
Cinco volúmenes —seis contando este— después, poco puedo descubriros de Hiro Nakamichi y su obra. Hasta la fecha, el autor ha mantenido una narrativa y un estilo muy estable, sin muchas variaciones. No obstante, sí podemos decir que ha ido evolucionando poco a poco. En la reseña del manga de After School Dice Club n.º 6, me gustaría centrarme en esto.
Sobre todo porque, con el tiempo, Nakamichi-sensei ha ido integrando nuevos personajes y trasfondos a su historia. Poco a poco, hemos podido conocer con mayor detenimiento a Miki, Aya y Midori, nuestras primeras protagonistas.
Con el paso del tiempo, fueron creciendo y, por ende, perdiendo peso en la trama. A cambio, llegó Emilia, una nueva compañera de clase a la que hemos conocido todavía más en profundidad en este tomo.

No obstante, si tuviéramos que hablar de un verdadero relevo, serían Kanna y Nao quienes ahora llevan gran parte de la historia a sus espaldas. Al menos hasta cierto punto, puesto que nuestras antiguas protagonistas siguen estando presentes.
Pese a ello, se nota que el autor ha terminado casi con ellas, pues personajes como Miki y Midori aparecen cada vez menos. Si bien es cierto que siguen siendo poco más que unas niñas, tienen mucho más claro cuál es su futuro.
Quien sigue al pie del cañón es Aya, pero no porque tenga un asunto que resolver. En realidad, es porque, sin darse cuenta, está envuelta en un triángulo amoroso: Tanoue está enamorado de ella, pero Kanna está coladita por él.
Reseña de After School Dice Club n.º 6 | Portada, sinopsis y edición

Emi regresa a su hogar, Alemania, y se reúne con sus viejos amigos Hans y Johan. Mientras se divierte con ellos como siempre han hecho, jugando a juegos de mesa, se acuerda de su amiga Anna. Cuando Emi les pregunta por ella, ¡los chicos le contarán algo totalmente inesperado!
Colección | After School Dice Club vol. 6 de 10 |
Autoría | Hirô Nakamichi |
Género | Comedia, slice of life, vida escolar |
Formato | Tapa blanca con sobrecubierta |
Tamaño y páginas | 13,1 cm x 18,1 con 380 páginas en b/n |
Precio | 9,95 € |
Traducción | Luis Alis y María Hernandis (Nagareboshi) |
Fecha de lanzamiento | 6 de marzo del 25 |
Reseñas | Volúmenes anteriores |
Actualmente, el romance se ha convertido en uno de los hilos conductores del manga, pero sin ser el centro en ningún momento. Si las primeras historias trataban sobre el crecimiento personal en relación con el futuro laboral o el amor propio, la actual se ha dejado llevar por la primavera de la juventud.
Hasta cierto punto, le sienta bien, ya que nos permite conocer mejor a ciertos personajes desde otra perspectiva. La única trama que no me ha terminado de convencer en ese sentido es la de Nao. La joven está enamorada de Takeru, un hombre mucho mayor que ella.
Tras confesarse, él la rechaza, explicándole que es demasiado joven para él y que solo es una niña. Sin embargo, ante su insistencia, le promete «considerarla como una adulta», pensando seriamente en su propuesta.
Personalmente, quiero pensar que es la única manera que ha encontrado de no herir sus sentimientos tras rechazarla de manera mucho más directa. Pese a ello, lo ideal habría sido que su «no» hubiese sido rotundo, pues la diferencia entre ambos es demasiado grande.
Una historia que va más allá de los juegos de mesa

No quiero pensar mal, y no lo haré, pues hasta ahora el autor me ha dado motivos para no hacerlo. En cualquier caso, hasta que la serie no termine, creo que no estaré del todo tranquilo, pues no es la evolución que esperaba. No al menos del todo.
Más allá de eso, el resto de conceptos siguen funcionando bastante bien. La sinergia entre el día a día de nuestras protagonistas y los juegos de mesa como elemento resolutivo sigue funcionando tan bien como siempre.
Hasta cierto punto, diría que incluso mejor que antes, pues han perdido algo de peso. Por supuesto, siguen siendo el elemento central de la historia, pero Nakamichi-sensei se atreve a explorar cada vez más allá de estos.
Lo que consigue con esto es que la historia sea algo más interesante. En otras palabras: es una ficción algo más atractiva y con mejor ritmo. Todo sea dicho, no puedo decir que haya cambiado en exceso, pues sigue las mismas máximas de siempre.
Cada arco se relaciona o cierra de una manera u otra con un juego de mesa, y eso es algo que no ha cambiado. Sin embargo, sí diría que aparecen cada vez menos. Y me parece bien, pues así todo funciona de manera más orgánica.
Al darle algo más de peso a las situaciones del día a día —sin perder su carácter de slice of life—, la lectura es más amena. Se disfruta más. Todo sea dicho, el dibujo también se siente mejor. Es más refinado y los trazos son algo más limpios.
Mal de amores

Se nota que Nakamichi-sensei creció durante la serialización, pues hasta la organización de los paneles se siente algo más coherente. En general, Dice Club es un mejor manga en términos generales, sobre todo cuando lo comparas con los primeros episodios.
Ahora bien, no debéis pensar que es como leer dos obras distintas. El salto cualitativo (en el arte, por ejemplo) no es tan alto como el de One Piece de los primeros a los últimos episodios. Hay progreso, pero no tanto como para crear un abismo.
Y lo agradezco, puesto que, de otra manera, se habría sentido hasta raro. Dicho esto, y sin ánimo de extenderme mucho más, concluiré diciendo lo siguiente: no me arrepiento de haber empezado a leer Dice Club, pues es un manga que he disfrutado desde el primer momento.


- La premisa es bastante original. No hay muchos mangas que hablen sobre juegos de mesa.
- Las tres protagonistas tienen una construcción más interesante de la que parece de buenas a primeras.
- El arte es muy bonito. Es agradable a la vista.
- La lectura es dinámica y sencilla. Es fácil seguirle el ritmo.
- La narrativa funciona bien.

- Al centrarse tanto en los juegos de mesa, si no te llaman la atención, no tiene tanto gancho.
- El dibujo es bastante simple.