Un nuevo giro de tuerca a una saga que está lejos de agotarse.
Desde que Splatoon debutó en Wii U, la saga se ha convertido en una de las franquicias más importantes de Nintendo. Su propuesta competitiva basada en cubrir el escenario de tinta consiguió diferenciarse rápidamente del resto de shooters del mercado gracias a una jugabilidad única y un universo lleno de personalidad. Sin embargo, siempre existía una pregunta entre los aficionados, ¿podía funcionar fuera de su vertiente multijugador?
Con Splatoon Raiders, Nintendo ha decidido responder a esa cuestión apostando por un spin-off que abandona las batallas competitivas para ofrecer una aventura centrada en la exploración, la cooperación y la progresión del personaje. Una decisión que, sobre el papel, podía generar ciertas dudas, especialmente porque gran parte de la identidad de la saga siempre ha girado en torno al enfrentamiento entre jugadores.
La buena noticia es que Raiders no intenta convertirse en un Splatoon 4 disfrazado. Desde el primer momento deja claro que busca su propio camino y, lo más importante, consigue sentirse como una evolución natural del universo creado por Nintendo. Eso sí, durante nuestra aventura también hemos encontrado algunas decisiones que no terminan de funcionar con la misma eficacia y que impiden que la experiencia alcance un nivel todavía más alto. Os lo contamos.
Un mundo nuevo que amplía el universo de Splatoon

Uno de los aspectos que más nos ha gustado es que no necesita apoyarse constantemente en los personajes ya conocidos para construir su aventura. Evidentemente encontraremos caras familiares para los seguidores de la franquicia, pero el verdadero protagonismo recae en una nueva expedición que nos llevará a descubrir una misteriosa región repleta de secretos, ruinas y criaturas que esconden mucho más de lo que parece a simple vista.
La historia nunca pretende convertirse en el gran reclamo del juego, pero sí consigue mantener el interés durante toda la campaña gracias a un buen ritmo narrativo y a una ambientación que invita constantemente a seguir explorando. Nintendo vuelve a demostrar que sabe construir mundos con identidad propia sin necesidad de recurrir a largas escenas cinematográficas o interminables diálogos.

Gran parte del trasfondo se descubre mientras avanzamos por las distintas zonas, completamos objetivos y conocemos a los personajes que nos acompañan durante la expedición. Es una forma de contar la historia que encaja perfectamente con el espíritu aventurero del juego y que consigue que cada nuevo descubrimiento tenga cierto peso dentro de la progresión.
Eso sí, creemos que el guion podría haber arriesgado un poco más. Hay momentos en los que parece preparar situaciones especialmente interesantes que finalmente terminan resolviéndose de una forma demasiado previsible. No empaña el conjunto, pero sí deja la sensación de que el universo de Splatoon daba margen para desarrollar un relato algo más ambicioso.
El cambio de género ha funcionado mucho mejor de lo esperado

Donde realmente brilla es en su planteamiento jugable. Nintendo ha sabido aprovechar todas las mecánicas que hicieron grande a la saga principal para construir una experiencia completamente diferente. La tinta continúa siendo el eje sobre el que gira toda la aventura, pero ahora deja de ser únicamente una herramienta para dominar el terreno y pasa a convertirse en un recurso fundamental para desplazarnos, explorar los escenarios y afrontar los combates desde diferentes perspectivas.
Moverse por el mundo sigue siendo una auténtica delicia. Convertirnos en forma de calamar para desplazarnos rápidamente, aprovechar la verticalidad de los escenarios o buscar rutas alternativas continúa transmitiendo unas sensaciones difíciles de encontrar en otros shooters actuales. Lo mejor es que el diseño de los mapas está pensado para sacar partido a todas estas posibilidades, premiando constantemente al jugador que experimenta con el entorno.
A ello se suma un sistema de progresión mucho más profundo de lo que cabría esperar. Durante las expediciones iremos consiguiendo nuevos recursos, mejoras y equipamiento que nos permitirán personalizar nuestra forma de jugar. No hablamos únicamente de conseguir armas más potentes, sino de construir diferentes configuraciones en función del tipo de misión o del estilo de juego que prefiramos.
Hay mejoras centradas en potenciar el daño, otras que priorizan la movilidad, la gestión de la tinta o las habilidades especiales, dando lugar a un sistema que consigue mantenerse interesante durante prácticamente toda la campaña. Es uno de esos casos donde siempre apetece completar una expedición más porque existe la posibilidad de conseguir ese objeto que termine de encajar con nuestra build.
Un cooperativo pensado para disfrutar en equipo… aunque el juego también responde en solitario

Aunque Raiders puede completarse sin necesidad de jugar acompañado, creemos que el cooperativo es una parte fundamental de la experiencia. Las distintas expediciones están diseñadas para fomentar la colaboración constante entre los jugadores. Compartir recursos, coordinar habilidades especiales o decidir cómo afrontar determinados enfrentamientos añade un componente estratégico que termina marcando la diferencia conforme aumenta la dificultad.
Lo mejor de todo es que Nintendo ha conseguido evitar uno de los problemas habituales de este tipo de propuestas, la dependencia absoluta del cooperativo. En solitario la aventura continúa siendo perfectamente disfrutable gracias a un buen equilibrio en la dificultad y a un diseño de misiones que nunca transmite la sensación de estar penalizando al jugador por no ir acompañado. Evidentemente algunas situaciones resultan mucho más divertidas cuando las compartimos con amigos, pero en ningún momento sentimos que el juego haya sido diseñado exclusivamente para el multijugador.
También nos ha convencido la variedad de objetivos que presentan las expediciones durante las primeras horas. Más allá del combate, encontraremos momentos donde la exploración cobra especial protagonismo, deberemos gestionar correctamente nuestros recursos o decidir si merece la pena asumir determinados riesgos para conseguir mejores recompensas.
Es precisamente esa mezcla entre exploración, acción y progresión la que consigue que las primeras horas de Splatoon Raiders resulten tan adictivas. Y lo mejor es que, cuando parece que ya hemos visto todo lo que el juego puede ofrecer, todavía guarda varias sorpresas relacionadas con su sistema de progresión y con algunas mecánicas que iremos desbloqueando conforme avanzamos en la aventura.
Cuando el paso de las horas empieza a mostrar algunas costuras

Durante las primeras horas todo resulta sorprendente. Cada nueva expedición introduce algún elemento diferente, desbloqueamos habilidades constantemente y la sensación de progresión es muy satisfactoria. Sin embargo, llega un momento en el que esa curva empieza a estabilizarse y el juego recurre demasiado a repetir ciertos objetivos para seguir avanzando.
No hablamos de una repetición excesiva que termine arruinando la experiencia, pero sí de una estructura que acaba apoyándose con frecuencia en completar expediciones similares para conseguir mejores recursos o desbloquear nuevas mejoras. El sistema de progresión sigue siendo lo suficientemente sólido como para mantener el interés, aunque creemos que una mayor variedad de eventos dinámicos o de situaciones especiales habría ayudado a que cada misión se sintiera todavía más diferente.
Algo parecido ocurre con algunos de los escenarios. Nintendo vuelve a demostrar que sabe diseñar mapas muy divertidos desde el punto de vista jugable, aprovechando constantemente la movilidad que ofrece la tinta y la verticalidad de los entornos. Sin embargo, visualmente hay zonas que terminan resultando menos memorables de lo esperado, especialmente si las comparamos con la enorme personalidad que desprenden los escenarios competitivos de la saga principal.
También nos habría gustado encontrar una mayor variedad de jefes durante determinados momentos de la campaña. Los enfrentamientos importantes funcionan muy bien y obligan a sacar partido de todas las mecánicas aprendidas, pero algunos jugadores probablemente echen en falta un mayor número de combates únicos que rompan el ritmo de las expediciones.
Un apartado audiovisual que mantiene intacta la personalidad de Splatoon

Desde el primer momento queda claro que Nintendo ha sabido aprovechar el salto de hardware para ofrecer escenarios más detallados, mejores efectos de iluminación y una mayor riqueza visual sin renunciar a la identidad que siempre ha caracterizado a la franquicia.
Los escenarios rebosan color, las animaciones mantienen el excelente nivel habitual de la saga y los efectos de tinta continúan siendo tan espectaculares como divertidos durante los combates. Todo se mueve con una gran fluidez, incluso cuando la pantalla se llena de enemigos, explosiones y habilidades especiales.
Eso no significa que el apartado técnico sea completamente impecable. Durante nuestra partida hemos encontrado pequeñas bajadas de rendimiento en algunos momentos especialmente cargados de acción, aunque nunca llegan a afectar seriamente a la jugabilidad. También existen ciertos elementos del escenario que podrían haber contado con un nivel de detalle algo mayor, especialmente cuando nos detenemos a observar algunas zonas más abiertas.

En cuanto al sonido, vuelve a convertirse en uno de los grandes protagonistas de la experiencia. La banda sonora mantiene ese estilo tan característico de Splatoon, mezclando temas enérgicos con melodías que acompañan perfectamente tanto la exploración como los momentos de mayor intensidad. Quizá no encontramos tantas composiciones memorables como en las entregas principales, pero el conjunto vuelve a demostrar el enorme cuidado que Nintendo pone en la identidad musical de la saga.
Los efectos de sonido también merecen una mención especial. Cada arma transmite sensaciones diferentes y los distintos tipos de tinta ayudan constantemente a reforzar la lectura de la acción durante los combates, algo fundamental en un juego donde el escenario cambia de forma continua.
Conclusiones finales | Análisis Splatoon Raiders

Lejos de limitarse a reutilizar las mecánicas ya conocidas, Raiders consigue construir una aventura con identidad propia que aprovecha todas las fortalezas de la saga para ofrecer una experiencia sorprendentemente profunda. Su sistema de progresión, el diseño de las expediciones y la enorme libertad que ofrece para construir distintas configuraciones hacen que siempre exista una buena excusa para volver a lanzarse a una misión más.
Eso sí, no todo termina funcionando con la misma brillantez. La repetición acaba apareciendo durante el tramo final de la aventura, algunos escenarios podrían haber ofrecido una mayor variedad visual y la historia, aunque cumple perfectamente su función, nunca termina de convertirse en uno de los grandes pilares del juego.
Aun así, creemos que Nintendo ha acertado de lleno con este experimento. Splatoon Raiders no pretende sustituir a la saga principal, sino demostrar que su universo tiene el suficiente potencial como para explorar nuevos géneros sin perder su esencia por el camino. Y lo mejor de todo es que deja la sensación de que esta solo ha sido la primera expedición de una idea que todavía puede crecer mucho más en el futuro.


- Las mecánicas de Splatoon perfectamente trasladadas.
- Su sistema de progresión y personalización consigue que siempre apetezca completar una expedición más.
- El diseño jugable vuelve a ser uno de los grandes referentes de Nintendo.

- El bucle jugable termina mostrando cierta repetición conforme avanzamos hacia el final de la aventura.
- La historia cumple, pero podría haber aprovechado mucho mejor el potencial del universo que plantea.
- Algunos escenarios y enfrentamientos contra jefes habrían agradecido una mayor variedad.