Monster Crown ha vuelto. Así es. Años después, el atrapa-monstruos del que ya os hablamos con el lanzamiento de su primera entrega, ha regresado, y hoy os hablaremos de él en nuestro análisis de Monster Crown: Sin Eater. Lo hacemos con gusto, y es que si la primera parte nos gustó, esta todavía más.
Studio Aurum ha recuperado las bases de su RPG de captura de criaturas, pero ampliando su abanico de posibilidades a través de un mundo más ambicioso, un sistema de crianza más elaborado y una aventura que ha encontrado de manera más efectiva su propia personalidad.
Lo hace, eso sí, con ciertos traspiés, puesto que sigue arrastrando algunas asperezas que ya encontramos en su predecesor. Pese a ello, las mejoras se han hecho notar, y nos ha dejado con sensaciones lo suficientemente buenas como para valorarlo de manera mayormente positiva. Se ha hecho su hueco en el género.
Destaca, en ese sentido, gracias a su apartado artístico. Si te gustan los juegos con un carácter retro, Monster Crown: Sin Eater es uno de los que más lejos lo lleva. Recuerda a los clásicos Pokémon de Game Boy Color con un estilo pixel art que bebe directamente de aquellos años.
Análisis de Monster Crown: Sin Eater
Personalmente, siempre me ha gustado este estilo, por lo que he sentido mucha afinidad por la experiencia casi desde el principio. Sin embargo, esta clase de direcciones artísticas son bastante extremas en cuanto a gustos; o te gustan o las odias. Aquí no hay una definición objetiva, sino un sentido puramente personal.
A mí, por ejemplo, me transmite mucho. Además de encajar con el estilo de la aventura, no es algo tan habitual, puesto que una regresión retro tan fuerte no es la norma habitual. Para lo bueno y lo malo, por supuesto. Sea como fuere, mi sensación es que Monster Crown: Sin Eater sí que consigue tener su propio estilo y su propia personalidad.
Bien acompañado de un elenco de criaturas con carisma y buenos diseños, y un mundo más rico de lo que cabría esperar en primera instancia, parte de una división regional con localizaciones y mazmorras lo suficientemente entretenidas como para instarte a seguir explorando incluso cuando sientes que lo has encontrado casi todo.

Uno de sus mayores atractivos está en su apartado artístico. Su estética pixel art recuerda directamente a los RPG clásicos de Game Boy Color, especialmente a las entregas más añoradas de Pokémon. Es un estilo retro que personalmente me gusta mucho y que encaja estupendamente con la propuesta. Los escenarios, las criaturas y los personajes consiguen transmitir bastante personalidad sin necesitar grandes alardes técnicos.
Además, el mundo de Crown Nation resulta bastante más rico de lo que podría parecer inicialmente. Sus diferentes regiones, localizaciones y mazmorras esconden suficientes secretos y detalles para mantener vivo el interés por explorar. La libertad para recorrer sus territorios y descubrir nuevos lugares contribuye a esa sensación de aventura clásica que tanto caracteriza al juego.
Un sistema de criaturas con muchísimas posibilidades
Sea como fuere, y como ya dije, eso es algo más subjetivo. Lo que no es tan subjetivo dentro de nuestro mercado es que la falta de traducción al español es algo que duele. Especialmente cuando te das cuenta de que es un juego con mucho texto solo por mecánicas.

Historia aparte, Monster Crown: Sin Eater se ejecuta junto a un sistema de captura, crianza y combate bastante completo. Para cualquier jugador que haya disfrutado de títulos similares, o de su primera entrega, le resultará familiar. Sin embargo, tiene suficientes particularidades como para sentirse diferente.
Por un lado, tenemos un sistema de combate por turnos mediante un sistema de afinidades dividido en cinco variables. Es más simple que un Pokémon o un Nexomon, por ejemplo, pero le sienta bien debido a que tiene otro sistema que busca darle más complejidad al juego.
Se trata del sistema de combinación de monstruos. En Monster Crown: Sin Eater podemos fusionar criaturas. Con la crianza definimos sus atributos y con la combinación creamos versiones más poderosas de ellas, mezclando sus distintas características. El sistema implica que pueden heredar estadísticas, habilidades y rasgos.

Como ya os habréis podido imaginar, esto abre un abanico de posibilidades simplemente gigantesco. La construcción de equipos se define mediante una variabilidad enorme. Hay más de 200 criaturas y 1000 variaciones, por lo que tenemos margen más que de sobra para experimentar.
Explorando un nuevo mundo
Porque el juego no es simplemente obtener criaturas cada vez más poderosas, sino encontrar el mejor set de combinaciones a la hora de construir un equipo que se adapte a nuestro estilo. Bien acompañado de un sistema de exploración que aprueba con nota, es capaz de darnos una aventura solvente.
Quizá le falla un poco su narrativa. Aunque me ha gustado que apueste por una historia algo más oscura de lo normal que mezcla conflictos políticos, sociales y naturales, la ausencia de traducción le resta fuerza en los países hispanohablantes. Y es una pena, porque aborda temas como la tiranía, la violencia y las distintas formas que existen de ejercer el poder… de mala manera.

La premisa tiene gancho, pero cuesta un poco seguirla. Además, la narrativa no es la mejor del mundo, ya que tiene algunos problemas de ritmo debido a que no alcanza la profundidad de su sistema de crianza y combinación. Pese a ello, se puede decir que nos acompaña manteniendo el tipo. No está mal. Justifica que le dediquemos nuestro tiempo, pero no la rompe.
Quizá merece incluso más la pena el trasfondo del mundo que la propia historia. El worldbuilding es bastante bueno, puesto que podemos encontrar información de casi todos y de casi todo mientras exploramos el mundo. Descubrir cómo funciona su sociedad le da un atractivo extra a la exploración. Falla un poco en la historia, pero cumple en la definición de entornos.
Conclusiones
Para ir terminando, podría deciros que, a nivel técnico, responde con buen nivel en consolas y PC, y las animaciones son más resultonas de lo que cabría esperar al echarle un ojo por encima. Está bien ejecutado y se muestra de manera solvente. Se disfruta, vaya, y te gustará si disfrutas de este tipo de juegos y gráficos.

Como secuela, Monster Crown: Sin Eater mejora respecto a su predecesor, y como obra independiente funciona. Progresa tomando los cimientos de la primera parte como entrega, pero se define de manera individual para que puedas disfrutarlo sin ningún tipo de problema.
Si te gusta su aire retro y disfrutas combinando monstruos como sucede en muchos ROM hacks de fans de otros juegos, es muy probable que te acabe gustando Monster Crown: Sin Eater. Tiene buenas ideas, sabe dónde están sus límites y centra casi todos sus esfuerzos en hacer un buen sistema de crianza.
No es perfecto, y está claro que la progresión de la historia (e incluso la dificultad, puesto que puedes romperla si das con las combinaciones clave pronto) no es la más acertada del mundo. Pese a ello, sigo pensando que sus pros pesan más que sus contras. Es un juego divertido y disfrutable, especialmente para los amantes del género.


- Su apartado artístico retro, con una estética pixel art que recuerda a los clásicos de Game Boy Color.
- La enorme variedad de criaturas y sus diseños, capaces de transmitir bastante personalidad.
- El sistema de crianza y combinación, con muchísimas posibilidades para experimentar.
- La profundidad de las mecánicas de fusión y herencia de atributos, habilidades y rasgos.
- Un mundo bastante rico, con regiones, mazmorras y secretos que invitan a explorar.
- Las mejoras respecto a la primera entrega, que hacen que la experiencia resulte más completa.

- La ausencia de traducción al español, especialmente molesta en un juego con tanto texto.
- Una narrativa algo irregular, con problemas de ritmo y menos profundidad que sus mecánicas.
- La dificultad puede romperse demasiado pronto si encontramos las combinaciones adecuadas.
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