La obra maestra de Nintendo Switch 2
Si algo tiene Nintendo, son sagas. Longevas, originales, adictivas y con una clara intención de superarse entregas tras entregas. Y es que hay sagas que te acompañan tantos años que ya son parte de ti y Fire Emblem, es una de las mías. He crecido moviendo unidades por cuadrículas, sufriendo cada «permadeath» (porque así es como se debe jugar) y aprendiendo que aquí una mala decisión se paga cara.
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Por eso, cuando Nintendo confirmó que el primer Fire Emblem de Switch 2 sería este Fortune’s Weave, la espera se hizo muy larga. ¿Está a la altura de las expectativas? Spoiler: aquí hay tela para rato… nunca mejor dicho
Volviendo al tablero — Análisis de Fire Emblem: Fortune’s Weave
Intelligent Systems no ha venido a repetir la fórmula, ha venido a estirarla. Fortune’s Weave funciona como una secuela espiritual de Three Houses, en el mismo universo pero en un continente nuevo. Pero tranquilos los recién llegados: no hace falta haber tocado ninguna entrega anterior para engancharse. Es una puerta de entrada estupenda por un motivo: es el más completo.
Y su gran jugada es tan ambiciosa como suena: cuatro rutas, cuatro protagonistas, cuatro historias que se entrelazan. Cai, Theodora, Dietrich y Leda, cada uno con su motivación, su trama y su forma de jugarse. Puedes centrarte en uno o ir alternando a tu antojo (cosa que me parece absolutamente maravillosa).
Y me parece maravilloso porque, al menos para mí, sirve para alargar el juego de una manera más natural que pasándose cada compaña por separado. Esto no cambia mucho: los combates por turnos. Es puro Fire Emblem, pero con esteroides. Puede que algunos de estos mapas sean de los más grandes y elaborados que ha dado la saga.
Jugabilidad: la táctica de siempre, potenciada

Escenarios que se incendian, nieblas de guerra que disipar, asedios de los que escapar, puestos de artillería que aprovechar. Hay inventiva a raudales, y cada ruta trae las suyas. Como añadido, también hay combates nuevos con aire de JRPG por turnos, más clásicos y alejados del tablero de siempre. Por sí solos no aportan gran cosa, la verdad, pero sí meten algo de variedad en un género tan encorsetado como este.
Pero lo nuevo de verdad está fuera del campo de batalla. Ahora hay un calendario de días y turnos que gestionar entre misión y misión. Una ciudad central, Dagsion, enorme, con tiendas, herrería, posada, templos y hasta teatro. A eso se suma la exploración del mundo casilla a casilla, esa que la saga tenía aparcada desde los tiempos de 3DS y a ese Awakening.
Recolectar materiales, reclutar aliados, librar escaramuzas. Hay tanto que hacer que abruma. Y aquí llega mi primer aviso a navegantes: esto arranca lento, muy lento. La curva de aprendizaje es empinada y tardas en pillarle el punto al bucle. Hasta pasadas las siete u ocho horas, casi cada batalla (que, ojo, no son tantas como en Three Houses) viene con su ración de tutorial: una mecánica nueva, un sistema que aprender, otro marcador que vigilar.
Bendiciones e ignición: las novedades que enamoran

A nivel general, el juego mete muchísimas cosas, y aunque a Fire Emblem le sienta de maravilla toda esa ambición, unas pocas mecánicas menos, pero más atrevidas, habrían jugado a su favor. Eso sí, la mayoría son ya marca de la casa dentro del género táctico. Entre lo nuevo, voy a hablar de lo que me ha «robado le corazón».
Las técnicas de ignición son habilidades únicas de cada héroe. Dietrich se teletransporta para asestar un golpe demoledor, Theodora dispara proyectiles fulminantes desde la distancia. Puro espectáculo táctico. Y luego están las bendiciones de los dioses. Sirves en sus templos y obtienes ventajas: más esquiva, golpes más fuertes…
y la joya de la corona, la bendición de la diosa Fortuna, que te deja rebobinar turnos para deshacer un error o esquivar un crítico traicionero. ¿Un salvavidas para novatos? Puede. Pero también una herramienta de precisión para los veteranos que buscamos el movimiento perfecto.
Una historia adulta que carga sobre sus héroes


Si algo me ha volado la cabeza, es su apartado narrativo. Esta es, sin exagerar, la historia más madura y adulta de la saga. Aquí nos olvidamos del héroe bonachón de manual. Los protagonistas están todos un poco desquiciados, y esa es su gracia. Traiciones, venganzas, intrigas de palacio, momentos duros de verdad. La trama bélica a gran escala cumple, pero lo que engancha son las historias personales de cada uno.
Yo me quedo con Leda y su sed de venganza; de hecho, es la ruta que ya me he terminado, y ahora ando liada con la de Cai. Con cuatro rutas de unas 25 horas cada una, aquí hay tela —nunca mejor dicho— para mucho más de lo que da un solo análisis. Pero cada cual encontrará la suya.
Lo bonito es que el juego te obliga a montar el puzzle. Solo viendo las cuatro perspectivas entiendes el cuadro completo. Y funciona de maravilla. Paro un momento, porque esto merece punto y aparte. Fortune’s Weave suena espectacular.
Banda sonora y arte: ¿Lo mejor de Nintendo Switch 2 hasta la fecha?

Y suena, atención, a nosotros. La inspiración es mediterránea, muy española, y se cuela en cada rincón. La historia de Leda va acompañada de flamenco y guitarra española, y a mí se me ha puesto la piel de gallina más de una vez. Es, sencillamente, de lo mejor que ha sonado un Fire Emblem.
El arte acompaña con un cel shading precioso y una paleta viva y colorida, alejada de los tonos apagados de Three Houses. Eso sí, un adiós agridulce: desaparecen las clásicas cinemáticas 2D estilo anime, ahora sustituidas por escenas en 3D. Se gana en integración, se pierde un poquito de encanto.
Toca ser honesto, porque no todo puede ser perfecto. Fortune’s Weave va a 30 imágenes por segundo, estables, sin opción de desbloquear más. Técnicamente es conservador, y con la Switch 2 por debajo apetecía algo más de músculo. ¿Se nota? En un juego tan pausado como este, poco. Pero ahí está.
Prioriza escenarios amplios y cargas rapidísimas antes que alardear de potencia. Un intercambio que, en un táctico, entiendo de sobra.
Análisis de Fire Emblem: Fortune’s Weave — Conclusiones

Llego al final del análisis con una sonrisa. Fortune’s Weave no es un juego perfecto. Su arranque desespera, el reclutamiento cansa y las batallas rápidas de exploración son un relleno más bien soso. Pero cuando el engranaje encaja, entrega una de las experiencias más ricas y ambiciosas de toda la saga.
Es enorme, es valiente y es distinto. Un comehoras que respeta lo clásico mientras se atreve a evolucionar. Para el fan de siempre, es una celebración. Para el recién llegado, la mejor puerta posible, y para Switch 2, uno de sus grandes… por no decir el mejor.


- Cuatro rutas diferenciadas que ofrecen, de facto, cuatro juegos en uno.
- La historia más adulta de la saga, sostenida por unos personajes soberbios.
- Una banda sonora de matrícula, con ese sabor español que enamora.

- El arranque es lento, con demasiado tutorial encima, y la curva de aprendizaje, empinada.
- Reclutar unidades cansa y las batallas rápidas aportan poco.
- Técnicamente conservador: 30 fps y adiós a las cinemáticas 2D.