La creatividad humana encuentra siempre caminos insospechados para explorar los límites de lo inverosímil
El circo mediático alrededor de los secretos de Rockstar Games acaba de rizar el rizo de la forma más insólita posible. Lejos de conformarse con la notoriedad y el revuelo que generan habitualmente sus filtraciones, el conocido autor de los adelantos de GTA 6 ha decidido monetizar su dudosa fama exigiendo una cifra astronómica que supera los 165.000 dólares a cambio de incluir inserciones publicitarias y menciones comerciales en sus próximos leaks.
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Lo que en su día comenzó como supuestas filtraciones motivadas por el ansia de protagonismo o el activismo clandestino de los foros, se ha transformado de la noche a la mañana en una agencia de marketing improvisada y clandestina. Los interesados que busquen colar su marca o producto entre los millones de seguidores pendientes de cualquier novedad del esperado sandbox de Rockstar tendrán que rascarse profundamente el bolsillo para conseguir un hueco en sus publicaciones.
Esta estrategia descarada demuestra hasta qué punto el ecosistema de la información sobre videojuegos en internet se mueve en terrenos pantanosos, donde el secretismo industrial y la filtración de material protegido rozan el esperpento comercial. La repercusión internacional de cualquier detalle sobre la aventura en Vice City se convierte así en un lucrativo y turbio negocio particular para individuos al margen de la legalidad corporativa.

El límite del absurdo en la industria del videojuego
Las reacciones por parte de estudios, editores y analistas del sector no se han hecho esperar, condenando de forma unánime un comportamiento que convierte la propiedad intelectual ajena en un soporte publicitario pirata. Mientras tanto, los aficionados observan con mezcla de incredulidad y hartazgo cómo la expectación por el juego es explotada sin ningún tipo de escrúpulo ético.
Una vuelta de tuerca que vuelve a poner de manifiesto los oscuros rincones que rodean a la trastienda informativa del ocio digital.