Análisis de Despot’s Game | Sacrificar humanos como estrategia de vida

Os traemos nuestro análisis de Despot's Game, un roguelike estratégico en el que sacrificar humanos para ganar es obligatorio... y divertido

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Siendo sincero, no esperaba encontrarme con un juego tan diferente en mi análisis de Despot’s Game. Sin duda, ha sido toda una sorpresa, y si bien es cierto que llevaba mucho tiempo siguiéndole la pista, no ha sido hasta que lo he probado que me ha terminado de romper la cabeza en cuatro. Y es que, sin realizar grandes alardes, Konfa Games (desarrolladora) y tinyBuild (distribuidora) han logrado sorprenderme a más no poder.

Lo han hecho a través de una premisa bastante sencilla. A grandes rasgos, una super Inteligencia Artificial ha esclavizado a la humanidad al tiempo en que intenta descubrir más sobre esta. Sin un ápice de piedad, nos lanza a una suerte de mazmorra procedural en donde un pequeño grupo de humanos tendrá que luchar por su supervivencia. Todo para realizar sus macabros experimentos.

Así pues, de golpe y porrazo, sin demasiadas explicaciones, nos despertamos (hay varios modos de juego que cambian tanto el desarrollo de la partida como su dificultad o los humanos iniciales) en una sala con una sola puerta. Esto es así siempre, ya que esta sala es el origen de nuestras aventuras. Como tales, controlaremos a un pequeño grupo de humanos sin mayor importancia.

Análisis de Despot’s Game

Análisis de Despot's Game
Análisis de Despot’s Game | Habrá eventos de texto que nos ofrezcan datos sobre la historia con pequeñas misiones de lo más singulares.

En efecto, aquí no existen las individualidades. Pese a que nuestros humanos tienen nombre propio, en poco menos de unos minutos nos daremos cuenta de que esto no tiene importancia. La IA es malvada, pero nosotros lo somos todavía más, porque nos mimetizamos enseguida con su dinámica y nos lanzamos al caos sin pensárnoslo dos veces.

Bajo este pretexto iremos avanzando por esa misma mazmorra mientras vamos construyendo un ejército de humanos al más puro estilo monigote con una única característica. Eso sí, su apariencia cambia según el arma o equipo que lleve equipado. Y es que, tal y como habréis podido intuir, nos encontramos frente a una suerte de rogue-lite de aventuras con mecánica de construcción de mazos.

No obstante, en esta ocasión el mazo no se compone de cartas, sino de humanos equipados con escudos, guantes de boxeo, neveras, anillos mágicos, pistolas láser, motosierras y toda clase de armas, a cada cual más inverosímil que la anterior. Junto con ellos nos lanzaremos a la aventura… en el peor de los sentidos.

Un mundo mortal y una IA con una moral bastante… laxa

Análisis de Despot's Game
Análisis de Despot’s Game | Estos mismos eventos conversacionales a veces ofrecerán diferentes opciones con distintas posibilidades

Entiendo que, llegados a este punto, todo puede resultar muy confuso. Así pues, como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes. En primer lugar, ¿qué podemos inferir de todo lo que hemos dicho con anterioridad? Pues que la narrativa es más bien opaca, que el guion es muy sencillo y que la trama es macabramente divertida. De esta manera, nos encontramos con un juego que no da demasiados datos sobre la historia, pero que interviene de manera regular a través de eventos con diferentes opciones de diálogo que generarán unos efectos u otros.

Es más, poco a poco, Despot’s Games nos va dando contextos situacionales y pinceladas de guion que en realidad no nos importan nada. De una u otra forma, acabamos dejando el argumento a un lado y nos centramos única y exclusivamente en su muy adictiva jugabilidad. A fin de cuentas, «el juego de los déspotas» se basa en eso. En engancharnos una y otra vez haciéndonos pensar que la próxima vez irá mejor.

Lo que no sabemos es que, cuanto más avanzamos, más loco se vuelve todo. En nuestra aventura empezamos con un grupo más bien reducido de humanos. Sin embargo, conforme vamos avanzando, este grupo va aumentando a través de una serie de tiendas que aparecen entre sala de mazmorra y sala de mazmorra. A través de las tiendas podremos comprar nuevos humanos y armas, mejorando la calidad de las segundas a medida que la mejoramos y progresamos.

Mutaciones, combates a muerte y un grupo de humanos prescindibles

Análisis de Despot's Game
Análisis de Despot’s Game | El árbol de mutaciones nos ofrece diferentes mejoras, aunque muchas de ellas las podemos obtener a través de salas y eventos.

Lo bueno es que, dentro de que existe cierto grado de aleatoriedad, controlamos casi todo antes del combate, ya que este último sí que es automático. Sea como fuere, si la tienda no nos gusta, podemos cambiarla, empleando en el proceso «piezas». Las piezas son la moneda del juego y sirven para comprar humanos, armas, comida y mejoras mutágenas. Estas dos últimas, por cierto, son muy importantes. Al ser un ejército de humanos, necesitamos que coman, ya que de otra manera su rendimiento baja.

Es más, si alcanzan el grado máximo de hambre, nos tocará sacrificar a algunos humanos para obtener alimento suficiente para los demás hasta que lleguemos a otra tienda de comida. Por suerte, el sistema es bastante sencillo, tanto este como el de las armas y los mutágenos. Y esa es otra: los mutágenos. Tal y como su propio indica, son mutaciones que podemos comprar para aumentar el potencial de nuestros humanos mediante mejoras de ADN.

Con todos estos elementos ya hemos construido el cuerpo general del juego. Y sí, es muy sencillo. He ahí la magia de Despot’s Games. En la práctica es un juego extremadamente sencillo que no requiere mucho. Es fácil aprender a jugar y todavía más fácil engancharse a su premisa procedural. Empero, esto no es tan simple, puesto que es un juego muy estratégico que requiere de mucha prueba y aprendizaje. O lo que es lo mismo: es difícil.

Análisis de Despot’s Game | Una obra magistralmente oscura y entretenida

De una u otra forma, la obra de Konfa Games nos lleva hasta el límite de nuestras posibilidades a través de un gameplay que no deja de evolucionar en cada sala y mazmorra. Lo que al principio es un grupo de 4 humanos, pronto se convierte en una panda de 30 seres rosados que acaban degenerando en todo un ejército de decenas y decenas de criaturas prescindibles.

La cosa es que, aunque son prescindibles, perder a uno de ellos no es divertido. SObre todo cuando ha subido varios niveles, lo cual aumenta su rendimiento, o lleva un arma especialmente buena. Cuando mueren, los humanos suelen dejar sus armas, pero a veces se pierden, y esto puede ser doloroso. ¿Quién querría que su magical girl muera devorada por un perro sin ojos o su usuario de espada láser termine siendo carbonizado por un robot gigante?

Nadie, pero menos todavía si no encontramos a un sustituto. Esta sensación es muy curiosa, ya que te obliga a no apegarte demasiado a tus personajes, pero tampoco te permite desentenderte de ellos. Así pues, toca encontrar el equilibrio entre healers y supports con tanques y DPS tanto a distancia como a melé, todos ellos con sus propias características.

Todo ello mientras te conviertes tú mismo en el déspota que termina sacrificando a todo humano necesario para alcanzar el final de la mazmorra y alcanzar la tan ansiada victoria… solo para desbloquear otro modo de juego con el que volver a reventarte la cabeza con sus decenas de posibilidades o pillarte el nuevo DLC que suma nuevas misiones.

  • Su malvado sentido del humor.
  • El apartado gráfico es simple, pero muy llamativo.
  • La jugabilidad es desafiante, pero engancha. Fácil de jugar, difícil de dominar.
  • La relación calidad-precio-duración es excelsa.
  • Es bastante único en su género y no hay muchos juegos parecidos que sean notablemente superiores.
  • La curva de dificultad puede ser un poco exagerada.
  • Hay cosas que se quedan sin explicar y se aprenden a base de prueba y error.
  • Falta contexto situacional al principio para situarnos.
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