Cuando tienes una edad, y has crecido con ciertos juegos, la nostalgia siempre hace mucho a la hora de valorar una experiencia, pero… ¿Qué sucede cuando no probaste la original? Pues eso es lo que me ha pasado a mí, precisamente, con Defender of the Crown: The Legend Returns.
Si soy totalmente sincero con vosotros, no conocía la saga. No sabía ni que existía. Al final, por muchos años que llevemos jugando, siempre hay títulos o franquicias que se nos escapan. Es por eso que mi análisis del juego no trae la visión de un veterano de la saga, sino la de alguien que se acaba de iniciar en ella.
O lo que es lo mismo, ¿consigue adaptar su fórmula clásica para aquellos que no podemos dejarnos llevar por los recuerdos? Por supuesto, he investigado un poco, y he visto cuáles son sus principales diferencias, pero he creído conveniente centrarme más en qué he sentido como nuevo jugador que en otra cosa.
Análisis de Defender of the Crown: The Legend Returns: una estrategia diferente
De buenas a primeras, no es un juego difícil de entender. Arrancamos controlando un territorio cualquiera del país con no otro objetivo más que el de hacerse con la corona de toda Inglaterra. Gestionando los recursos de nuestro dominio, y de los que adquiramos con el tiempo, gestionaremos nuestro ejército, buscando una expansión cada vez más agresiva.
En el proceso nos tendremos que enfrentar a otros señores feudales a través de un sistema de turnos sencillo, pero efectivo. En cada uno de ellos podremos reclutar soldados, atacar provincias, organizar actividades o intentar conseguir más recursos. Se podría decir que es un título de gestión y estrategia en el que tenemos que saber cómo invertir nuestro tiempo y ejército.
No puedo decir que a nivel táctico sea complejo. Es un juego de estrategia sencillo que divide su acción, eso sí, en tres modos de juego diferentes:
Classic
Classic es probablemente el mejor punto de entrada para un jugador nuevo. Es el modo que más se centra en la estrategia territorial tradicional del juego. Elegimos un personaje, comenzamos con un territorio y tenemos que ir conquistando las regiones controladas por otros señores. Entre cada enfrentamiento podemos gestionar nuestro ejército y decidir dónde queremos concentrar nuestros esfuerzos.
Retro
Retro, por su parte, está pensado para quienes quieran disfrutar de una experiencia más cercana al planteamiento original. Desde mi perspectiva, al no haber jugado anteriormente a la saga, es el modo que menos me ha interesado. No porque funcione necesariamente mal, sino porque Classic resulta más cómodo para descubrir las mecánicas y entender qué pretende hacer el juego.
Kingdom
El más diferente es Kingdom. Aquí la estructura se acerca más a un roguelite. Avanzamos por un mapa, encontramos diferentes situaciones y utilizamos cartas y dados para resolver los enfrentamientos. Las decisiones durante la partida tienen bastante peso, pero también existe un componente de azar que puede cambiar completamente una situación. Además, las partidas tienen una duración más contenida, lo que hace que resulte más sencillo echar otra partida después de perder.
En Kingdom podemos encontrar combates, asedios, torneos y diferentes eventos, mientras vamos consiguiendo nuevas cartas y ventajas. Esto hace que cada partida tenga pequeñas diferencias y que exista cierta sensación de progresión. Es, además, el modo que más me ha invitado a repetir partidas una vez terminada una campaña, aunque también es donde más he echado en falta una mayor variedad de situaciones.
Un sistema sencillo que acabará exigiéndote más de lo que parece

Sea como fuere, la estrategia en todos es bastante sencilla a nivel conceptual. No obstante, a medida que avanzas en tu conquista, se acaba volviendo relativamente exigente. Sobre todo a la hora de controlar el mapa. Defender of the Crown: The Legend Returns no va solo de sumar territorios sin parar.
Aprender a entender qué zona queremos, quiénes serán los enemigos que tengamos a nuestro alrededor, cuántas unidades podemos destinar a cada zona… Me recuerda un poco al Risk, la verdad, pero en formato videojuego y con más variables. Eso sí, aquí solo podemos actuar directamente con un señor cada vez, por lo que hay que pensar bien dónde queremos intervenir y cuándo conviene pasar de atacar a defender.
Lo malo es que el juego no siempre es todo lo claro que debería. Sus tutoriales no están del todo bien diseñados, o esa es la sensación que me han dado. Cuando intentas comprender cómo funcionan ciertos apartados, es inevitable sentir que algunas explicaciones son demasiado parcas. Es como que hay cosas que se quedan colgando.

La cantidad de unidades, las estrategias empleadas y otras variables pueden influir en una batalla, pero durante las primeras partidas cuesta saber exactamente qué estamos haciendo bien o mal. No sé si es algo que ocurriría en el original, pero en esta nueva versión se me ha hecho bastante evidente.
A la conquista de Inglaterra
Por lo tanto, la dificultad a veces no está tanto en el sistema, sino en la capacidad de entenderlo todo de buenas a primeras y que luego no te afecte. Por supuesto, cuanto más tiempo juegues, menos importante es. Al final lo acabas entendiendo todo, pero cuesta, y creo que es algo en lo que deberían invertir algún que otro parche.
Sea como fuere, debo confesar que he dedicado casi todo mi tiempo al modo Kingdom. Como no me tiraba tanto el factor nostalgia, he ido casi siempre a lo que se sentía más actual, y era este. Como tiene una estructura diferente con una campaña más tipo roguelite, la progresión es más dinámica.

Con tiradas de dados y cartas, tenemos que avanzar por el mapa mientras superamos encuentros y derrotamos a diferentes señores feudales. Los combates van con los dados, siendo nuestro ejército el que determina cuántos tenemos, y las cartas son una manera de alterar la táctica que se está ejecutando.
Es un sistema más dinámico que el del juego original y debo confesar que me ha gustado. La curva de progresión está bien medida, aunque tampoco puedo decir que sea especialmente innovador. Sobre el papel es algo que ya hemos visto en otras ocasiones, pero quizá no tan profundo como debería.
Si lo comparas con otros roguelites, lo cierto es que no hay una variedad de cartas y situaciones demasiado amplia. Se acaba volviendo un tanto repetitivo y solo en unas horas ya eres capaz casi de conocer todas las variables a las que te puedas enfrentar. Si quieren que Defender of the Crown: The Legend Returns triunfe, necesita mayor amplitud. Eso sí: la base es buena.
Conclusiones



Lo bueno es que su carácter clásico remodelado le da un apartado artístico con bastante personalidad, en el que ese diseño pixelizado con ilustraciones más detalladas genera buenos contrastes. La presentación medieval es buena y el juego es resultón. Pese a no tener grandes efectos, tiene su toque. Es llamativo a su manera si te gustan los enfoques clásicos.
Sea como fuere, tampoco diré que esto lo arregla todo. Defender of the Crown: The Legend Returns tiene buenas ideas, pero no siempre las desarrolla con la profundidad que debería. Los modos de conquista funcionan, la estrategia mola y su enfoque general es bueno, pero la curva de entrada es demasiado elevada y necesita más complejidad en late game.
Es entretenido, pero limitado. Y no, no necesitas conocer el juego original para disfrutarlo. Tiene una base estratégica interesante y momentos realmente divertidos, pero su falta de profundidad y claridad terminan pesando. Defender of the Crown: The Legend Returns es una experiencia correcta para quienes busquen una estrategia medieval sencilla y con personalidad.
Tiene suficiente contenido para descubrir sus sistemas y disfrutar varias partidas, pero cuesta encontrar motivos para seguir jugando durante mucho tiempo una vez entendida su propuesta. Sus mejores ideas funcionan, aunque habría necesitado desarrollarlas bastante más para convertirse en una experiencia realmente destacable.

- Kingdom ofrece una estructura más dinámica y entretenida, siendo el modo que más invita a repetir partidas.
- La estrategia resulta sencilla de entender, pero consigue exigir bastante cuando empiezas a controlar territorios.
- El apartado artístico tiene personalidad y combina bien el diseño pixelizado con ilustraciones más detalladas.
- La progresión está bien medida y hace que aprender sus sistemas resulte bastante satisfactorio.
- No necesitas conocer el juego original para disfrutar de su propuesta estratégica y medieval.
- Los diferentes modos aportan variedad suficiente para descubrir distintas formas de jugar.

- Los tutoriales explican algunas mecánicas de forma demasiado parca, haciendo complicado entender qué estamos haciendo bien.
- La variedad de cartas y situaciones termina quedándose corta, provocando cierta repetición después de varias horas.
- La propuesta necesita mayor profundidad en el tramo final para mantener el interés durante más tiempo.