Cuando los videojuegos dejaron de ser para todos.
Pese a no haber terminado, el mes de julio del 2026 será recordado como el mes en el que la industria colapsó sobre sí misma. Despidos masivos en Xbox, Ubisoft, Bungie, Eidos, Epic, Crystal Dynamics y BluePoint. Y encima, Sony anuncia el fin del formato físico en 2028. No es una crisis pasajera: es el cierre definitivo de una era.
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La realidad duele. Hace apenas años hablábamos de lanzamientos esperados, ediciones coleccionista y debates sobre el mejor juego de la generación. ¿Ahora? Ahora hablamos de despidos, de códigos en cajas vacías y de derechos perdidos. Lo más llamativo es que ninguno de estos cambios responde a una crisis real: el formato físico sigue generando ingresos. Sony solo quiere más márgenes de beneficio.Dicho esto, los despidos son el verdadero drama. Gente con dos décadas de carrera profesional echada a la calle sin alternativas en el sector. En España es peor: cada vez hay menos empresas de videojuegos y las tiendas ven cómo la industria local mengua. No hay regeneración posible cuando todo cae al mismo tiempo.


El fin de la propiedad: qué pierdes con lo digital
Con lo físico desaparecido, pierdes opciones que parecían básicas. No puedes revender, no puedes prestar, no puedes comprar en oferta meses después: pagan precio de lanzamiento o nada.
Sin embargo, el físico representa solo 17-20% de ventas. Pero ese porcentaje tiene peso: son coleccionistas, nostálgicos, gente que quiere propiedad real. Sony no ha consultado a nadie. Ha tomado la decisión de forma unilateral, sin hablar con editores ni con su público. Es la forma de proceder de una compañía que controla el mercado y no teme consecuencias.
¿Lo peor? Que nada de esto era necesario. El físico no pierde dinero. No es insostenible. Pero si puedes multiplicar márgenes eliminando costes y controlando precios, ¿por qué no hacerlo? Así funciona ahora la industria: maximizar beneficios a costa de derechos del consumidor.
Julio de 2026 será el mes que definirá esta década. No es solo un mes malo: es el mes en el que quedó claro que el sector ya no piensa en nosotros. Piensa en accionistas, en modelos digitales y en IA generativa. Los tiempos felices, cuando hablábamos de juegos en lugar de despidos y códigos, murieron este mes.