Como Stardew Valley, pero en el espacio. A lo Animal Crossing, pero de ciencia ficción. Un Harvest Moon con mucha tecnología. Seguramente, muchos habréis visto y leído decenas de comparativas entre Farlands (el protagonista de nuestro análisis de hoy) y otros simuladores de vida/granja junto a apuntes similares. Hasta cierto punto, son ciertas.
El título de Eric Rodriguez y JanduSoft bebe, indudablemente, de todos esos juegos, pero en realidad va mucho más allá de una simple reminiscencia a los grandes del género. Las influencias son claras, y se nota que su creador —seguramente muchos de vosotros le conozcáis mejor como Leyendas y Videojuegos— es fan del género.
Desde el primer minuto, Farlands es un homenaje a todas esas granjas que llevamos años diseñando, pero con personalidad propia. Aunque se lo ha comparado mucho con otros juegos, cosa que entiendo, lo realmente importante es que no se queda en eso. Eric es capaz de darle identidad propia más allá del escenario.
No se siente como un juego diferente única y exclusivamente porque se desarrolle en el espacio, sino porque reformula algunas de sus bases jugables más importantes y le da un giro de 180 grados a otras tantas, haciendo que, a nivel mecánico y narrativo, no sea más de lo mismo. No es un «copia y pega» que busca recrear el éxito de ConcernedApe.
Análisis de Farlands, un precioso simulador de vida espacial
En su origen, Farlands se construye sobre la identidad general de los simuladores. Es decir, somos un granjero que acaba de adquirir un terreno de una u otra manera y que debe empezar desde cero en un emplazamiento abandonado. En este caso, un planeta perdido de la mano de Dios que parece más una estafa que una oportunidad.
Tras dejarnos muy claro desde el principio que la suya es una historia con mucho metachiste respecto al propio género y no pocos diálogos con un toque muy paródico, empezamos nuestra aventura. Tras conseguir nuestras primeras herramientas, reparar a nuestro gato-robot ayudante y descubrir que tenemos un procesador capaz de construir casi cualquier cosa siempre y cuando tengamos la receta y las piezas, empezamos.
Hacha, pico, azada y regadera son nuestros primeros aliados. Las semillas, disponibles a través de un comerciante espacial que no tarda en presentarse, nuestra primera forma de ganar dinero. Una parodia de Amazon con forma de baúl de recogida es nuestra fuente de ingresos. Poco después sumamos a la ecuación una caña de pescar y un atrapa-bichos, además de nuestra primera misión: salvar nuestro sistema.

Farlands, desde el principio, nos ofrece una doble tarea con la que incentivar nuestra partida. En otras palabras, nos da un objetivo real que nos «obligue» a seguir jugando más allá de nuestras propias motivaciones personales. Tras conocer a nuestros extraños vecinos, descubrimos que una empresa está intentando ‘destruir’ el sistema para hacerse con sus recursos.
Un universo repleto de color
La única manera de evitarlo es que se convierta en un sistema protegido y, para ello, debemos entregarle distintos elementos naturales a una especie de protectores interplanetarios que se dedican a cuidar de los sistemas cuya biodiversidad justifique su intervención. Así es, es como el museo de Stardew Valley, pero con recursos naturales.
De planteamiento sencillo, nos brinda la excusa narrativa perfecta para seguir nuestro día a día mientras hacemos que nuestra granja crezca. Sobre esta, la base es similar a lo que ya hemos visto, pero con una dirección artística bastante única gracias a su ambientación espacial.
Esto, aunque no lo parezca, le da mucha identidad. No es lo único. Si bien es cierto que el creador de personajes es más escueto de lo que nos habría gustado, el estilo gráfico y las animaciones no son un refrito de lo que ya hemos visto. Tampoco los assets. Ya he visto muchos simuladores que reciclan o imitan los de Stardew o Animal Crossing. Este no es así.




Se nota que Farlands es un juego hecho desde el cariño personal, ya que destila personalidad por todos sus poros. Bien pertrechado de una dirección artística que a mí me ha dejado muy buenas sensaciones en todo momento y unos personajes con unos diseños superchulos, es uno de esos juegos que entra por los ojos.
Por suerte, no es su única virtud, y es que también cambia el clásico sistema de granja del pueblo. Aunque la relación con nuestros vecinos es similar a la de otros juegos, en este caso no vivimos junto a ellos. Nuestra granja está en un pequeño planeta bastante solitario. Nuestros compañeros de sistema viven en otros lugares.
Odisea en el espacio… con mi granja
¿Y esto qué significa? Que tendremos que ir de planeta en planeta con nuestra nave espacial para confraternizar con ellos, cumplir misiones, mejorar nuestras herramientas, adquirir nuevas capacidades para nuestro vehículo… Sobre el papel es una maravilla, aunque debo confesar que la gestión del tiempo en este apartado no la he digerido del todo bien.




Farlands tiene la típica barra de energía de los simuladores de granja y su propio reloj. Si llegan las 02:00 AM, el día se acaba, y si nos pilla fuera, no dormiremos bien y no recuperaremos demasiada energía. El problema es que viajar entre planetas no solo consume recursos (tenemos que recargar su batería con piedras, madera, etc., al menos al principio), sino que también quema mucho tiempo.
Ir al planeta vecino son varias horas (no en tiempo real, sino de juego), lo que provoca que a veces la gestión del tiempo sea demasiado dura y te deje con la sensación de que te falten horas por todos lados. Sobre el papel es una idea muy interesante, pero en la práctica su gestión se hace algo engorrosa por esa sensación de «no doy a todo».
Lo bueno es que, como la nave tiene una cama, puedes hacer viajes de manera algo más tranquila, y hasta le da cierto aire aventurero a la experiencia. Le sienta muy bien, puesto que la sensación de que siempre hay algo que hacer es constante. Y esto lo digo en el buen sentido.
Análisis de Farlands: conclusiones




Tras varias horas gestionando mi propia granja en el espacio, desbloqueando recetas, construyendo aparatitos con los que hacerme la vida más fácil y cultivando cosechas alienígenas, mis sensaciones son muy positivas. El juego me ha gustado mucho. No solo me parece bueno, sino que, además, destila cariño. Se nota que hay amor detrás.
Es entretenido, tiene bastantes cosas que hacer, su estilo gráfico es llamativo, las parodias que tira están bien llevadas, ofrece cosas no tan habituales y mide bien los tiempos narrativos. Su argumento tampoco es nada del otro mundo, pero convence y se deja llevar. La gestión del tiempo es rara con el tema de la nave, pero, a su vez, le da un toque extra.
Así que sí, si te gustan los simuladores de vida y granja, Farlands me parece una opción estupenda. Además, este análisis se ha lanzado con motivo de la llegada de su versión 1.0, por lo que ahora también lo tenéis en consolas como Nintendo Switch. En conclusión, merece la pena. Bastante.


- Es un juego que logra tener identidad propia, tanto en lo gráfico como lo mecánico.
- Su dirección artística es muy llamativa. Eso de tener una granja alienígena en un mundo de ciencia ficción mola.
- La exploración de planetas le da cierto toque aventurero que le sienta muy bien.
- Los metachistes, la parodia, su tono desenfadado, etc. están muy bien integrados.
- La sensación de que siempre hay algo que hacer mantiene el interés.
- Se nota que le han puesto mucho cariño al juego.

- La gestión del tiempo con los viajes en nave espacial.
- El creador de personajes es un poco escueto.