Son muchos los juegos que te piden que permanezcas atento durante varias horas para mostrarte todo lo que tiene. Bueno, pues The Piper of Dawn necesita incluso más, porque tiene muchas cosas que ofrecer y enseñar. Desarrollado por Bone Nail, el juego se construye sobre una idea muy sencilla en el papel.
Empiezas cultivando tus propios recursos para luego fabricar distintos productos que usarás en la gestión de tu propia tienda mientras profundizas en las particularidades de tu ciudad. El caso es que es solo el principio. En realidad, The Piper of Dawn mezcla simulación, gestión, agricultura, alquimia, relaciones, decisiones narrativas y una estructura basada en ciclos temporales.
A esto tienes que sumarle otros sistemas secundarios. Algunos son muy típicos, como la pesca, mientras que otros son más raros, como el Black Jack. El caso es que el juego incorpora un montón de ideas y mecánicas que se incorporan poco a poco. He ahí tanto su gran fortaleza como su mayor defecto.
La curva de entrada es compleja y el juego solo está localizado al inglés, además del chino y el japonés, por lo que tienes que dominar uno de esos idiomas sí o sí. Como incorpora tantas mecánicas, hay muchos tutoriales, lo que agrava la curva de aprendizaje y el muro de entrada si no entiendes la lengua.
Es algo complejo de sobrellevar tanto por esa falta de traducciones como por la gran variedad de sistemas que incorpora. Si esto no es problema para ti, el juego parte con un punto muy a su favor si estás buscando un juego en el que puedas hacer un poco de todo dentro del terreno de la simulación.
Análisis de The Piper of Dawn

En ese sentido destaca, como es lógico, la agricultura. Hay más de cien cultivos diferentes, y cada uno tiene sus propias características. Luego puedes experimentar con ellos, lo que amplía todavía más sus posibilidades. Cuando agregas la alquimia, se vuelve un poco loca la cosa, por lo que tendrás que tener paciencia. Si la tienes, sí que merece la pena.
Porque ahí entra en juego la tienda. Todo lo que produces puede convertirse en un producto que pongas a la venta o para cumplir encargos que te abran más puertas para experimentar con más cosas y llegar más lejos. Al hacerlo, serás más conocido, lo que atraerá a nuevos clientes, más pedidos y tareas.
Y luego están los Peoplesprouts, trabajadores que podemos producir y asignar a diferentes tareas. Son unos seres a los que no sabría bien cómo descubrir, pero son tan raros como muchos de los diseños que el propio juego incorpora. Con un apartado gráfico muy a lo chibi con aire de anime, a veces es más raro que un perro verde.
Sea como fuere, la presencia de estos curritos hará que puedas optimizar muchos procesos, creando casi a veces un sistema automatizado que elimina el trabajo más repetitivo de forma relativamente temprana. Ahora bien, tendrás que gestionarlo con calma, porque cuidarles también será tarea tuya si no quieres que se vuelvan locos por exceso de trabajo.
Un simulador de tiendas anime

Llegados a este punto, ¿qué es The Piper of Dawn? Pues lo cierto es que podría decirse que es un gestor de tiendas con construcción de bases, agricultura y actividades secundarias que lo basa todo en la simulación y el control. Lo bueno es que, aunque trae muchos sistemas, no hace falta usarlos todos constantemente.
Hay diferentes maneras de progresar, por lo que puedes poner tus esfuerzos en distintos ámbitos si no quieres jugarte un all in que sinceramente no recomiendo, porque es sobrecogedor. A veces trae tantas opciones que hasta resulta frustrante. Hay que ir con calma, porque el juego puede llegar a saturarte si no lo haces.
El problema está en cómo presenta todo esto. Siendo sincero, es complejo. Al principio la narrativa tiene mucho peso. Hay muchos diálogos, se presentan numerosos personajes, hay distintos acontecimientos… El ritmo se acerca, quizá, al de una novela visual, pero dentro de un simulador.
Y esto puede chocar bastante al principio. Cuando vienes de otros simuladores en los que puedes pasar largos periodos simplemente gestionando tus cultivos, recursos o tienda, puedes sentir que tanta actividad junto a ese enfoque tan fuerte al inicio en la historia puede consumir demasiado espacio.
Un mundo a veces demasiado grande

No es algo que puedas dejar completamente de lado, porque buena parte de la progresión está relacionada con lo que ocurre en Diamond City. La ciudad, de hecho, termina siendo casi otro sistema más del juego. Hay diferentes facciones, personajes con sus propios intereses y situaciones que van cambiando a medida que avanzas.
Si a esto le sumas que hay un sistema de reputación y que nuestras decisiones pueden afectar a ciertos desarrollos, se complica incluso más. Por eso digo que su mundo puede ser demasiado grande y resultar en algo abrumador, especialmente con la barrera del idioma por delante.
Pese a ello, debo confesar que su apartado gráfico y su particular premisa me empujaron a continuar pese a que al principio me costó. Su colorida estética y su bizarro sentido de lo curioso provocan que su presentación sea, como poco, llamativa. The Piper of Dawn tiene una estética muy colorida y personajes con diseños adorables.
No obstante, debajo de toda esa pintura de personajes adorables hay una ambientación con un carácter mucho más oscuro de lo que cabría esperar. Hay cierto deje de misterio sobrenatural en su presentación. Y funciona. No porque la historia sea especialmente revolucionaria, sino porque consigue generar esa sensación de que siempre hay algo más que descubrir.
Una historia que necesita su espacio

Cuando terminas una tarea o desbloqueas una nueva posibilidad, no solo estás mejorando tu tienda. También estás avanzando un poco más en lo que ocurre alrededor. El problema es que esa apuesta narrativa también afecta al ritmo. Hay momentos en los que quieres continuar mejorando tu producción y, sin embargo, tienes que detenerte para avanzar en una conversación o acontecimiento.
En realidad, esto no tendría por qué ser algo negativo al uso, pero el problema nace debido a que no termina de encontrar el equilibrio. Pretende ser un simulador muy profundo con muchas variantes junto a una narrativa muy cargada. Esto provoca que se acaben molestando la una a la otra, ralentizando la progresión de ambas.
Que haya tanta información tampoco ayuda. Es necesario ser muy paciente, puesto que no es un juego que puedas entender en pocas horas. Hay que ir con calma. Cuando lo haces y sus piezas empiezan a encajar, todo se siente mejor tanto a nivel mecánico como narrativo.
Eso sí, no todo está igual de bien resuelto. Hay sistemas que podrían explicar mejor sus reglas y determinadas interfaces resultan algo más complicadas de lo necesario. Con tantos elementos en pantalla y tantas opciones disponibles, la poca claridad de su interfaz hace que todo sea demasiado obtuso por momentos.
Conclusiones

Al final, The Piper of Dawn es un juego interesante. La base es sólida. La tienda y la agricultura son interesantes y profundizan bien en su mecánica. Su manera de automatizar procesos hace que todo encaje mejor. Hay un juego que sabe lo que quiere y la alquimia agrega capas de juego interesantes.
El problema es que todo esto está acompañado de una curva de aprendizaje muy pronunciada y un constructo general que no cohesiona tan bien como debería. Al final el juego merece la pena, pero con matices. The Piper of Dawn no me parece un juego pensado para quien busque una experiencia sencilla o relajada en la que cultivar unas plantas, venderlas y desconectar.
Es algo que no cabría esperar viendo su apartado gráfico, pero así es. Aquí siempre hay algo más que aprender, algo más que fabricar o alguna nueva posibilidad que desbloquear. Precisamente por eso puede resultar tan satisfactorio cuando empiezas a entenderlo.
Creo que Bone Nail ha conseguido construir un simulador con personalidad propia, capaz de mezclar gestión, agricultura, alquimia y narrativa sin que ninguna de ellas sea completamente decorativa. No todo funciona al mismo nivel y algunos sistemas podrían estar mejor explicados, pero hay una profundidad real detrás de todas esas mecánicas.


- La cantidad de sistemas que incorpora y cómo terminan conectándose entre sí.
- La agricultura tiene suficiente profundidad como para convertirse en una parte importante de la partida.
- La tienda funciona muy bien como centro de toda nuestra progresión.
- Los Peoplesprouts permiten automatizar tareas y reducir bastante el trabajo más repetitivo.
- La ambientación mezcla muy bien su estética chibi con elementos mucho más oscuros.
- Diamond City tiene suficientes misterios y personajes como para querer seguir descubriendo qué ocurre.
- La alquimia amplía muchísimo las posibilidades cuando empiezas a entender cómo funciona.

- La enorme cantidad de sistemas puede resultar abrumadora durante las primeras horas.
- La falta de traducción al español aumenta todavía más una curva de aprendizaje bastante exigente.
- Algunas interfaces y mecánicas necesitan explicaciones más claras para entenderlas correctamente.