He encontrado uno de los juegos más bonitos, más acogedores y más agradables de todo el año. Winter Burrow, de Pine Creek Games, es una experiencia simplemente encantadora… y aterradora. A fin de cuentas, hablamos de un título de supervivencia en el que nuestro protagonista es un pequeño ratoncito súper adorable.
¿Y qué ocurre? Pues que a veces nos tendremos que enfrentar al lado más duro de la vida. Aunque su apartado gráfico nos haga pensar en otra cosa, Winter Burrow es un juego de supervivencia en el que un ratoncito tendrá que enfrentarse a las inclemencias de la naturaleza.
Seremos nosotros quienes le controlen, enfrentándonos al frío invierno y al hambre mientras intentamos obtener toda clase de recursos, desde madera para encender un fuego hasta comida para mantenernos bien alimentados. Por supuesto, no es tan funesto como otros más agresivos, pero sí que te puede poner en más de un aprieto y hacerte pasarlo realmente mal por el que desde el primer momento será «tu ratoncito del alma».
Pese a que no hay grandes penalizaciones y es menos agresivo en su concepto de survival que otros juegos, tampoco está regalado. Es más ligerito y más amable para con el jugador, cosa que —todo sea dicho— le sienta bastante bien, pues se acerca a lo que entenderíamos por un juego más bien cozy dentro de su género.
Análisis de Winter Burrow




El reto existe y es real, ya que reconstruir la madriguera de nuestra infancia tras la muerte de nuestros padres (empieza con un pequeño puñetazo al estómago). Decidimos regresar a ella tras varios años y, como es lógico, está hecha un auténtico desastre. La mayor parte del juego pasa por hacer que recupere el esplendor de sus mejores años e incluso mejorarla.
En el proceso tendremos que recoger toda clase de recursos, siendo un juego que se centra muchísimo en la recolección. Es un juego con mucho farming y buenas dosis de crafting bajo el amparo de una preciosa dirección artística en 2D que combina muy bien la belleza y los peligros de la vida, todo en uno. De hecho, diría que nos ha dejado tan buenas sensaciones gracias a esto.
Winter Burrow es simplemente muy bonito, pero va más allá de eso. A fin de cuentas, no podremos fabricar nuestras herramientas de supervivencia sin recursos. Tampoco podremos cocinar si no obtenemos ingredientes ni fabricar nuevos muebles para hacernos la vida más fácil si no conseguimos materiales adecuados.

Al final todo se resume en eso. Es un juego de exploración y crafteo cuyo principal objetivo es tener un hogar cada vez más bonito, eficiente y preparado. El proceso per se no es especialmente complicado, pero la cosa cambia cuando le agregamos ese factor supervivencia del que os he hablado con anterioridad.
Un ratón que solo busca sobrevivir
En Winter Burrow tendremos que prestar atención a nuestras necesidades básicas. El hambre y el frío serán nuestros mayores enemigos, siendo un fiel reflejo de las necesidades básicas de cualquier ser vivo en el mundo real. También tiene un indicador de resistencia, por lo que nuestro ratoncito no podrá hacer toda clase de tareas sin descanso. Tendremos que aprender a gestionar nuestro tiempo y esfuerzo en función de nuestra situación y nuestros recursos.
En ese sentido, tal vez uno de sus mayores defectos es que cuesta arrancar. El ritmo de Winter Burrow es un poco lento, sobre todo en sus primeros compases, pero merece la pena. Si eres paciente, te da mucho más de lo que podría aparentar en primera instancia. Tiene un trasfondo mecánico muy sólido y tiene bastante contenido.

No es su único defecto, y es que la imposibilidad de utilizar cualquier tipo de mapa resulta frustrante. Es relativamente fácil perderse durante las primeras horas de juego y, como no tengas cuidado, acabarás dando vueltas por aquí y por allá, pasando más tiempo ubicándote que jugando. Esto es algo que, siendo sincero, no me ha terminado de convencer.
Tiene problemas planteando las rutas de misiones y no maneja bien las pistas contextuales. Si quieres hacer un juego sin mapa, el entorno tiene que ser claro y darte mucha información. No es su caso. Pienso que con un mapa se solucionaría, pero no tiene pinta —al menos de momento— de que la cosa vaya a cambiar.
¿Objetivo? Tener la mejor madriguera del mundo
En gran medida, es capaz de compensar esta situación con, por ejemplo, su ya mencionado apartado gráfico. Winter Burrow es como un cuento de Navidad relatado en 2D. Es como un cómic en movimiento o una cinta de animación muy bien diseñada. El arte es magnífico y el diseño de los personajes es encantador. La banda sonora, aunque no destaca tanto, también aporta mucho, construyendo un combo audiovisual de gran nivel.




A esto se suma un gameplay que sí tiene cosas que ofrecernos. La gestión del inventario (es muy pequeño) resulta errática y frustrante al principio —y de ahí que lo consideremos un tanto lento al principio—, pero tiene herramientas para ir solventándolo. Si se superan las primeras horas de juego, tiene muchas sorpresas. Podemos hacer un montón de cosas y la madriguera tiene un potencial tremendo.
El sistema de combate es simple, pero funcional, y las mecánicas de crafteo están bien diseñadas. Tenemos bastantes opciones decorativas para darle a nuestro hogar el toque perfecto y el sistema de construcción es intuitivo. Su interfaz también es bastante clara y, en general, dispone de una buena presentación. Es fácil de entender. Es por esto que lo del mapa acaba resultando incluso más molesto: el juego es bueno pese a sus defectos.
Hasta cierto punto, es comprensible, pues hablamos de un juego indie con un presupuesto limitado. Si nos atenemos a esta realidad, lo cierto es que el resultado final es bastante bueno. Con sus más y con sus menos, es un juego divertido y atractivo, con buenas ideas y una base sólida.
Análisis de Winter Burrow: conclusiones





Lejos de los grandes juegos de supervivencia que traen consigo retos de alto nivel y desafíos que nos acaban llevando al límite, Winter Burrow busca darnos una experiencia algo más relajada. De hecho, no es ni difícil. Solo se hace complejo debido a que es fácil perderse y porque las misiones no siempre están del todo claras. Puede ser incluso frustrante si te pierdes demasiado.
Pese a ello, el sistema de farmeo y crafteo, de construcción y combate, etc., están diseñados con mimo, esmero, encanto y personalidad. Es un juego que se disfruta y que te acaba dejando con buenas sensaciones si eres capaz de darle una oportunidad y tener un poco de paciencia.
A título personal, no me arrepiento de haberle dado una oportunidad. El tiempo que le he dedicado me ha merecido la pena y sigo pensando que es un juego encantador. Si te llama la atención audiovisual, te recomendaría que al menos le eches un ojo, ya que el resultado final es bueno.


- Es simplemente muy, muy adorable. El apartado audiovisual es una maravilla.
- Las mecánicas de crafteo y farmeo funcionan bien.
- Es entretenido, divertido y fácil de entender.
- El sistema de construcción es agradable.
- Mejorar tu madriguera poco a poco es un gustazo.

- Es fácil perderse por la ausencia de mapa y de marcadores contextuales más claros.
- Las misiones secundarias es difusa.