Análisis de ‘Sekiro: Shadows Die Twice’

Una cruenta batalla por recuperar a nuestro señor nos sumergirá en un Japón devastado por el cambio de poder político

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Sekiro: Shadows Die Twice corre el peligro de convertirse en una experiencia adictiva y sin parangón. ¡Hola, muy buenas amantes de los videojuegos! A lo largo de los últimos días he tenido el placer de jugar a Sekiro: Shadows Die Twice, o lo que es lo mismo, la última de creación de From Software y distribuido en España por Activision. Injustamente, inclusive antes de su salida, Sekiro ha sido comparado con Dark Souls o Bloodborne. Aunque es cierto que mantiene la esencia del hijo pródigo del estudio, Sekiro es un juego con personalidad propia que bebe de aquellas sus mecánicas más básicas hasta hacerlas propias. Con una vuelta de hoja muy interesante, se nos cuenta una historia cargada de drama, epicidad y honor.

En primer lugar, el juego dirigido por Hidetaka Miyazaki cambia de manera diametral el contexto respecto a los dos títulos mencionados con anterioridad. La acción nos ubica en lo que se podría definir como una aproximación a la era Sengoku en Japón. Calificado como un juego de acción y aventura en tercera persona con toques de RPG, se nos permite vivir la historia de Lobo, un shinobi venido a menos cuyo propósito en la vida es rescatar a su amo. Deshonrado y desfigurado, casi al borde de la muerte, es como se nos presenta a nuestro protagonista.

Sekiro, o cuando la muerte sonríe dos veces

Sekiro, o cuando la muerte sonríe dos veces

Ante todo, Sekiro es un juego que pondrá a prueba la coalición entre paciencia, habilidad y saber estar. Ahora bien, y respondiendo a esa eterna pregunta que muchos se han terminado formulando: ¿Es Sekiro un juego difícil? Depende. Al igual que en otros proyectos del estudio, se propone una experiencia de aprendizaje en la que la curva de dificultad la marcamos nosotros mismos. Con una mecánica especialmente enfocada al parry (desvío) lo que se exige es la capacidad de estudiar y aprender como actúan nuestros enemigos. Aun con agregados tales como la esquiva u objetos que puedan generar generar ventaja, el parry es la clave. O al menos así es como yo lo he sentido.

Volviendo a la pregunta, Sekiro: Shadows Die Twice no es un juego difícil en su definición. Esa teórica dificultad se explica mediante un sistema en el que los errores son muy penalizados. Las prisas, así como los intentos de exudar rabia antes que calma, son nuestro peor enemigo. El juego posee un gameplay impecable en donde cada ataque tiene su propio rango; las distancias están muy bien medidas y, pese a que queramos pensar lo contrario, si nos pegan es culpa nuestra. No debemos adjuntar la idiosincrasia de los hack and slash a Sekiro, pues estaremos muy equivocados. Los combates, aunque frenéticos y de gran tensión, requieren de paciencia y soltura. La muerte, aun con repercusiones en el mundo que nos rodea, es otra mecánica de aprendizaje.

No voy a mentir: me he sentido frustrado en más de una ocasión. Sin embargo, cuando finalmente he acabado con ese enemigo me he sentido muy reconfortado.

Un sangriento vals donde los aceros chocan al son de la épica nipona

Un sangriento vals donde los aceros chocan al son de la épica nipona

Sekiro ha sido, simplemente, una experiencia apabullante y brutal que me ha obligado a dar lo mejor de mí. La creación de From Software es sobresaliente y pocos errores he podido encontrar dentro de su pulida mecánica. Con toda probabilidad, su mayor virtud es su mayor defecto: posee un público no tan concreto al que es complicado contentar. Pese a todo, logra cumplir su objetivo con creces debido a las cualidades inherentes de su estilo de juego. Entre ellas, sin lugar a dudas, su sistema de muerte y castigo así como su teórica dificultad.

Para ello, además, cuenta con un soundtrack impecable y un apartado sonoro impresionante. El diseño gráfico no solo de nuestro personaje o los enemigos, sino de los escenarios y alrededores crean una burbuja de fascinante belleza. Ya lo dijeron: no es una reproducción histórica fiel, pero no importa. Es muy fácil sentirse transportado a un tiempo pasado donde los samurái y los shinobi eran el pan de cada día. Y en ello interviene, con gran acierto, un guion trabajado cuasi hasta el mínimo detalle. En esta ocasión, si me lo permitís, no revelaré grandes datos sobre su argumento, pues considero que es uno de los recursos más disfrutables de la experiencia.

Me remitiré a decir, sin profundizar en ello, en los caracteres básicos de la historia que se nos quiere contar. Nuestro periplo junto al anteriormente mencionado Lobo nos llevará a diversos puntos de Japón con la intención de rescatar a nuestro amo. Él, descendiente de una estirpe… especial, por así decirlo, posee un poder que lo distingue del resto. Nosotros, como su heraldo de las sombras, estaremos imbuidos en dicho poder. La sangre de nuestro amo nos otorgará la capacidad de regresar de entre los muertos, pero esto tendrá efectos en el mundo.

Un país emponzoñado por una tocata de desgracia 

Observaremos como el cambio de jerarquía en la política, las traiciones y el honor sumirán al pueblo en el trágico dolor de la derrota. Un ejercito enemigo, donde los generales y otros altos mandos harán las veces de boss, al cual buscaremos reducir al olvido todo por nuestro señor. Casi de rebote podremos ir ayudando a las gentes del país, aunque al final nuestro objetivo siempre será el mismo: recuperar lo que hemos perdido.

En el proceso deberemos vencer a nuestros enemigos en base a ejecuciones o golpes mortales que lograremos al romper la postura. Los bosses deberán ser ejecutados varias veces. Sin lugar a dudas, el sistema de combate es original, fresco e innovador sin llegar a alejarse de aquello a lo que estamos acostumbrados. Al tiempo, nuestras pesquisas nos adentrarán cada vez más y más en un país sumido en la guerra y en donde solo sobreviven los más fuertes.

Es cierto, eso sí, que a lo largo de la historia he podido detectar pequeñas… lagunas, por definirlo de alguna manera, pero nada que destaque en exceso. Por consiguiente, y aunque es un aspecto que no se debe obviar, no por ello considero que el juego vea mermada su calidad.

Un cruento arsenal de exquisitas posibilidades

Análisis Sekiro Shadow Die Twice

Otra de las grandes bazas de Sekiro son las artes ninjutsu de las que podremos hacer acopio así como las herramientas shinobi de las que dispondremos. Las primeras, no obstante, se han convertido en un punto un tanto flaco de la experiencia. Son útiles, bastante útiles, pero su predominancia no termina de corresponder con el esfuerzo que suponen. No así las activas, pues las habilidades pasivas si que me han parecido muy interesantes. Al final, que no siempre, resulta un tanto más efectivo recurrir al parry o la esquiva y sumar daño poco a poco.

Las herramientas me han parecido, por otro lado, han tenido, al menos en mi experiencia, un mayor calado e impacto. Además de facilitarnos mucho la vida contra determinados enemigos, otorgaban al gameplay de un mayor grado de variabilidad. Por citar un ejemplo, disponemos de un gancho con el que acceder a ciertos lugares que nos permiten realizar asesinatos aéreos o realizar una evaluación del terreno. En su conjunto, la jugabilidad de Sekiro es bastante buena. Si buscáis una comparación con sus hermanos de estudio, considero que, pese a perder un punto en esa teórica dificultad, la acción se siente más fluida y liviana. El movimiento es más humano y las interacciones se sienten muy orgánicas.

El juego es ágil, y eso se agradece. Los duelos gozan de ritmo e intensidad; no solo estás en tensión por las altas cotas de daño que puedes recibir, sino porque te exigen reflejos y toma de decisiones.

Conclusiones de Sekiro: Shadows Die Twice

Conclusiones de Sekiro: Shadows Die Twice

Sekiro: Shadows Die Twice es un juegazo sobresaliente. No puedo decir otra cosa. Las expectativas con el nuevo proyecto de From Software eran altas, mas han cumplido con creces. Se pueden observar ciertos fallos en momentos concretos a nivel de guion, pero la jugabilidad es cuasi impecable. Sí, algunas secuencias de ataques se sienten injustas, pero es lo que hay. Hay algún que otro error también cuando peleas, pero son tan concretos que no afectan al juego como tal. Aunque he sufrido como pocas veces, el juego me ha parecido una verdadera joya. Los amantes del género estarán de enhorabuena y para aquellos no tan avezados en este tipo de juegos… Pues es un buen comienzo.

De hecho, me ha parecido más asequible que Nioh, Dark Souls o Bloodborne. Y no hablo a nivel de dificultad, sino a que la historia es un tanto más lineal, al menos en sus primeros compases, lo cual nos permite poder sentir un verdadero progreso en todo momento. Yo, por ahora, me marcho. Me vuelvo a la era Sengoku, que aún no he muerto suficientes veces.

[Total:4    Promedio:5/5]

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