La simulación agrícola ha ganado mucho peso con el paso de los últimos años. Se dice que Stardew Valley revolucionó el género, y hasta cierto punto es cierto, pero también es verdad que lleva muchos años dando de sí. No obstante, parece que su llegada abrió la puerta a otros muchos indies que también querían su sitio.
Muchos se quedaron en un intento, y es que no fueron capaces de innovar lo suficiente. O de ofrecer algo diferente. Por suerte, Doloc Town no pertenece a ese grupo. Lo nuevo de RedSaw Game Studios ha llegado al mercado con ese toque de simulación que tanto nos gusta, pero con mucho de aventura, plataforma… y construcción vertical.
Sobre el papel podría parecer otro cozy game de granjas con estética pixel art minimalista y mecánicas de construcción, pesca, farmeo, crafteo, cocina y relaciones sociales. Y lo es, pero a su manera. Con solo jugar unos minutos te das cuenta de que es un juego con personalidad propia.
Para empezar, porque apuesta por un carácter distópico de ciencia ficción en el que la civilización ha sido destruida tras una gran guerra. La naturaleza ha perdido su brillo y las lluvias ácidas están a la orden del día, junto a otros extraños fenómenos. Las ruinas de edificios son una constante y la «sociedad» sobrevive como puede.
Una pequeña comunidad construida en torno a las ruinas, entre contenedores y trenes abandonados, es uno de los reductos que lo hacen. Es así como ese Stardew Valley en el que podría decirse que se inspira acaba siendo algo propio, casi como si lo hubieses pintado con la ambientación de Fallout y le hubieses dado un toque de Terraria. Pero a su estilo.
Análisis de Doloc Town

En su jugabilidad sí que reconocemos varios elementos propios del género. Hay que recoger materiales por aquí y por allá, conseguir semillas, cultivar, cosechar y vender, fabricar herramientas y productos, etc., mientras vamos mejorando nuestra granja progresivamente.
A esto se le une un componente de exploración y combate con mucha ciencia ficción en la que hasta podemos construirnos una moto voladora y una torreta automática que nos sigue allá por donde vayamos, abriendo fuego a diestro y siniestro contra las extrañas criaturas que ahora pueblan el mundo.
Habrá ganadería, cocina, pesca e investigación. Desarrollo de tecnologías y otros elementos muy similares que ya conoceréis, pero en desplazamiento lateral. Es una mezcla curiosa de ideas y géneros que, lejos de lo que cabría esperar, acaba funcionando. Están bien unidos los unos a los otros.

Además, establece diferencias importantes. Por ejemplo, el clima ya no es solo un «hoy no me toca regar». La lluvia ácida y otros fenómenos pueden afectar a los cultivos y al resto de construcciones, por lo que hay que planificar nuestras construcciones teniendo esto en mente. La agricultura es más que un planto y cosecho. Tiene cierto componente estratégico.
Si a esto le sumamos el hecho de que tenemos algo así como árboles de habilidades de agricultura, industria y vida, podríamos incluso hablar de un RPG de desplazamiento lateral y mapeado tipo Hollow Knight que le da tanta importancia al combate (sin que este sea demasiado espectacular) como al diseño de nuestra granja.
Un mundo postapocalíptico
De hecho, las batallas se sienten bastante básicas, y no llegan a ser demasiado trepidantes o atractivas. Son más bien un escollo que debemos superar que, en lo personal, tampoco me aportan demasiado. Lo aleja un poco de la premisa inicial, pero encaja en ese concepto de supervivencia postapocalíptica que integra.

A esto se suma el reciclaje, que convierte prácticamente cualquier objeto encontrado durante nuestras expediciones en un recurso potencialmente útil. Esta combinación funciona especialmente bien porque convierte la exploración en una parte importante de la economía de la granja.
No sales al exterior únicamente para cumplir una misión. También buscas materiales, descubres zonas nuevas, recoges objetos y encuentras recursos que permiten seguir mejorando tu pequeño hogar. El diseño lateral del mundo ayuda bastante. Doloc Town no apuesta por la habitual perspectiva cenital de muchos simuladores agrícolas.
Su estructura en 2D permite construir hacia arriba mediante plataformas y aprovechar el escenario de una manera bastante diferente. Es una decisión sencilla, pero suficiente para darle personalidad. Más todavía dentro de un género que a veces se siente demasiado trillado en propuestas idénticas. Esta no lo es.
Explorar también merece la pena

Así pues, el juego nos ofrece una exploración bastante curiosa que acaba dando mucho de sí, pero que a veces se atasca por culpa de ese combate. El dron del que os hablé solo dispara a lo que esté a su altura, por lo que nuestro movimiento es lo mismo que el apuntado.
Se puede ajustar y utilizar de manera automática o manual. Sobre el papel es algo bastante curioso, pero en la práctica se resiente. Es de lo que menos me ha convencido, la verdad. El dron no se desplaza libremente para atacar, por lo que tenemos que movernos constantemente para conseguir que sus disparos alcancen a determinados enemigos.
¿Y esto qué significa? Pues que mecánicamente acaba resultando en una experiencia un tanto torpe. Es incómodo, incluso. Al final acabé optando por el automático, ya que ir dando tumbos por ahí no me aportaba demasiado. Es una apreciación personal, por lo que no diría que es algo bueno o malo. Simple y llanamente, a mí esta parte no me ha gustado.

Sea como fuere, si no te llama, tampoco es que esto arruine la experiencia, pues el combate no es nunca el núcleo del juego. Es un complemento de la exploración que pretende añadir variedad, pero que termina claramente por debajo de otras de sus mecánicas como pueden ser la construcción o la agricultura.
Luego, en un punto medio encontramos a los NPC. Son un buen complemento, y su presencia es bien recibida, ya que tienen sus propias historias y rutinas, pero les falta algo de profundidad. Pese a ello, conocerlos es entretenido, y acaban ofreciendo diálogos y contrastes interesantes. Merece la pena conocerlos, la verdad.
Mucho contenido y una progresión muy agradecida
Así que sí, es un punto que, aun con sus menos, resulta en algo positivo. Lo bueno es que, si esto no te llama, no hay problema, ya que Doloc Town tiene un montón de contenido. Es un juego al que podrás echarle cientos de horas pese a que su interfaz y sus menús no siempre son del todo cómodos.

Pero se acepta, y es que tiene una agricultura y una construcción geniales, así como un sistema de automatización que le sienta a las mil maravillas. Al principio resulta divertido encargarse personalmente de cada tarea, pero conforme aumenta la producción, determinadas labores empiezan a convertirse en una rutina.
Poder delegar parte del trabajo permite dedicar más tiempo a explorar, completar misiones o mejorar el pueblo. La progresión también consigue generar ese efecto tan peligroso de los buenos farming sims: entras pensando en que vas a jugar solo un ratito y cuando te das cuenta… pues ha pasado toda la tarde.
Y es que aquí siempre tienes algo que hacer, construir o mejorar. Una nueva herramienta que fabricar, una máquina que desbloquear, una zona que explorar, una semilla que investigar o una misión que completar. No llega al nivel de Terraria, y es que eso ya es casi (en el buen sentido) enfermizo, pero no está nada mal.
No es oro todo lo que brilla en Doloc Town

A lo dicho anteriormente podemos sumar, eso sí, algunos elementos que estaría bien que retocasen. Para empezar, la gestión del inventario es un tanto incómoda. El movimiento de ítems entre cofres y estaciones de fabricación no es agradable, ya que necesitas realizar demasiados procesos manuales.
También existe cierta sobrecarga inicial. Doloc Town introduce muchas mecánicas en muy poco tiempo: agricultura, construcción, fabricación, climatología, exploración, tecnología, relaciones, pesca, combate y un largo etcétera. La curva de entrada es dura de gestionar, sobre todo si no tienes experiencia.
La sensación durante las primeras horas puede ser la de tener demasiadas cosas pendientes simultáneamente. La buena noticia es que esta sensación desaparece bastante cuando entiendes sus prioridades. No tienes que hacerlo todo inmediatamente. El juego mejora mucho cuando aceptas su ritmo y empiezas a organizar tus días según tus propios objetivos.
Y luego está el combate. No es desastroso, pero sí se siente claramente menos pulido que el resto. En un juego que funciona tan bien en agricultura, exploración y construcción, resulta una pena que uno de sus sistemas secundarios tenga una ejecución tan irregular.
Un juego simplemente precioso

Dicho esto, hablemos de la dirección artística. Si lleváis un tiempo siguiéndonos, sabréis que en la redacción somos muy fans del pixel art, por lo que no creo que sorprendamos a nadie si decimos que el juego nos ha encantado. Tiene un encanto que… Es precioso, la verdad, y tiene mucha vida.
El contraste entre la belleza y el desgaste de un mundo venido a menos es simplemente genial. Funciona muy bien. Hay ruinas, estructuras oxidadas, vegetación, construcciones improvisadas y paisajes mucho más bonitos de lo que cabría esperar de un escenario posapocalíptico.
La banda sonora tampoco busca llamar constantemente la atención. Prefiere acompañar la experiencia con melodías tranquilas y sonidos ambientales que encajan perfectamente con sus momentos de calma. Y quizá esa sea la mejor manera de definir Doloc Town: un juego acogedor que entiende que un mundo destruido no tiene por qué ser un mundo triste.
Conclusiones

No se puede decir que Doloc Town invente el género ni cambie nada en concreto. Utiliza cosas que ya hemos visto, y es que la construcción vertical o la exploración que aporta ya las hemos vivido. Pese a ello, el juego logra sentirse único a su manera. Tiene muchas virtudes, así como horas de contenido.
Es un juego con personalidad. El diseño de su mundo es interesante y la ambientación tiene gancho. Rebosa de opciones, y es que puedes hacer un poco de todo. Cuesta entrar, pero cuando le pillas el punto, se deja querer. El combate, las interfaces y el inventario son sus puntos débiles, pero la construcción, la exploración y la agricultura suman muchos puntos.
Entiende bien su propuesta y ofrece una experiencia divertida y con carisma. Se disfruta mucho. La pena es que no viene en español, por lo que si no se te dan bien los idiomas, es posible que te cueste pillarle el punto. Si no es así, es un juego bastante interesante.


- La mezcla de agricultura, exploración y construcción vertical consigue darle una personalidad propia dentro del género.
- La ambientación postapocalíptica funciona especialmente bien y aporta un contexto diferente a una fórmula ya conocida.
- La construcción y automatización son dos de sus grandes virtudes, especialmente cuando la producción empieza a crecer.
- El mundo en 2D permite aprovechar el escenario de una forma diferente y bastante más interesante.
- Tiene muchísimo contenido y siempre hay algo nuevo que construir, mejorar, investigar o descubrir.
- Su apartado artístico es precioso, con un pixel art lleno de vida, personalidad y pequeños detalles.

- El combate se siente bastante básico y termina siendo claramente inferior al resto de sistemas del juego.
- La gestión del inventario resulta incómoda, especialmente al mover objetos entre cofres y estaciones de fabricación.
- La cantidad de mecánicas durante las primeras horas puede resultar excesiva y dificultar bastante la entrada.
- El sistema de apuntado del dron resulta torpe y obliga a moverse constantemente para acertar.