‘X-Men: Fénix oscura’: review sin spoilers

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La última entrega del universo mutante más famoso de la historia del cine ya ha llegado a las salas de todo el país. Nosotros ya hemos visto X-Men: Fénix oscura y en esta entrada os contamos qué nos ha parecido.

Sinopsis

Esta vez los X-MEN se enfrentan a su enemigo más poderoso: uno de sus propios miembros, Jean Grey (Sophie Turner). Durante una misión de rescate en el espacio, Jean casi muere al ser alcanzada por una misteriosa fuerza cósmica. Cuando regresa a casa, esta fuerza no solo la ha hecho infinitamente más poderosa, también ahora es más inestable. Mientras lucha con la entidad que habita en su interior, Jean desata sus poderes de formas que no puede controlar ni comprender.

X-Men: Fénix oscura; un final agridulce

Otra vez los dichosos traumas infantiles. Pensad en ello. El mundo está plagado de hombres y mujeres sin escrúpulos, oscuros y apáticos, individuos que parecen no comprender el mundo en el que viven ni la importancia de coexistir con los demás. ¿Y todo ello por qué? Pues en muchas ocasiones porque en su interior radican ciertos problemas y conflictos que no obtuvieron una solución positiva en edades infantiles. Todo un drama.

Muchas cosas han cambiado desde que Disney se ha convertido en uno de los mayores conglomerados del entretenimiento audiovisual que existen; el mercado intenta resistir al monopolio que se abre ante la marca, Netflix procura hacerse fuerte sin sus series protagonizadas por personajes Marvelitas y 20th Century Fox trata de darle un final a los mutantes que acogió desde aquel lejano 2000. No obstante, el desenlace que propone Fox dista de ser lo que habríamos deseado, postulándose más bien como un punto y a parte a la espera de lo que la compañía del ratón sea capaz de hacer con la franquicia.

¿Con qué nos encontramos entonces al enfrentarnos a X-Men: Fénix oscura (Simon Kinberg, 2019)? Pues con una cinta carente de carisma y con una clara indecisión a la hora de ejecutar lo que propone. Y es que cuando Matthew Vaughn reinició la saga con X-Men: Primera Generación (2011) se encargó de asentar unas bases sobre las que pivotarían las siguientes entregas: renovar su dupla protagonista (impecables James McAvoy y Michael Fassbender) y minimizar, en su justa medida, la vertiente política que siempre había enfrentado a humanos y mutantes.

Así, en X-Men: Fénix oscura nos topamos con una película que se ve lastrada por sus defectos -no podemos olvidar los problemas que tuvo para salir adelante, reshoots incluidos-. Porque, aunque intente imprimir algo estimulante a través de su protagonista, todo se siente demasiado forzado y, sobre todo, poco acertado.

X-Men: Fénix oscura

Los defectos de X-Men: Fénix oscura

Como os avanzaba unas líneas más arriba, X-Men: Fénix oscura es una película poco inspirada, algo que se ve acentuado por sus múltiples defectos. Lo primero, y que más chirría, es el poco tino que se ha tenido a la hora de hilvanar la historia. Sin profundizar demasiado en el origen de la protagonista, la cinta se debate entre su lado más fantástico -la radiación cósmica- o su faceta más humana -su relación familiar-. Ambos aspectos se quedan a medio camino, sin intención de ser algo más ni obviar sus múltiples carencias narrativas.

Otra de las debilidades de la cinta, por mucho que me pese pues soy fan incondicional, es la villana interpretada por Jessica Chastain. La actriz estadounidense nos ha demostrado en sobradas ocasiones su buen hacer interpretativo, algo que no se replica aquí al apostar por una villana arquetípica claramente decadente -algo similar a lo de Oscar Isaac en X-Men: Apocalipsis (Bryan Singer, 2016)-.

Y aunque Sophie Turner sí está bastante acertada, a pesar de que ciertos momentos parecen algo impostados ella los resuelve con soltura, el elenco no acaba de estar a la altura. Todos los personajes sufren de un reparto desigual de minutos en pantalla, escenas en las que vuelven a sobresalir las actuaciones de McAvoy y Fassbender pero que, de las demás, es mejor olvidarse.

Por otra parte, los efectos especiales cumplen sin demasiados alardes y permiten configurar algunas escenas de acción bastante resultonas. Una cinta que agradece su visionado en 3D y en salas especialmente equipadas con sonido envolvente para disfrutar de este tipo de propuestas.

Veredicto

Pese a su intención de corregir una deriva claramente errática, X-Men: Fénix oscura cae víctima de sus múltiples defectos. Tan sólo una Sophie Turner entregada y algunas escenas de acción logran ofrecer al espectador algo destacable dentro de una franquicia que, desde Días del futuro pasado (Bryan Singer, 2014), no ha hecho más que ir hacia abajo.

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