Análisis de ‘Journey to the Savage Planet’

Una aventura de exploración marciana de humor absurdo y toques de metroidvania

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¡Hola, muy buenas, amantes de los videojuegos! Volvemos con un nuevo análisis: Journey to the Savage Planet, un shooter en primera persona con toques de metroidvania. El juego, desarrollado por Typhoon Studios y distribuido por 505 Games, se lanzó en PlayStation 4, Xbox One y PC el pasado 28 de enero.

Análisis de Journey to the Savage Planet

Análisis Journey to the Savage Planet
Análisis de Journey to the Savage Planet

De buenas a primeras, y sin previo aviso, aterrizamos en un planeta desconocido. Allí, abandonados por la mano de Dios, nos «recibe» un peculiar —y muy extraño— señor con más pelo que sentido común… y es calvo. A modo de anuncio, a través de un vídeo que se reproduce en el interior de lo que parece ser nuestra nave, comprendemos que somos un empleado de Kindred Aerospace. Resulta que, por alguna razón desconocida, formamos parte del plan de colonización de la llamada cuarta mejor compañía de exploración interestelar. Nuestra tarea será, cómo no, investigar un planeta desconocido y comprobar si es apto para la vida humana.

Al salir de nuestra nave comprobaremos que nuestro aterrizaje no ha sido bonito. Nuestro vehículo ha sufrido graves daños, por lo que tendremos que escanear tanto las piezas afectadas como el entorno en busca de una solución. Con tan sutil introducción, que hace las veces de tutorial, se presentan algunas de las mecánicas principales del título. Entre ellas está el uso del escáner, el cual nos permitirá descifrar las particularidades de la flora y fauna del lugar. Muy pronto, la historia revelará una inesperada sorpresa: hay estructuras artificiales en la superficie del lugar. De esta forma, la empresa nos impone una nueva tarea: descubrir de dónde proceden esas construcciones.

Por suerte, no estaremos solos. Contaremos con la inestimable ayuda de nuestra nave. En efecto, podremos hablar con nuestro transporte. Será ella quien nos indique los pasos a seguir si queremos sobrevivir y progresar en esta nuestra aventura. Con un muy peculiar sentido del humor —bizarro, y algo cruel— nos instruirá en el arte de la supervivencia. Al mismo tiempo, en claro favor de la compañía que nos ha contratado, nos instará a investigar. 

Exploración y supervivencia de primer plato

Análisis de Journey to the Savage Planet
Análisis de Journey to the Savage Planet

Ciertamente, lo que viene a ser el argumento es humilde. Con algún que otro giro de los acontecimientos, carece de impacto o tensión. A fin de cuentas, no hay demasiada inmersión. Vivimos una aventura, sí, pero más por el placer de explorar que por la calidad de su trama. Con todo, tampoco es que se trate de una mala historia. Cumple y entretiene, es estable, carece de grandes controversias y/o incoherencias y funciona bien. Asimismo, el ritmo es correcto y sabe aprovechar muy bien sus puntos fuertes: su impresionante diseño de niveles, su gran banda sonora y su sentido del humor.

Con un enfoque reduccionista muy marcado, se consigue un planteamiento atractivo e interesante en donde no da tiempo a aburrirse. Con una idea tan sencilla como la de sobrevivir, nos vemos empujados a un afán explorador sin vernos sobrepasados por una ingente cantidad de misiones secundarias. De hecho, las tareas que no formen parte de la cadena principal cumplen dos funciones: profundizar en la exploración del planeta y/o mejorar nuestro equipamiento. Por consiguiente, se siente que tienen verdadera relevancia. Olvidaos de salvar al granjero de turno o recoger plumas de pato. No obstante, llegado cierto punto, su consecución se vuelve un tanto tediosa y terminamos casi dejándolas de lado.

Si hacéis algo es porque os apetece, y no porque nadie lo pida. Todo lo que hagáis será por y para vuestro beneficio. Así pues, el estudio realza sus puntos fuertes con un sistema de misiones sencillo y sin demasiada complejidad, pero muy satisfactorio. A la par, el gameplay es fluido y constante. No obstante, en ciertos momentos es posible sentirse algo perdido, pero es normal. Por un lado, no tendremos mapa, lo cual me ha parecido muy interesante, pues refuerza esa idea de planeta salvaje inexplorado. Por otra parte, hay determinadas secciones un poco confusas, pero todo forma parte del mismo plan.

Un diseño creativo y original

Análisis de Journey to the Savage Planet
Análisis de Journey to the Savage Planet

Por desgracia, a veces es inevitable sentir que el juego es demasiado guiado: nuestra nave nos irá marcando los objetivos que debemos seguir, por lo que de una manera u otra terminaremos llegando a nuestro destino. Habría preferido algo más de dejadez en ese sentido, pero se trata de una decisión de diseño que puede gustar más o menos en función de las preferencias personales. Al final, cumplir con el principal propósito de Journey to the Savage Planet será cosa nuestra. Ah, ¿que cuál es? Pues explorar. Porque otra cosa no, pero Journey to the Savage Planet me ha parecido un juego precioso. Y no lo digo porque tenga una gráfica espectacular, sino por su innegable creatividad.

Mientras espachurramos pájaros obesos, mosquitos con lenguas gigantes o medusas de ácido descubriremos un mundo repleto de colores vivos; todo un ecosistema alienígena está deseando que descubramos más sobre sus misterios. Y tengo que confesar que eso ha sido, precisamente, lo que más he disfrutado. En mi afán de analizar todo aquello que estaba a mi alrededor terminé maravillado ante la expresiva paleta de colores y diseños de la que ha dispuesto Typhoon Studios.

De igual forma, la fauna del lugar me ha dejado fría por momentos. Por un lado, me ha parecido muy original. Hay especímenes que me han arrancado una sonrisa de sorpresa a su encuentro, como el lagarto de varias cabezas que se divide cada vez que le disparo. Hay ideas muy locas que funcionan a la perfección, pero que pierden impacto al avanzar la historia, pues los enemigos que van apareciendo —en su mayoría— son versiones distintas de los vistos con anterioridad.

Apunta, dispara y, si fallas, repite

Análisis de Journey to the Savage Planet
Análisis de Journey to the Savage Planet

En lo relativo a mecánicas, es un juego sin grandes alardes técnicos. Está bien ejecutado y responde bien, pero no se come demasiado la cabeza. En primer lugar, las armas de fuego. Disponemos de una sola pistola, en nuestra mano derecha, que podremos ir mejorando. En la izquierda, por otro lado, llevaremos un objeto —los iremos recogiendo del entorno— que puede cumplir una u otra función: puede ser desde un cebo hasta un moco en el que podemos rebotar o una boñiga de color violeta que se pega a nuestros enemigos.

Apunta, dispara y, si fallas, descubre la debilidad del enemigo. Así funciona la cosa. Entretanto, toma ciertas mecánicas de plataformas para avanzar. Podremos recoger materiales con los cuales mejorar nuestra pistola o crear artilugios, los cuales abrirán nuevas rutas. Por citar un ejemplo, podremos disponer de un gancho o una mochila propulsora cuando consigamos los materiales necesarios. En ese proceso intervendrá el ya mencionado escáner, pues será a través de este que descubramos los materiales necesarios para desarrollar nuevo equipo.

Y poco más. Los enemigos finales, aunque escasos, tienen planteamientos interesantes y que aprovechan ese factor plataformas. Normalmente, tendremos que apuntar a sus puntos débiles, pero es posible que estos estén ocultos y haya que sacarlos usando, por ejemplo, bolas de ácido. Ahora bien, ¿qué pasa si morimos? En ese punto, rescatamos esa breve mención a los metroidvania. Si morimos, perderemos los recursos que hayamos recolectado hasta el momento de nuestra muerte y los perderemos. Podremos recuperarlos —no siempre— y ponerlos a salvo en nuestra nave. Es más, el mayor castigo será nuestra puntuación, pues el sistema mide las veces que hemos muerto. ¿Cómo? Sencillo. En base al número de clones que la nave haya creado de nuestra persona.

Una armadura de tumores

Análisis de Journey to the Savage Planet
Análisis de Journey to the Savage Planet

También podremos subir de nivel a nuestro personaje, pero de manera especial. A diferencia de otros títulos, no ganaremos experiencia descubriendo nuevas zonas o derrotando enemigos. No. Lo que tendremos que hacer es comer una especie de mocos naranjas, con forma de capullo, repartidos por el mapa. Estos aumentarán nuestra vida máxima así como nuestra estamina. Lo más divertido es que muy pronto descubriremos que nos estamos haciendo más fuertes, pero porque nuestros huesos —y otras partes de nuestro cuerpo— han mutado hasta convertirse en tumores… Eso sí, en tumores muy resistentes.

Es solo una muestra más del desenfadado y errático sentido del humor que se gasta el estudio. Quizá, y solo quizá, la principal pega de Journey to the Savage Planet es que se queda algo corto. Podemos completar la historia principal en poco más de diez horas. Si además tenemos en cuenta que, por momentos, esa sensación de guía rompe ligeramente con el factor de exploración, se nos queda un regustillo una pizca amargo. A ese respecto, creo que la idea tiene un potencial enorme, pero que se desaprovecha por momentos.

Conclusiones

Análisis de Journey to the Savage Planet

Journey to the Savage Planet me ha parecido un gran juego. Destaca, sobre todo, por su diseño, pero ofrece mecánicas interesantes y adictivas. El despliegue humorístico que acomete es, cuando menos, muy divertido; se me ha escapado más de una carcajada mientras jugaba. Peca en contenido, algo escueto para mi gusto, así como en duración y guía; nos coge demasiado de la mano a la hora de continuar con la historia. Pero es un título que sorprende y atrapa, muy fluido y con un ritmo adecuado, con una exploración divertida y algún que otro puzle plataformero muy divertido.

En resumidas cuentas, un juego divertido —el modo cooperativo puede ser una verdadera locura si jugamos con algún amigo— que se ve penalizado por su estructura cerrada, pero que sabe como entretener al público. ¿Lo recomendaría? Sí, rotundamente sí.

[Total: 2   Promedio: 5/5]

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