¿Tiene Death Stranding 2 tiene lo necesario para ganar el GOTY 2025 o es solo un juego más de este histórico año?
Nos guste o no, la gala anual de los GOTY no es solo una noche para premiar al mejor juego del año. También es uno de los momentos más importantes del año donde, entre anuncio millonario y charlas que no les importan a nadie, podemos descubrir trailers, teasers y, alguna sorpresa sobre nuevos juegos o aquellos que ya conocemos. Este año, sin duda todos tenemos uno o dos nombres fijos en nuestra lista: Clair Obscure: Expedition 33 y Silksong. ¿Merecidos? El primero, sin duda; el segundo, también, aunque más por la ilusión que ha generado que quizá por el resultado final.


Después hay otros títulos que sin duda tienen bien merecido colarse en la conversación: Kingdom come deliverance II , Slipt Fiction, Blue Prince, Donkey Kong Bananza, Doom: The Dark Ages o Ghost of Yotei. Y eso sin contar los olvidos inevitables que se nos escapan: Silent Hill F, Mario Kart World… incluso Metroid Prime 4, que fácilmente podría pelear por un lugar entre los nominados pese a lo tardio de su estreno.
Pero, después de mencionar estos candidatos, todavía no hemos hablado del juego que da título a este reportaje: Death Stranding 2. ¿Por qué? Es un juego increíble, con uno de los apartados visuales y sonoros más impresionantes que hemos visto, una historia original y mecánicas únicas, pero con un gran problema: Es mejor juego que el primero, pero peor Death Stranding.
La ruta perdida de Death Stranding 2
El primer Death Stranding fue todo un hito: unir una sociedad devastada con piedras y palos. Era algo arriesgado incluso para Kojima, pero si alguien podía lograrlo, era él. ¿Le salió bien? Sí, sin duda. Fue un experimento que redefinió lo que un videojuego podía ser, con narrativa introspectiva y mecánicas innovadoras.
La secuela, que ya analizamos en su momento, pulió aspectos técnicos como gráficos, animaciones y sistemas de entrega, pero no logró replicar el impacto revolucionario del original. Todos esperábamos un nuevo “golpe de genialidad”, pero lo que obtuvimos fue una evolución sólida, algo así como un 1.5 del juego base, no una revolución. Cumplió, sí, pero no sorprendió lo suficiente para liderar las quinielas de premios.

A esto se sumó un desafío de visibilidad y saturación. Mientras otros títulos como Silksong, Expedition 33 o Doom inundaban Twitch, YouTube y redes con clips virales y streams vibrantes, Death Stranding 2 mantuvo un perfil reservado y contemplativo. Entre la comunidad apenas se habló de él, los creadores de contenido casi no lo mencionaron, y, contra todo pronóstico, pronto pasó a ser un juego más que salió en el abultado 2025.
Su propia naturaleza tampoco ayudó a conquistar a las masas. Con entregas meticulosas y una exploración que exigía paciencia, chocó con el ritmo acelerado de los AAA modernos. En 2025, donde los juegos impactaban desde el primer segundo con combates espectaculares y mundos abiertos inmediatos, Death Stranding 2 pedía que caminaras despacio, planificaras cada paso y sintir el peso de cada carga sobre tu espalda. Fue una experiencia única… pero como la primera, no para todos.
Es el viaje, no el destino

Y ahí radica su encanto. El juego está hecho para quienes quisieran encontrar belleza en la travesía, en los paisajes desolados, en el crujir de la grava o el hielo helado bajo las botas de Sam. Sus recompensas fueron sutiles, sus emociones profundas. Su destino en los GOTY 2025 es incierto, como saber si por el camino, nos encontraremos Ev o un grupo de mulas.
En definitiva, Death Stranding 2: On The Beach es una obra maestra incomprendida, un paquete un ruta valioso que bien podría haberse perdido o varado en el camino. Kojima nos ha dado una vez vez más, una experiencia inolvidable que no busca aplausos fáciles, pero si enormecer su ego. Algo que, nos quejemos o no, nos gusta un poco. ¿Llegará a los GOTY 2025? Tal vez no, pero para los que se aventuraron en su travesía, el verdadero premio estuvo en el viaje, no en el destino.