Sigo pensando que es una auténtica pena que a Don’t Call it Mystery no le hayan ido las cosas mejor en España y que las ventas hayan provocado que su serialización tenga que segmentarse, puesto que continúa siendo uno de los josei que más destaca en materia de diálogo.
Cierto es que un año entre volúmenes no ayuda a que su continuidad narrativa se sienta certera, y es que uno de los grandes contratiempos que me he encontrado al retomar la lectura es que sí que se me habían olvidado bastantes cosas. Siendo una historia que llama la atención por su narrativa, cuesta.
Y es que lo que más me llamó la atención del manga de Yumi Tamura cuando aterrizó en nuestro país es su trasfondo psicológico. Con una soltura notable, en muy pocos episodios nos demostró que la suya era una obra poco convencional por su trato con los personajes y la relación entre estos dentro de su propia historia.
En cierto modo, podría decirse —inclusive— que se manifestó como una versión mucho más sutil y menos agresiva de Simon Baker en el papel de Patrick Jane. Hasta cierto punto, hasta podría afirmar que Don’t Call it Mystery es El Mentalista en versión manga josei, ya que su protagonista (Totono) tiene el don de meterse en la cabeza de los demás.
Sin manipular a los demás y con una personalidad mucho menos asertiva, pero recuerda a él. Mediante el diálogo es capaz de obtener respuestas que la mayoría de nosotros no seríamos capaces de atisbar. Razona de manera muy particular y extraña. Casi no tiene sentido, pero siempre lo encuentra. Esa es su magia. Es coherente, lógico y natural. No se siente forzado.
Reseña del manga Don’t Call it Mystery n.º 10 | Portada, sinopsis y edición

La hija del inspector Aoto ha sido secuestrada. El delincuente exige que, si quiere salvarla, el propio Aoto tendrá que convertirse en un secuestrador. Totonô, que ya había estado en contacto con el responsable, acaba colaborando con el inspector. Poco a poco todo se relaciona con un caso no resuelto que tuvo lugar hace ocho años. ¿Qué verdad se esconde tras el incidente al que llega Totonô?
| Colección | Don’t call it mystery vol. 10 de 15 (en publicación) |
| Autoría | Yumi Tamura |
| Género | Josei, drama, misterio |
| Formato | Tapa blanda con sobrecubierta |
| Tamaño y páginas | 128 x 180 mm con 192 páginas en b/n |
| Precio | 9,95 € |
| Traducción | Maite Madinabeitia (Daruma) |
| Fecha de lanzamiento | 17 de septiembre de 2026 |
| Reseñas | Volúmenes anteriores |
Precisamente, una de las virtudes de esta décima entrega —después de hacer un repaso al noveno, porque de verdad que no me acordaba bien, aunque tampoco es que haya sido un sacrificio, porque el manga me sigue gustando bastante— es ese mismo diálogo del que ya os he hablado.
Sigue siendo uno de los grandes pilares de la obra. Y sin necesidad de recurrir a grandes escenas en las que ocurre una debacle o tenemos un hiperclímax narrativo que destaca por la potencia de unos diálogos dispuestos a ponerle fin a todo. Siempre responde con un buen nivel incluso con una narrativa que no apuesta por los grandes picos.
La fuerza de un buen diálogo

Le basta con colocar al protagonista delante de otras personas en una situación más o menos extravagante —y la de estos dos últimos volúmenes lo es, al menos si recordamos que es un civil— para que dé rienda suelta a toda su siempre peculiar labia y nos deje más que satisfechos.
Pero, ¿por qué son tan llamativas esas conversaciones? Pues porque en realidad no parecen una excusa para que el misterio avance. Hay algo más detrás de cada intercambio. Lo que puede parecer una frase inocente se acaba convirtiendo en algo más al adquirir un segundo significado que solo Totono es capaz de ver.
Cuando empieza a tirar del hilo, argumentar, inferir y escarbar, saca oro de lo que parece ser una montaña de arena. Por eso gusta tanto. Porque es capaz de construir misterios, y resolverlos, tirando de un hilo de observación conductual y conversación. Utiliza el puro razonamiento para dar golpes de efecto.
Análogamente, me sigue gustando mucho la manera en la que la autora utiliza a su protagonista para cuestionar las actitudes de quienes le rodean. Y sin vergüenza ninguna, cosa que siempre me hace gracia. El caso es que no es un personaje que encuentre respuestas porque es más inteligente que los demás.
Un misterio conversacional

Las encuentra porque entiende el mundo de una manera diferente y porque no tiene miedo a indagar en cuestiones que otros obviarían. Se fija en lo que nadie más se fija, pero por pura curiosidad. Se podría decir, inclusive, que es un poco metomentodo y que su manera de relacionarse con los casos sigue siendo, cuando menos, cuestionable.
Que sea un civil hace que muchas situaciones sean menos creíbles debido a que la casualidad siempre es demasiado fuerte, aunque es cierto que por lo que hemos visto en este tomo… Bueno, quizá no siempre sea el azar quien le guía a ciertas personas y situaciones. El caso es que, de una manera u otra, podemos hablar de un manga de misterio con una perspectiva poco convencional.
Esto provoca que su ritmo tenga un sentido bastante único. Muchas veces parece que no está pasando nada y que va muy lento. Entonces, de repente, una palabra activa el cerebro de Totono y este empieza a trabajar mediante preguntas y pesquisas varias. A veces, eso sí, resulta complicado de seguir, provocando que la lectura sea un tanto compleja.
En cualquier caso, el interés de esta última no radica únicamente en descubrir qué está ocurriendo, sino en comprender cómo encajan las piezas que Tamura-sensei va colocando durante todo el caso. Algunas duele no verlas, mientras que otras sí que es cierto que se esconden demasiado. Al menos en este último volumen. O esa es mi sensación.
Un manga que se rige por la fuerza de su guion

Lo bueno es que como ya conocemos muy bien a Totono, no necesitamos que nos presenten constantemente sus peculiaridades. La serie ya va muy sola y ha cogido un buen ritmo. De verdad que me da mucha pena que no esté teniendo más tirón, pues creo que esconde muchas cosas buenas. Más de las que parece.
Sobre todo porque, aunque entiendo que no es del agrado de todo el mundo porque puede llegar a resultar un tanto obtuso por su presentación algo más desdibujada, el arte acompaña muy bien al guion. La autora no necesita sobrecargar las páginas para transmitir las emociones de sus personajes, y eso beneficia especialmente a un tomo en el que el peso vuelve a recaer sobre los diálogos.
Las expresiones, las miradas y los pequeños cambios en el lenguaje corporal tienen una importancia considerable, especialmente cuando la tensión no se expresa de una manera evidente. Eso sí, el tiempo que ha pasado desde el anterior volumen vuelve a jugar en contra de la experiencia.
No porque este décimo tomo sea difícil de seguir por sí mismo, sino porque Don’t Call it Mystery confía bastante en la continuidad de sus personajes y situaciones. Regresar tras una temporada tan larga requiere un esfuerzo adicional que incluso puede significar releerte por completo el tomo nueve para entender qué está ocurriendo.
Conclusiones

No obstante, una vez recuperas el ritmo, puedes encontrar fácilmente sus virtudes. Y es que esa particular mezcla de misterio conversacional e introspección psicológica no es algo que encuentres todos los días. Es muy reconocible. Además, tampoco es que este sea un manga que necesite sorprenderme constantemente.
Su fuerza radica en la forma en la que consigue hacer que una charla aparentemente intrascendente acabe siendo importante. También la encontramos en diálogos que son justo lo contrario: no aportan nada al misterio o la trama, pero son tan buenos y se sienten tan naturales que da gusto leerlos.
Su mayor virtud sigue estando en la forma en la que consigue convertir una conversación en algo mucho más importante de lo que aparenta. Y quizá ahí reside, precisamente, el mayor atractivo de Don’t Call it Mystery. No es un manga que necesite acelerar para llamarte la atención.


- El protagonista tiene un carisma brutal.
- El desarrollo de la historia tiene mucho gancho y la historia es entretenida.
- Los diálogos son muy potentes.
- La introspección psicológica, humana y social que realiza es simplemente brutal.

- Su falta de continuidad provoca que sea algo más difícil de seguir.
- Se sigue extrañando a un elenco de secundarios más constante.