¿Qué hace que un city builder sea bueno o malo? Mientras preparaba el análisis de Corsair Cove, me lo he ido preguntando. ¿Es su capacidad para reinventarse? ¿El ofrecer algo diferente? ¿Su profundidad, complejidad o estructura? Pues lo cierto es que, tras darle varias vueltas, he llegado a la conclusión de siempre: lo más importante es que sea entretenido. Y eso Corsair Cove lo es mucho.
De buenas a primeras, llama mucho la atención. Lo cierto es que la temática pirata y su desenfadado sentido del humor son una buena puerta de entrada. Hace que la primera impresión sea buena, la verdad. Pese a que no reinvente ningún tipo de fundamento —hasta su construcción vertical es algo que ya hemos visto en otras ocasiones—, es divertido.
Sobre todo porque sabe bien dónde está su fuerte. A diferencia de otros muchos constructores de ciudades, se recrea en su ambientación pirata: acantilados, barcos, monstruos marinos… Tiene ese encanto que solo un buen corsario sabe ofrecer. Es como si Piratas del Caribe se hubiese vestido de gestor.
En lugar de limitarse a aprovechar el terreno disponible, nos invita a conquistar acantilados, montañas y paredes verticales para levantar una colonia pirata que crece prácticamente en cualquier dirección. Lejos de lo que cabría esperar, esta mera decisión inicial lo marca todo.
Desde las rutas hasta el diseño de los edificios, o los personajes que usaremos para combatir, hasta las rutas de transporte, pasando por las cadenas de producción y más, se adaptan al concepto de pirata. Todo a través de una geografía irregular que nos obliga a construir hacia arriba y que condiciona todas nuestras decisiones.
Al principio puede resultar complicado entender cómo conectar correctamente todas nuestras estructuras, pero el sistema termina siendo bastante intuitivo. Cuando finalmente comprendemos sus posibilidades, construir una colonia eficiente resulta tremendamente satisfactorio y es, sin duda, su mayor virtud.
Análisis de Corsair Cove, un city builder pirata vertical

Ahora bien, ¿qué nos vamos a encontrar? No, no es que se haya basado en Piratas del Caribe, pero a mí me recuerda a la saga porque es una de las franquicias de piratas que más he vivido. Así pues, sí, es un juego con personalidad cuyas reminiscencias a otras franquicias son más de carácter personal que otra cosa.
Al menos en lo artístico, un ámbito en el que destaca positivamente dentro de su sistema de construcción vertical. No diré que es innovador, pues hay varios juegos de este estilo, aunque es cierto que son menos habituales. Gracias a esto se siente ligeramente refrescante en una comparativa directa con otros referentes del género.
Sobre todo por la manera en que aprovecha el mar y los acantilados. Aquí no son meros elementos decorativos. Son barreras naturales que debemos sortear y/o convertir en espacios útiles mientras creamos puentes, caminos, escaleras, tirolinas y ascensores que nos permitan conectar estas y otras zonas.

Esto permite que nuestra isla (en el modo campaña es solo una) sea como una red tridimensional en la que la logística acaba cobrando vida propia a través de nuestros diseños. Es complejo de entrada, pero cuando le pillas el punto, mola, aunque es cierto que con el tiempo se vuelve un poco repetitivo. También puede ser confuso cuando integra nuevas variantes.
Eso sí, no puedo decir que la gestión de recursos sea especialmente complicada. Se resume en extraer materias primas, transformarlas y distribuirlas entre los diferentes edificios para que estos siempre estén funcionando y produciendo. La diferencia está en que las distancias y los desniveles importan muchísimo más.
Tu propia experiencia pirata
Un recurso situado al otro lado de la isla puede provocar auténticos problemas logísticos si no diseñamos correctamente nuestras rutas. Solucionarlos termina siendo una parte fundamental de la diversión. Es importante medirlo todo de manera adecuada si no queremos que acabe siendo un despilfarro.

En lo que respecta al contenido, tenemos dos grandes baluartes: campaña y modo libre. La primera está más encorsetada y es más un tutorial largo con cierto empaque narrativo que otra cosa. Su historia no es su principal atractivo ni la razón principal por la que acercarse a Corsair Cove. Es un extra.
Lo que realmente me llamó la atención es el modo libre, mi favorito. Si la campaña sirve para interiorizar todos sus conceptos y mecánicas mientras aprendes cómo funciona tu ciudad, las expediciones, la gestión de recursos, etc., el modo libre es donde puedes extraer todo su potencial.
Aquí dispondremos de varias islas y mucho más fondo de armario para experimentar. Es más libre, tal y como su propio nombre indica, y no dependemos de objetivos concretos para progresar. Aquí, además, es donde la construcción vertical saca todo su potencial, ya que podemos optimizarlo todo mucho más. Es más adaptativo.

Además, resulta especialmente agradable poder observar cómo una pequeña colonia termina convirtiéndose en una estructura enorme llena de edificios, puentes y rutas que conectan diferentes alturas. Ver cómo todo acaba funcionando adecuada y eficientemente mientras desbloqueas nuevos edificios y recursos es muy satisfactorio. Y entretenido. Sobre todo entretenido.
Un tesoro en el que no todo lo que brilla es oro
Dicho esto, si alabo su sistema de construcción, también debo decir que el sistema de expediciones marítimas y los combates son más flojitos. No diré que son malos, pero no aportan tanto ni llegan tan lejos. En Corsair Cove podemos construir barcos, reclutar piratas, elegir capitanes y realizar expediciones en donde los dados y las estadísticas juegan un papel clave.
Lo malo es que las batallas navales no son tan profundas como cabría esperar. Sobre el papel, es una combinación interesante que consigue conectar la gestión de la colonia con las actividades piratas. Los enfrentamientos cumplen su función y aportan variedad, pero no consiguen alcanzar la misma sensación de profundidad.

Muchas situaciones utilizan estructuras similares y, después de varias horas, es fácil empezar a reconocer patrones. Lo bueno es que, aunque los combates no destacan tanto, la progresión sí que lo hace. Es de lo que consigue mantener vivo el interés pese a que a veces el juego se sienta repetitivo.
En lugar de construir un árbol tecnológico tradicional, lo hace bajo el amparo de la ley pirata a través de objetivos y acciones concretas. Es decir, que nuestra manera de jugar afecta al progreso de este árbol, haciendo que se construya según nuestro estilo. Es un sistema bastante más interesante que uno que simplemente sea gastar puntos.
Encaja bastante bien con su sistema vertical, ya que hace que cada mejora modifique mucho nuestro potencial de crecimiento. Se siente bien. Si a esto le añadimos el hecho de que visualmente logra unificar todas estas ideas mediante una estética simplemente muy atractiva, pues más que mejor.
Conclusiones

Cierto es que la banda sonora no es tan rompedora, pero entra mucho por los ojos y cuenta con textos en español. Me parece algo muy importante, puesto que facilita mucho la entrada de jugadores que no dominan otras lenguas. Sea como fuere, este detalle no cambia mis impresiones finales.
Seguiría pensando que Corsair Cove es un buen city builder aunque solo estuviese en inglés. Le fallan las batallas navales y la capacidad de seguir sorprendiendo aunque sea un poquito cuando llevas más de una decena de horas, pero por lo demás es muy satisfactorio.
Es un juego que he disfrutado bastante durante estos días y que me ha dejado con sensaciones bastante positivas. Si te gustan los juegos de construcción y los gestores, creo que te gustará. Al menos eso es lo que me ha pasado a mí. Así que sí, lo recomiendo. Me ha gustado y lo he disfrutado.


- La construcción vertical aporta personalidad y convierte la gestión de la colonia en algo muy entretenido.
- La ambientación pirata está muy conseguida y hace que cada partida tenga bastante encanto.
- El modo libre permite experimentar mucho más y sacar todo el potencial del sistema de construcción.
- Gestionar las rutas y los desniveles termina siendo una parte muy satisfactoria de la experiencia.
- La progresión se adapta bastante bien a nuestra forma de jugar y mantiene vivo el interés.
- Ver crecer nuestra colonia hasta convertirse en una enorme estructura resulta tremendamente satisfactorio.

- Las batallas navales son algo simples y no consiguen alcanzar la profundidad del resto del juego.
- Tras varias horas, algunas situaciones empiezan a resultar repetitivas y pierden parte de su atractivo.
- La campaña funciona como tutorial, pero su historia no consigue convertirse en un motivo para continuar.