Un survivol horror de los que ya no quedan.
Aunque muchos son los títulos que han intentando rendir homenaje a Resident Evil, ninguno lo hace con tanto acierto como Ground Zero, del que hoy os traemos su análisis. Desarrollado por el estudio surcoreano Malformation Games, intenta copiar la fórmula de survival horror que tanto nos gustó en los 90, pero añadiendo aspectos jugables de hoy en día.
De este modo, nos queda un juego más accesible pero con todo el aroma de la época, introduciendo un mundo distinto al que nos acostumbra la saga de Capcom. ¿El resultado? Una aventura con coherencia en su desarrollo, pero que además, tiene la capacidad de introducir elementos nuevos que le dan un tono único.
Por otra parte, Ground Zero cuenta con una ubicación poco habitual en el género, cambiando las traicioneras calles de Racoon por los templos y playas de Busan. Aunque también cuenta con su propia premisa, esta no es especialmente original, pero si se apoya de buena manera en la exploración y el combate. Os lo contamos.
La caída del meteorito en Busan y el origen de mal: análisis de Ground Zero
La base es bastante clara desde el principio: una ciudad de Busan queda totalmente arrasada tras el impacto de un meteorito. A partir de ahí, el juego tira de una idea muy clásica dentro del género, pero con ese punto de misterio que hace que no sea solo ha pasado esto y ya, sino que hay algo más detrás que poco a poco se va dejando ver.
Lo interesante es cómo te lo cuenta. Aquí no hay una narrativa súper guiada ni cinemáticas constantes explicándolo todo. Más bien te suelta en el escenario y eres tú el que va reconstruyendo lo ocurrido. Vas encontrando documentos, detalles en el entorno y pequeñas pistas que, sin darte cuenta, van formando el puzzle.
Esto al principio funciona muy bien porque genera una sensación bastante fuerte de desorientación y soledad, como si estuvieras metido en algo mucho más grande de lo que parece. El problema es que, conforme avanzas, esa intriga inicial pierde algo de fuerza.

Hay momentos donde parece que la historia va a pegar un giro potente, pero luego se queda un poco a medio gas. No llega a ser un desastre ni mucho menos, pero sí deja la sensación de que le faltaba un poco más de desarrollo o de remate final para terminar de impactar.
En cuanto a duración, es un juego bastante contenido. Una primera vuelta puede irse a unas 10-12 horas más o menos, dependiendo de cuánto explores. Eso sí, tiene varios finales y caminos alternativos, así que si te interesa sacarlo todo, puedes alargar bastante más la experiencia.
Sin reinventar el género, se apoya en una base jugable que funciona muy bien
El plato fuerte lo guarda la jugabilidad. Aquí es donde el juego realmente intenta engancharte, sobre todo si te gusta el rollo clásico de exploración con un punto de tensión constante. La base es sencilla: moverte por escenarios relativamente abiertos, investigar lo que te rodea y sobrevivir a lo que vaya apareciendo.

No busca reinventar nada, pero sí apoyarse en mecánicas que funcionan. El control es bastante directo y no tarda mucho en hacerse cómodo. Desde el principio puedes moverte con libertad, registrar zonas, recoger objetos y gestionar recursos (los puntos brillantes en el escenario, están de vuelta).
Esto último tiene bastante peso, porque no vas sobrado precisamente, así que toca decidir bien cuándo usar ciertas cosas y cuándo guardarlas. Ese punto de gestión le da un toque más estratégico de lo que parece al inicio. También hay presencia de enemigos y situaciones de peligro que obligan a estar atento.
No es un juego de acción pura, sino que mezcla momentos más tranquilos con otros donde la tensión sube. Aquí entra bastante en juego cómo te tomes cada situación: puedes ir más a lo seguro o arriesgar un poco más, dependiendo de cómo quieras jugar. A la hora de disparar, es donde más bebe de la saga de Capcom, con un control en tanque o más actual (podemos elegir al principio).

Eso sí, no todo es perfecto. Hay momentos donde el ritmo se puede hacer algo irregular, sobre todo cuando encadenas zonas muy parecidas o cuando no tienes claro del todo hacia dónde avanzar. Aun así, en líneas generales la jugabilidad cumple bien con lo que propone: una experiencia entretenida, con ese punto de exploración y supervivencia que mantiene el interés durante toda la partida.
Varias rutas para varias partidas
Si hablamos de los escenarios, el juego apuesta por una estructura que mezcla zonas amplias con caminos interconectados, lo que le da bastante juego a la exploración. No estás en un mapa completamente abierto, pero tampoco en un pasillo sin opciones. Más bien se siente como un entorno que te deja moverte, investigar y decidir por dónde avanzar en bastantes momentos.
La ambientación de la ciudad destruida está bien aprovechada en ese sentido. Hay calles, edificios y zonas interiores que no solo sirven de decorado, sino que muchas veces esconden rutas alternativas, objetos o pequeños detalles que puedes pasar por alto si vas demasiado directo. Esto hace que explorar tenga cierto premio y no sea solo rellenar tiempo.

Lo interesante viene con la posibilidad de elegir caminos. En bastantes situaciones no hay una única forma de avanzar, y puedes optar por rutas más seguras pero más largas, o caminos más directos que suelen implicar más riesgo. Esto le da un toque rejugable, porque no siempre vas a hacer el mismo recorrido ni enfrentarte a las situaciones de la misma forma.
Además, esta estructura encaja bastante bien con los distintos finales del juego. Dependiendo de cómo explores, qué encuentres o por dónde avances, la experiencia puede cambiar ligeramente. No es algo súper complejo, pero sí suficiente para que sientas que tienes cierto control sobre cómo se desarrolla la partida.
Eso sí, en algunos momentos las rutas pueden parecer algo similares entre sí, y puede dar la sensación de estar repitiendo patrones. Aun así, en conjunto, los escenarios cumplen bien y aportan variedad gracias a esa libertad para elegir cómo avanzar.
Una apuesta por lo retro que no pasa de moda
El juego tira por completo por un estilo gráfico retro, donde los personajes no mueven la boca pero cuentan con todo lujo de detalles. No intenta competir con gráficos realistas ni modernos, sino que apuesta de lleno por una estética inspirada en la época de Resident Evil, con cámaras fijas y escenarios prerenderizados.

Esto tiene su parte buena, y es que la ambientación funciona muy bien. La ciudad destruida de Busan tiene bastante personalidad, con zonas que van desde calles en ruinas hasta interiores abandonados, y todo acompañado de ese toque oscuro y sucio que le viene perfecto al tipo de juego que es.
Además, el uso de cámaras fijas ayuda a crear tensión, porque muchas veces no ves lo que tienes delante y eso juega bastante a favor del terror. A nivel artístico, el juego cumple bastante bien. Si es cierto, que hemos notado mucha incoherencia entre los tipos de enemigos, pasado del tipo zombi hasta dar con verdaderos monstruos con estética dinosaurio.
No conecta del todo con la ambientación. Los modelos de los personajes y las animaciones se notan más flojos. Son algo rígidos y en algunos momentos pueden sacarte un poco de la experiencia. También hay cierta irregularidad en la calidad visual. Hay zonas que lucen mejor que otras, como si no todo estuviera al mismo nivel de acabado.
Un elemento que introduce muy bien la ambientación es la banda sonora, aunque se echa de menos más sonidos ambientales, como las pisadas o los gorgojeos de los enemigos, que te preavisaban de que algo malo iba a suceder. El juego, cuenta con voces en inglés, aunque la traducción al castellano es más que notable, por lo que no rompe con la inmersión.
Conclusiones

Ground Zero deja unas impresiones bastante claras, no reinventa ningún género y bebe bastante de unas bases antiguas que a día de hoy, ha sabido adaptar muy bien. Es un juego que sabe muy bien de dónde viene y qué quiere ofrecer, y eso se nota en casi todos sus apartados. La base es clásica, muy reconocible, pero con pequeños ajustes que lo hacen más llevadero hoy en día.
Lo mejor es cómo mezcla esa esencia retro con ideas actuales sin romper la experiencia. La exploración, la gestión de recursos y la estructura de rutas funcionan bien juntas, creando una aventura que, sin ser perfecta, consigue mantener el interés durante la mayor parte del tiempo. Además, el hecho de tener varios caminos y finales le da un extra de rejugabilidad que se agradece.
Eso sí, también tiene sus limitaciones. La historia empieza fuerte pero se desinfla un poco, el ritmo no siempre acompaña y hay detalles técnicos que podrían estar más pulidos. Nada de esto arruina la experiencia, pero sí evita que destaque más de lo que podría.
Aun así, se queda como un título muy disfrutable, sobre todo si te gusta el survival horror clásico. No es imprescindible, pero sí una propuesta bastante sólida dentro de su estilo.


- La esencia de los juegos de los 90, totalmente bien recreada.
- La posibilidad de elegir distintas rutas, da distintas posibilidades.
- La ambientación en Busan es muy atractiva.
- Podemos elegir la jugabilidad en tanque o más actual.

- Algunas decisiones artísticas, como los enemigos, no terminan de cuadrarnos.
- Argumentalmente va perdiendo interés.
- Echamos en falta más sonidos ambientales.