Adoro los juegos de rol táctico. Es un género que simplemente me encanta. Es por eso que cuando oí hablar por primera vez de The Legend of Fancy Realm Remake, quise darle una oportunidad y escribiros mis impresiones en un análisis para contaros qué me había parecido.
Unas cuantas decenas de horas después no me arrepiento de haberlo hecho, y es que su apuesta por las fórmulas tradicionales del género funciona. Sabiendo agregar a la ecuación sistemas y variables más que suficientes de carácter propio para que no se sienta como uno más, pero respetando su origen, la sensación final es positiva.
Tampoco sorprende. Echando un vistazo a su propia página de Steam uno ya es capaz de imaginarse lo que se va a encontrar: batallas por turnos con personajes bien desarrollados —dentro de unos arquetipos que no dejan de ser relativamente tópicos— con buenos escenarios, muchas habilidades y decenas de clases.
Lo hace bien, la verdad, y es que la jugabilidad responde con buena nota. Deja con buenas sensaciones gracias a la profundidad que ofrece desde el primer minuto mediante una táctica bien definida cuyo principal problema es la falta de un mayor equilibrio en ciertos valores.
Hay secciones, personajes y escenarios cuyos números no están nivelados, lo que provoca que ciertos combates —su mayor virtud— se sientan erráticos, pero tampoco es algo que te impida disfrutar de la experiencia. Bien pertrechado con escenarios que te obligan a prestar atención a tus alrededores, se disfruta.
Análisis del RPG táctico The Legend of Fancy Realm Remake

No basta con lanzarte de cabeza hacia el frente como un loco. Te exige medir, pensar y calcular tu estrategia, pero sin volverse excesivamente pesado en el proceso. Es algo que consigue gracias a su buen abanico de personajes, y es que cada uno cumple de manera eficiente con su función. Aprender a combinarlos es divertido.
Sobre todo porque el sistema de habilidades especiales que porta, aunque tradicional y no especialmente innovador, respira pura fantasía. Se nota que es un clásico moderno y eso da gusto. Y eso que el proceso es simple: los personajes acumulan energía poco a poco para poder usar ataques especiales mientras avanzamos por los escenarios.
También resulta interesante el sistema de experiencia. Encadenar eliminaciones con el mismo personaje permite obtener bonificaciones, por lo que incluso acabar con enemigos puede convertirse en una pequeña decisión estratégica. El problema aparece cuando esta mecánica se combina con el escalado de los enemigos.

Resulta un poco incómodo que una mala distribución de los puntos de experiencia acabe provocando desajustes. No es culpa del juego, por supuesto, pero es complicado renivelar a tu equipo cuando avanzas demasiado, lo que puede provocar que ciertos segmentos sean un tanto frustrantes pese a que el sistema de progresión sea bueno.
A fin de cuentas, cambiar de clase es algo más que ganar números. Las unidades cambian notablemente al pasar de una clase a otra, más todavía si tenemos en cuenta que existen diferentes rutas y mejoras opcionales que te brindan incluso más libertad a la hora de hacer tu propia build.
Una de fantasía épica tradicional
El escenario, todo sea dicho, es de fantasía épica tradicional, aunque hay un detalle que quizá no guste a muchos: el juego ha utilizado IA generativa en su base. Aunque su equipo luego lo editó todo de manera manual, es cierto que la dirección artística se siente algo genérica por este mismo tema.

No destila tanta personalidad como nos habría gustado teniendo en cuenta que el sistema es bueno y que los personajes, a nivel narrativo, tienen gancho. Como incorpora un sistema de relaciones y decisiones, puedes alterar ciertos elementos de la historia, por lo que ver todo eso acompañado de un arte no tan personal le resta algunos puntos.
No todo está al mismo nivel. Hay elementos visuales que presentan acabados irregulares y algunas animaciones no terminan de integrarse con la misma naturalidad que el resto de la dirección artística. El ritmo, eso sí, es deliberadamente clásico. Hay bastante diálogo y a veces le cuesta arrancar, aunque es algo con lo que yo no he tenido problema debido a que disfruto mucho de este arquetipo narrativo.
Para quienes busquen una campaña constantemente cargada de combates puede hacerse lento. En cambio, quienes disfruten del componente narrativo de los RPG tácticos encontrarán aquí bastante más contenido del que cabría esperar. A esto se suman pequeños sistemas secundarios que aportan variedad, como Phantom Cards, un minijuego de cartas con sus propias estrategias y recompensas.
Conclusiones

En resumen, The Legend of Fancy Realm Remake es un buen juego de rol táctico. No reinventa ninguna rueda ni pretende hacerlo, pero es capaz de dotar de personalidad a su sistema para que se sienta como una experiencia propia dentro de sus particularidades. Su principal virtud está precisamente en entender qué funciona y construir sobre ello una aventura con suficiente profundidad como para mantenerte enganchado durante decenas de horas.
Sus problemas de equilibrio y algunos altibajos en la dirección artística impiden que todo funcione al mismo nivel. También hay momentos en los que el ritmo narrativo puede hacerse algo lento y determinados sistemas podrían estar mejor ajustados. Aun así, ninguna de estas cuestiones consigue eclipsar su sistema de combate.
Porque cuando las piezas encajan, The Legend of Fancy Realm Remake funciona realmente bien. Pensar cada movimiento, aprovechar las características del escenario, desarrollar a los personajes y encontrar la combinación adecuada de clases y habilidades es satisfactorio. Y, sobre todo, consigue algo que considero fundamental en un RPG táctico: que quieras seguir jugando para descubrir hasta dónde puedes llevar a tu equipo.


- Un sistema de combate profundo que consigue mantener el interés durante toda la aventura.
- La variedad de personajes hace que formar un equipo y combinar sus habilidades resulte muy divertido.
- El sistema de clases ofrece bastantes posibilidades para personalizar el desarrollo de cada unidad.
- Los escenarios están bien planteados y obligan a pensar antes de lanzarte de cabeza al combate.
- La progresión funciona realmente bien y hace que mejorar a los personajes resulte satisfactorio.
- La cantidad de contenido consigue justificar de sobra las muchas horas que puedes pasar jugando.

- El equilibrio presenta algunos problemas que hacen que ciertos personajes y escenarios estén poco ajustados.
- La dirección artística resulta algo genérica y no consigue transmitir toda la personalidad que tienen sus sistemas.
- El ritmo narrativo se resiente en algunos momentos, especialmente cuando acumula demasiado diálogo antes de volver a los combates.