Los juegos de azar han ganado mucho peso en distintas industrias a lo largo del tiempo. El anime y el manga son ejemplo, pero no son los únicos. Distintas facetas del entretenimiento, más allá de estos, han ido adquiriendo distintas formas de expresarse a través de lo aleatorio. En los últimos años, uno de los ejemplos más notables ha sido —sin lugar a dudas— El juego del Calamar. La ficción de Netflix marcó todo un hito en la industria de la ficción.
Como muchos de vosotros ya sabréis, la serie se construyó en torno a la adrenalina y al ganarlo vs. perderlo todo. En este caso, hasta la vida, pues se llevó al máximo nivel. No obstante, no siempre es necesario. En casinos online de Chile, por poneros un ejemplo, la salud física no está en juego. Pero la idea que hay detrás es la misma… salvando las distancias. Al final todo se construye en torno a ese gusto inherente al ser humano de arriesgar.

Es dopamina. Adrenalina. Es una forma de sentir el riesgo desde la distancia, aunque siempre es ideal hacerlo con cabeza. Sea como fuere, la idea creo que se entiende: el azar y lo aleatorio forman parte de nuestro día a día hasta el punto de integrarse en algunas de las mejores series de ficción que ha dado el cine en bastante tiempo. Lo que quizá muchos no sepan es que El juego del Calamar podría haberse inspirado (por mucho que sus creadores digan que no) en algunos tebeos nipones.
El Juego del Calamar no es la primera serie así
Muchos estaréis pensando en Kakegurui, mas lo cierto es que hay series mucho más antiguas que manejan premisas similares. Una de ellas es As the Gods Will, un manga en el que los personajes se juegan la vida para convertirse en el nuevo Dios. Inclusive series tan famosas como No Game no Life se construyeron en torno a esta idea, pero desde un ámbito más fantasioso y sin dinero de por medio. Pese a ello, seguimos en la misma premisa: el azar y la adrenalina.
Sin embargo, creo que es importante atenerse a los precedentes. Debo confesar que nunca me ha hecho mucha gracia que El juego del Calamar se tratasen como una grandísima novedad cuando el país del Sol Naciente ya había hecho cosas muy parecidas en no pocas ocasiones. Por supuesto, estas se basan en los juegos de azar que llevan existiendo desde que el ser humano tiene capacidad de raciocinio. Pero ellos nunca dijeron «somos los primeros».

No negaron sus referencias. Las aceptaron y jugaron sus cartas. Kaiji. Tomodachi Game. Death Parade. Podemos encontrar más, más y más ejemplos, muchos de ellos anteriores a la ficción de Netflix. Y aunque entiendo que no tendrían porque conocerlas, resulta extraño que ni supiesen de la existencia de las más famosas. Es más, si buscas referencias a series de azar, muchas de estas aparecen en primera plana de la propia red.
Esquivarlas es casi imposible. Forman parte de la cultura del género. Algunas de forma más evidente. Otras quizá no tanto. Pero es que hay hasta live action. Por eso siempre me gusta destacar esta peculiaridad. Y no porque piense que la serie no tiene mérito, sino porque a veces se ningunea el origen cuando procede de Japón. Es como Kimba y Simba, pero sin ser tan exagerado. En cualquier caso, la idea ha quedado clara: El juego del Calamar es una gran serie, pero no debería hacer como que las demás que llegaron antes que ella no existen.