Debo confesar que el tomo n.º 6 de Dead Mount Death Play me ha pillado con la guardia baja puesto que no me esperaba que su autor diese tanto tan bien en tan poco tiempo. En las 250 páginas que nos ha ocupado el presente volumen nos ha dado tiempo a entender el alcance de las nuevas habilidades de Misaki, adentrarnos todavía más en las tramas de Hosorogi y la familia Agakura…
De manera sorprendentemente orgánica, Ryohgo Narita —aunque fuera de manera inconsciente, pues dudo mucho que hubiese tenido en cuenta su organización posterior en tomos— nos ha dejado con una de las entregas más interesantes del manga hasta la fecha.
Es más, diría que con su lectura, su obra ha terminado de asentar definitivamente sus bases. Llegados a este punto, tengo bastante confianza en que la historia mantendrá su buen hacer con el paso del tiempo. Es más, también tengo fe en ella de cara al futuro, pues considero que tiene bastante potencial.

Actualmente, puedo decir sin miedo a equivocarme que estoy disfrutando con su lectura. Si bien es cierto que cierto fanservice me sigue sobrando, tanto la estructura como la narrativa, la trama, el dibujo y los personajes me están gustando. Es más, este tomo me ha vuelto a demostrar que los secundarios tienen mucho peso en la historia de Narita-sensei.
Lejos de ser títeres de la trama, aportan mucho en todas y cada una de sus apariciones. De hecho, tanto el Fantasma Solitario como Tsubaki Iwanome me parecen personajes cada vez más interesantes. Es algo que, personalmente, me gusta, puesto que este tipo de series ganan mucho cuando los protagonistas no están solos.
Reseña de Dead Mount Death Play n.º 6 | Portada, sinopsis y edición

La batalla que se desarrolla en un rincón de Shinjuku distorsiona el mundo lentamente. Misaki despliega sus nuevos poderes para salvar a Takumi, sin saber que estos atraerán peores calamidades. Mientras, en las oficinas de la Policía Metropolitana de Tokio, Iwanome recibe la llamada de alguien cuya voz no reconoce, pero que no puede olvidar. Los incidentes del pasado y las emociones empiezan a conectar la historia.
| Colección | Dead Mount Death Play vol. 6 de 15 (serie abierta) |
| Autoría | Ryôgo Narita y Shinta Fujimoto |
| Género | Acción, comedia, drama, fantasía, sobrenatural |
| Formato | Tapa blanda con sobrecubierta |
| Tamaño y páginas | 13,1 cm x 18,1 con 252 páginas en b/n |
| Precio | 9,95 € |
| Traducción | Gemna Tarrés Guasch (Daruma) |
| Fecha de lanzamiento | 2 de noviembre del 25 |
| Reseñas | Volúmenes anteriores |
De hecho, el Dios Cadáver apenas interviene en este tomo. Más allá de ciertas intervenciones en las que, de hecho, actúa como soporte y no como núcleo, su presencia se reduce significativamente en favor de otros personajes como Misaki o Takumi, por ejemplo. Si hacéis memoria, recordaréis que en el tomo n.º 5 el cerebro del equipo fue secuestrado.
Si no conocíais el manga, os recomendaría que echaseis un vistazo al enlace anterior, porque es un manga que merece la pena conocer desde el principio. En caso contrario, continuamos con el que podría ser uno de los combates que más abre la trama hasta la fecha. A fin de cuentas, Misaki ha evolucionado.
Ya no es una zombi: es una larva de vampiro y, como tal, tiene nuevos poderes y mejores capacidades. Entre ellas destaca su gran capacidad regenerativa… y no lo esconde. Muestra buena parte de sus nuevas capacidades sin reparo alguno tanto a sus enemigos como al que podría ser su nuevo aliado, dejándonos con una “encrucijada” muy curiosa.
Los secundarios ganan fuerza

La familia Agakura no lo analiza como una habilidad sobrenatural. De hecho, asumen que tal vez sea discípula del Fantasma Solitario y que sea algún tipo de truco, creando una dicotomía muy curiosa entre lo que ocurre y lo que piensan que ocurre. Entretanto, el inspector Tsubaki encuentra una nueva “pista” para su caso.
De una manera, avanzamos bastante en distintas tramas, pero sin llegar a revelar nada lo suficientemente importante como para conocer el devenir de las mismas. Por ejemplo, nos adentramos más —en cierto modo— en la relación entre el mundo original del Dios Cadáver y nuestro mundo, aprendemos algo más sobre los tejemanejes de la policía y se dan nuevos detalles sobre los bajos fondos.
Su autor lo hace de manera sutil. Nos tira retazos de lo que está por llegar, alimentando más que nunca nuestra curiosidad. En esta ocasión lo hace de manera bastante clara, siendo uno de los tomos menos confusos publicados hasta la fecha pese a toda la información que libera. No obstante, antes de decir que ha resuelto un problema, quiero ver cómo progresa.

Si empieza a ser algo sintomático, podremos decir que Dead Mount Death Play ha dado un salto hacia adelante. En caso contrario, habrá sido un espejismo. Sea como fuere, de momento toca esperar para ver si es una cosa o la otra. Sea como fuere, las sensaciones son positivas, pues tengo la sensación de que tanto guionista como dibujante están mejorando con cada episodio.
Una trama
La organización general del manga se siente mejor. Los paneles son más claros, la narrativa es menos difusa y los diálogos están mejor construidos. Hay un salto de calidad que no es tan notable como nos gustaría, pero que nos deja con buenas sensaciones. Van por el buen camino y creo que podemos esperar grandes cosas de ellos.
Debo confesar, eso sí, que esperaba algo más de acción de esta obra, no en este tomo, sino desde el principio. Hasta cierto punto, el combate de Misaki me sabe a poco, pues ya he visto de lo que son capaces ambos mangakas. Tengo ganas de que nos den algo más, pues ha quedado a la vista que en esta historia hay auténticos monstruos entre los humanos.

Me gustaría ver hasta dónde son capaces de llegar, puesto que los hay quienes podrían ser incluso más poderosos que el Dios Cadáver. Y, aunque está claro que sus poderes están muy lejos de su máxima expresión, es algo que me sigue generando curiosidad. Creo que le falta darnos un poquito más a este respecto, pero tiene pinta de que lo hará más pronto que tarde.
De cualquier manera, debo decir que el manga me sigue gustando tanto —más, en realidad— que al principio. Como lectura, es sumamente entretenida y maneja los secretos de su argumento con habilidad más que suficiente para mantener en todo momento ese fino hilo entre salvaguardar la curiosidad y darnos algo.
Conclusiones
A modo de resumen, Dead Mount Death Play me sigue pareciendo un seinen bastante interesante. Para quienes gusten de las historias de fantasía e isekai inversos, es una de las lecturas más recomendables que nos ofrece nuestra industria en estos momentos. Bien editada en términos generales, es muy disfrutable.

Eso sí, los lomos son diferentes: el primero es blanco, los dos siguientes tienen toques a color y los tres siguientes vuelven al blanco, lo cual no me termina de convencer. Es una ordenación un tanto errática que les resta a nivel estético una vez los tienes todos en la estantería. Más allá de esto, me está gustando.
No es un detalle que me esté impidiendo disfrutar del manga, pero sí considero que es algo que debéis tener en cuenta. Dicho esto, y en términos generales, mantengo mis impresiones de los tomos anteriores: DMDP es un buen manga. Es una lectura disfrutable, con grandes momentos y mucho potencial. Tengo ganas de leer el siguiente.


- Engancha desde el primer momento.
- El dibujo es realmente bueno.
- La premisa es atractiva.
- Como maneja la vida y la muerte.
- El diseño y el carisma del protagonista.
- El ritmo y la narrativa.

- El fanservice.
- Ciertos gestos y diseños de personaje.
- A veces es algo confuso.