2 años y 8 tomos dan para mucho. Allá en mayo de 2024, Distrito Manga publicó el primer tomo del manga de Ryohgo Narita y Shinta Fujimoto. Hoy, 836 días después, hemos logrado recuperar la mitad del camino a Japón. Con la reseña —y la publicación, por supuesto— del volumen n.º 8 de Dead Mount Death Play, vamos al 50%. Más o menos.
Diecisiete entregas son las que se han lanzado en el país del Sol Naciente. Diecisiete tankobon que demuestran el buen estado de un manga cuyo anime quizá no triunfó tanto, pero cuya obra original genera números más que suficientes como para justificar una serialización larga.

Son muchos los motivos que encuentro para que sea de esta manera. El fan service, aunque presente, no es uno de ellos. He visto muchas series a las que les gusta enseñar cacho y que no aguantan. Aquí también pasa, pero cada vez en menor medida. Ya no es ese elemento que a veces distorsionaba la narrativa por no venir a cuento.
Hoy por hoy, las razones son otras. Por un lado, una trama que siempre sabe mantener el gancho. Genera curiosidad, tiene un aire oscuro que le sienta muy bien e introduce buenos personajes de manera paulatina. Su mayor defecto es que es confusa. Dead Mount Death Play es un manga difícil de seguir.
La trama es enrevesada y hay tantos hilos de los que tirar que a veces resulta imposible no perderse. Pero funciona. De hecho, hoy no quiero centrarme tanto en el segundo tomo. Prefiero hablaros de los porqués de esta serie. Uno ya lo he dicho: la trama. Otro también: los personajes, pero también podría decir lo mismo del arte o de la narrativa.
Reseña de Dead Mount Death Play n.º 8 | Portada, sinopsis y edición

Polka recibe a Civil, un visitante del otro mundo que va envuelto en una potente aura y lidera a los Hijos bastardos de Sabaramond. Su presencia hace que reviva recuerdos de muertes y locura. Mientras, el payaso baila frenético, el Solitario muestra al mundo la verdadera identidad del Insecto y todo vuelve a conectarse en Shinjuku. ¡Aquí está el tomo 8 de esta historia de reencarnación llena de maldad inocente!
| Colección | Dead Mount Death Play vol. 8 de 17 (serie abierta) |
| Autoría | Ryôgo Narita y Shinta Fujimoto |
| Género | Acción, comedia, drama, fantasía, sobrenatural |
| Formato | Tapa blanda con sobrecubierta |
| Tamaño y páginas | 13,1 cm x 18,1 con 232páginas en b/n |
| Precio | 9,95 € |
| Traducción | Gemna Tarrés Guasch (Daruma) |
| Fecha de lanzamiento | 18 de junio del 26 |
| Reseñas | Volúmenes anteriores |
Tras llegar al octavo tomo, Dead Mount Death Play cierra la lectura —de cara al siguiente, no como final, no se me malentienda— con un evento que podría cambiar todo lo que entendemos del manga hasta ahora. La interferencia entre ambos mundos es cada vez más patente y nuestro protagonista podría actuar de manera más directa que nunca.
Si llevas al día el tebeo, sabrás perfectamente que la continuación merece mucho la pena. Es más, este es uno de los volúmenes que me ha dejado con más ganas de más. Ocurren algunos eventos más bien pequeños, pero la aparición de cierto trío de muchachas y su relación con el origen de El Dios Cadáver, que no de Polka… Ojito, que se vienen curvas.
Pero… ¿Y si no conocías este manga? ¿Y si has llegado aquí queriendo saber más del que podría ser uno de los seinen isekai que menos se dejan arrastrar por la premisa del protagonista hiperpoderoso cuyo mayor drama es saber a cuántas chicas atraerá ese harén que nadie pidió?
No es un isekai inverso cualesquiera

Pues lo cierto es que lo que te vas a encontrar es un isekai más adulto en el que el cambio de mundos se produce a la inversa. En otras palabras, es un ser de otra realidad el que llega al mundo humano, pero con sus poderes muy limitados respecto a su no vida anterior. Se trata de El Dios Cadáver, un antiguo nigromante considerado un ente pura oscuridad, pero con un trasfondo mucho más complejo de lo que cabría esperar.
Si estás pensando en que es algo así como Overlord, pero cambiando los destinos de cada uno, déjame advertirte de que estás bastante equivocado. Aquí, de hecho, el protagonista ocupa el cuerpo de un niño recién asesinado y transmigra su alma a un peluche debido a que él sí entiende y valora la vida humana.
Pero no de la manera que nosotros entendemos. Ataca la crueldad con ira y rabia. No se anda con tonterías y hace de la muerte otro recurso más. Asesinar o causar dolor a un tercero está justificado siempre y cuando sea lo que se merezca. Imparte su propia justicia, pero no desde una posición de egolatría suprema. Es extrañamente empático.
Tanto que hasta compartimos sus causas y sus prejuicios. Esa es, sin duda, una de las grandes bazas de Dead Mount Death Play. Aunque su protagonista es un ser mágico, podemos empatizar con él. No es un chaval cualquiera que adquiere poderes inauditos de la nada y acaba seduciendo a medio reino simplemente por existir.
Una historia de carácter más adulto

El manga se aleja de los tópicos del género y se presenta con una escritura mucho más sobria y adulta. No es una historia de superación o redención. No es un autor migrando su propio cuerpo al mundo que le gustaría protagonizar. Es una historia con grandes dejes de misterio y desolación en donde el lado oscuro de la sociedad está siempre presente.
Así pues, si no conoces Dead Mount Death Play, la manera rápida de describirlo es como un isekai con un carácter más adulto y una trama más oscura de lo habitual con, eso sí, un estilo artístico más propio del shonen y diseños —especialmente femeninos— muy de esta demografía. Fan service y escotes incluidos, por supuesto.
¿Es esto algo malo? A mí es lo que menos me atrae, pero entiendo que es cuestión de gustos. No obstante, incluso con eso sigo pensando que es una de esas lecturas que merece mucho la pena. Sobre todo por su narrativa. Aunque, tal y como ya comenté, es un tanto confusa y es fácil perder el hilo por momentos, merece la pena.
Maneja temas muy curiosos y mezcla muy bien sus distintos conceptos, haciendo que, dentro del caos que maneja, todo acabe teniendo sentido. Su mayor problema es que intenta abordar tantas cosas desde el primer minuto, con tantos personajes, que acabas sintiendo que son demasiados.
Conclusiones

Poco a poco mejora, y es que a medida que te adaptas a sus distintos personajes, todo va cobrando sentido. Al menos cuando no agrega nuevos, siendo esto lo que peor lleva y lo que más cuesta entender. Aprieta mucho el acelerador, lo que le da ritmo y gancho, pero complica su seguimiento a largo plazo.
Pese a ello, sigo pensando que Dead Mount Death Play es uno de esos isekai que merece mucho la pena. Además, no se siente como un isekai. Se aleja demasiado de sus tópicos y prototipos como para entrar en ese grupo. Por lo pronto, y con ocho tomos ya sobre la mesa, es un manga que sí recomendaría.
Sobre todo si os gustan las fantasías oscuras con muchos personajes en un mundo que conocéis, pero con magia y oscurantismos entre medias. Si es así, la obra de Ryohgo Narita y Shinta Fujimoto merece mucho la pena. Es entretenida, tiene gancho y tiene pinta de que irá cada vez más a mejor.


- Engancha desde el primer momento.
- El dibujo es realmente bueno.
- La premisa es atractiva.
- Como maneja la vida y la muerte.
- El diseño y el carisma del protagonista.
- El ritmo y la narrativa.

- Ciertos gestos y diseños de personaje.
- A veces es algo confuso.