
Descubrí las aventuras gráficas de bien niña, apenas con cuatro o cinco años, con títulos tan simples como la de La Pantera Rosa. Por aquel entonces, con Internet recién llegado a las casas de forma común y ordenadores con muchas limitaciones, eran el género perfecto para que estos no echaran demasiado humo.
Además, también era la forma idónea para que una niña de apenas cuatro o cinco años se divirtiera «dándole al coco» un poco. Tanto me gustó la aventura de la pantera que pronto descubrí otros títulos como Hollywood Monsters, eso sí, sin pillar muchas de las referencias para los más adultos.
Si a eso le sumamos, familiares que también tenían un gusto particular por otras obras como Broken Sword, difícil era que no creciera entre estos juegos. Tarde o temprano, Monkey Island llegó a mi vida.
Análisis de Return to Monkey Island | Una oda al pasado
Supongo que si hay algún momento para hablar de la grandeza de este juego es ahora que Return to Monkey Island ha llegado para revivir la saga y para demostrar a las nuevas generaciones de jugadores que el género está vivo. Un género que, realmente, nunca se ha muerto del todo gracias a la escena indie y a títulos como Fran Bow, La Fuga de Deponia o Machinarium entre otros.
Poco se puede decir de la obra magna de Ron Gilbert que no hayamos escuchado ya: Monkey Island vino a revolucionar las aventuras gráficas por utilizar los elementos base de estas y revolucionarlos. Y ahora, 32 años más tarde, la nueva entrega ha hecho algo similar reafirmando que una vieja gloria nunca muerte.

Como ya podéis intuir, Return to Monkey Island me ha fascinado. Tenía reticencias sobre este regreso. ¿Será la misma esencia que me gusta? Me preguntaba tras su anuncio. Mis dudas sumadas a una controversia absurda sobre su estilo artístico me dejaban con la intriga de cómo sería el resultado final. Sin embargo, apenas 2 minutos después de iniciar el juego, ya estaba totalmente atrapada.
La música, el humor, los diálogos, todo se mantiene como antaño. Viene, además, con el añadido de que se nota que ha habido un esfuerzo consciente por poner unas herramientas al alcance de las nuevas generaciones acostumbradas a juegos de más acción como un libro de pistas.
También han añadido un nuevo modo de dificultad, pensando en todo tipo de jugadores, los más hábiles y añejos del género y los recién llegados. Yo, por supuesto, recomiendo jugar en la dificultad más «difícil», ya que considero que es la experiencia completa.
Guybrush vuelve a las andadas

La historia no cambia, eso es verdad, todos vamos a poder ver a Guybrush empeñado en encontrar el Secreto de Monkey Island. Y no importa que eso le lleve a acabar en el barco del malvado LeChuck o a perderse por la isla, una vez más. Sin más, es increíble cómo esta entrega ha rescatado todos los elementos de la primera,. Lo ha hecho, además, dándole un sentido narrativo profundo, más allá de simplemente poner referencias por pura nostalgia.
Es increíble cómo frases como «Mira, un mono de tres cabezas» han sido sacadas del cajón, pero dadas un giro para que no resulten empaquetadas a la fuerza. Todo el camino se mezcla con lo nuevo y lo antiguo. Grandes personajes volverán y lo harán de una forma tan natural que parecerá que nunca se han ido. Sin embargo, sí, lo hicieron y ese cambio también se traduce en la forma en la que se relacionan los personajes. Hay una consistencia narrativa a lo largo de toda la saga que es de agradecer.

Por otra parte, los puzles. Cuando Ron Gilbert dio consejos sobre cómo crear una aventura gráfica no fue un «consejos vendo que para mí no tengo». Eso significa que cada uno de los enigmas que encontramos a lo largo de la aventura no solo son divertidos, sino que nunca te quedas colgado.
Y no es una cuestión de dificultad, es una cuestión de lógica, de razonamiento. No hay ni una sola prueba que se base en el ensayo-error y eso es todo un acierto y una prueba de maestría. Los diálogos, uno de los pilares clave de la saga, se mantienen tan ácidos como siempre. Es más, son capaces de sacarte una carcajada aun cuando no estamos ante un juego cinemático o explícito en el ámbito de las animaciones.
En cuanto al estilo artístico, ya os adelantaba lo absurdo que me parecía crear un boicot en contra del juego simplemente, porque el cambio de estilo no te gusta. Creo que el juego es tan bueno, tan divertido y tan entretenido que hasta los que no simpatizan con este hecho, pueden disfrutarlo y transportarse a la magia de Monkey Island de la misma manera.
Análisis de Return to Monkey Island | Una gran oportunidad

En definitiva, tenéis que probarlo. Es un juego pensado para toda clase de públicos, para los niños incluso, para jugar en familia. Lleno de diversión, una joya para los amantes de la saga, una buena puerta para los que no la conoces, porque sí, se puede jugar. Te perderás algunas referencias, pero puedes interesarte por el resto de entregas si te genera curiosidad.
Ron Gilbert ha vuelto a crear una obra maestra, con un final cargado de emoción. Lo mejor es que promete que esta no será la última aventura de piratas que veamos por su parte. Return to Monkey Island me ha devuelto a mi infancia y lo ha hecho a lo grande.


- Su humor.
- La esencia de lo tradicional.

- El libro de pistas facilita mucho la experiencia.