el juego está construido como si estuviéramos recorriendo las páginas de un libro ilustrado. Los escenarios parecen dibujados a mano, los colores presentan un aspecto acuarelado y muchas animaciones utilizan un efecto stop-motion que aporta más personalidad si cabe. En movimiento y en conjunto, el resultado nos tiene maravillados.
Sin embargo, aquí encontramos uno de los aspectos más divisivos del juego. Aunque la dirección artística es fantástica, el apartado gráfico puro no siempre está a la altura. Algunos escenarios resultan algo simples y determinados elementos presentan menos detalle del esperado para un exclusivo diseñado específicamente para Switch 2. Además, a título personal, hemos notado que en el modo portátil este apartado gráfico pierde algo de impacto.

La ambientación sí merece una mención especial. Cada capítulo consigue transmitir una personalidad única gracias a sus criaturas, su diseño visual y sus mecánicas específicas. Hay una sensación constante de descubrimiento que ayuda a mantener el
interés incluso cuando la jugabilidad se vuelve algo repetitiva.
Respecto a la banda sonora, cumple correctamente su función, aunque probablemente sea uno de los aspectos menos memorables de la experiencia. Las melodías son agradables y encajan perfectamente con el tono relajado del juego, pero pocas permanecen en la memoria una vez terminamos la partida. No alcanza el nivel de otras bandas sonoras históricas asociadas a Nintendo.
En términos de rendimiento, el resultado es bastante sólido. Durante la mayor parte de la aventura la tasa de imágenes se mantiene estable y la experiencia resulta fluida tanto en exploración como durante las secuencias más cargadas de elementos en pantalla. Existen algunos tiempos de carga algo más largos de lo deseable, pero no llegan a convertirse en un problema serio.
Conclusiones
Por un lado, ofrece una de las ideas más originales que hemos visto en la franquicia durante muchos años. Su enfoque centrado en el descubrimiento, la observación y la experimentación consigue diferenciarlo claramente de otros plataformas del mercado. Además, su encanto visual y su constante capacidad para sorprender hacen que sea difícil aburrirse durante las primeras horas.
Por otro lado, también transmite la sensación de ser una oportunidad parcialmente desaprovechada. Muchas de sus mejores mecánicas apenas se desarrollan, la dificultad es excesivamente baja y algunas ideas parecen abandonarse justo cuando
empiezan a ponerse interesantes.
No estamos ante el mejor juego de Yoshi ni ante el nuevo referente del género, pero sí ante una aventura diferente, imaginativa y muy agradable de jugar. Quizá no alcance las cotas de clásicos como Yoshi’s Island o Woolly World, pero demuestra que la saga todavía tiene espacio para experimentar con nuevas fórmulas.


- El sistema de descubrimientos tiene identidad única.
- La dirección artística tiene mucho carisma.
- La variedad de criaturas y situaciones mantiene la sensación de sorpresa.

- La dificultad es prácticamente inexistente.
- Muchas mecánicas interesantes desaparecen antes de tiempo.
- El apartado gráfico resulta irregular y no siempre aprovecha el potencial de Switch 2.