La historia tras la típica tipografía de cómic

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¿Cuál es la tipografía que usan en los cómics? Realmente existen cientos de ellas, pero la verdad es que todas son muy parecidas. Tienen algo que las caracteriza al instante como “tipografía tipo cómic” (no cuento, eso sí, la horrible Comic Sans)… ¿Pero por qué? ¿Cuál es la historia tras este tipo de fuentes?

Para contestar a esta pregunta tenemos que remontarnos al comienzo de la historia del tebeo. Antes, los artistas tenían que escribir ellos mismos los cuadros de diálogo, letra por letra. La tipografía de los cómics que hoy reconocemos al instante es el producto de más de cincuenta años de trabajo, resultado en parte a la necesidad del momento y en parte a las herramientas de las que disponían.

Un primer rasgo característico es que los cómics se escriben siempre en mayúsculas. La razón para ello es simplemente práctica, ya que la calidad de impresión que había antiguamente era terrible, e imprimir en mayúsculas mejoraba la legibilidad. Actualmente la impresión de los cómics, en papel satinado, cuenta con una definición estupenda, pero el papel de principios del siglo XX era grueso y burdo, y las técnicas de impresión tres cuartas partes de lo mismo. Otro elemento del que necesitaban prescindir eran de las serifas, esos remates que llevan algunas letras en determinadas tipografías: se corría el riesgo de que tanto adorno acabara emborronando el texto con el grano del papel.

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En cuanto a los trazos, gran parte de los artistas que definieron la forma de los textos como Artie Simek o Sam Rosen empleaban guías para definir el espacio entre las letras o su altura. La otra mitad de ese aspecto se lo debemos a las plumillas empleadas por los artistas para escribir el texto original. Esas plumillas tendían a generar caracteres curvados y con el trazo regular. Esta estandarización de nuevo era muy práctica, ya que si otro autor tenía que realizar cualquier modificación posterior al texto, podía hacerlo sin que se notara o se afeara el resultado.

Al llegar las tecnologías digitales y estando en principio esos problemas de impresión o estandarización resueltos, muchas editoriales probaron con diferentes tipografías. Sin embargo, los resultados no fueron buenos. Existen casos incluso en el que el artista se negaba a utilizar cualquier otra tipografía que no fuera la suya, como con el clásico La Broma Asesina de Richard Starkings.

Con el tiempo, la tecnología para insertar textos en cómics sin salir del ordenador se perfeccionó, pero incluso así existen cientos de fuentes diferentes y no se ha llegado a usar la misma para todos. Ya en los 60 y 70, algunos autores incluso intentaban dejar su marca personal con determinados trazos característicos. Hoy en día, se combinan decenas de tipos diferentes en un mismo cómic para lograr que siga teniendo personalidad (reservando alguna tipografía o color especial para un determinado personaje, por ejemplo). Sin embargo, aunque las tipografías a los no iniciados nos parezcan iguales, lo cierto es que nunca lo han sido. Para terminar, podéis ver este vídeo (en inglés) de Vox en el que se hace un repaso a la historia de las tipografías.

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