Hay algo tremendamente atractivo en volver a principios de los 2000. Y no hablo de revivir nuestra infancia con Bully. Hablo de vivir esa época tan mítica de las películas americanas en las que las guitarras eléctricas, la hamburguesa y el refresco en la ladera de una montaña con la chica que te gusta y un par de bicis, la música estridente y demás lo gobiernan todo. Agefield High: Rock the School pretendía ser eso y mucho más, pero no lo ha logrado.
Cierto es que hemos sido injustos con su estudio. Las constantes comparativas con el juego de Rockstar le han hecho un flaco favor más allá del marketing, área en la que sí le vino muy bien. Pero era injusto. Por un lado, tenemos a uno de los estudios con más dinero del mundo. Por el otro, a uno mucho más pequeño con un presupuesto más limitado.
Sin embargo, eso no evita que las sensaciones sigan siendo malas. Y es una pena, porque la idea estaba muy bien. Había potencial, y quizá con el tiempo sea una historia de redención, pero hoy por hoy Agefield High: Rock the School es un quiero y no puedo en el que cuesta encontrar a su gran estrella.
Análisis de Agefield High: Rock the School

La idea de Agefield High: Rock the School es clara: una atmósfera nostálgica en una era muy televisiva con una narrativa muy cinematográfica con la mítica de Bully asomando de fondo y el cine americano más populista sonando a un par de metros. Con cuerpo de comedia adolescente con aires de American Pie, pintaba bastante bien.
La música, la ropa, las actividades, la estética… Todo recordaba en los tráileres a esos maravillosos años que muchos de nosotros ni hemos vivido, pero sí nos hemos imaginado mil y una veces a través del relato hollywoodiense. Ojalá Sam nos hubiese hecho soñar de esa manera al vivir sus últimos meses de instituto en su nuevo hogar.
La historia es sencilla: son nuestros tres últimos meses en el instituto y queremos disfrutar de la vida al máximo. Aventura, sexo, amistades, clases, pellas, alcohol… La mítica americana en el cuerpo de un adolescente que quiere (o no) transgredir la ley y llegar a donde no debe o mantenerse en sus trece mientras vive sus últimos meses junto a la pandilla.

La suya es una historia sencilla y, por momentos, bastante simpática, aunque tampoco consigue que sus personajes terminen de resultar memorables. Con una estructura que busca darle profundidad a la vida escolar, recupera sus gajes propios: horarios, clases, actividades secundarias, ir en bici de un lado a otro… El problema es que muchas de esas ideas funcionan mejor en una lista que en la práctica.
Un pueblo sin vida en que Bully hace mella
Véanse, por ejemplo, las clases y las asignaturas. En lugar de componer minijuegos entretenidos, acaban siendo experiencias simples y poco estimulantes. Si a eso le sumas que Agefield se siente vacío, la cosa no mejora, y es que tampoco pedíamos que fuera enorme; solo interesante. Pero no lo es. Se siente sin vida.
En la mayoría de ocasiones acabas yendo de un marcador de mapa a otro sin mucho más que hacer por el camino, esperando a la siguiente misión mientras las conversaciones con distintos secundarios se repiten de manera poco intuitiva. La escritura, lejos de ser orgánica, se siente bastante mecánica en un pueblo que además dice ser pasivo.

Las inevitables comparativas con Bully tampoco le hacen bien. Agefield High: Rock the School recuerda demasiado al trabajo de Rockstar, lo pretenda o no. Cierto es que reducirlo todo a un clon fallido sería simple, pues sí que tiene esa personalidad propia que siempre le pedimos a juegos así.
En este caso, no es suficiente. No es que no alcance a Rockstar. No le pedíamos eso. Sería muy injusto. El problema es que aun cuando lo valoras de manera independiente y con el resto de cosas ajenas a ti, sigue resultando insuficiente. Es un quiero y no puedo en el que quizá algo más de tiempo o presupuesto (ojalá lo hubiesen tenido, pero ya sabemos cómo es esta industria) les habría ido muy bien.
Algo que falla
Pero, ¿por qué? Pues porque en esencia no es tan divertido como podría. Cuando caminas por el instituto o te apuntas a una actividad, te das de palos con otro estudiante, etc., tendrías que querer más. Sí, al principio se te escapa una sonrisa traviesa que no debería estar ahí… y ya está. La sensación de que estás completando tareas sin más se da demasiado pronto.

Por ejemplo, el combate. Es excesivamente sencillo y no es contundente. No hay variedad en ellos. Al final siempre son lo mismo, tanto en las animaciones como en las opciones disponibles. No me esperaba una obra magna, pero tampoco un apartado incapaz de darme algo de variedad. Creo que el estudio intentó abarcar demasiado y se quedó corto en demasiados aspectos.
Las misiones tampoco ayudan demasiado. El juego no invita a desviarte del camino a ver qué hay y algunos trayectos son demasiado largos. Si hubiese más que hacer, no habría problema, pero no es así. A veces solo es una manera de sumar horas. O esa es mi sensación. Si a eso le sumamos que los problemas técnicos de inicio fueron bastante contundentes, la cosa no mejora. Ahora funciona mejor, y técnicamente ha dado un paso hacia adelante, pero sigue teniendo trabajo que hacer.
Lo curioso es que tampoco todo funciona mal. Hay momentos en los que la propuesta te consigue arrancar una sonrisa. Su humor absurdo está bien tirado y encaja perfectamente con el aire de los 2000 que transmite. La duración relativamente contenida de la propuesta juega a su favor, y es que esas diez horas que puede llegar a durar no tienen un mal ritmo de base.
No necesitaba ser Bully, pero…

Creo que Agefield High ha tenido un problema bastante particular desde antes de llegar a nuestras manos: que lo comparasen con Rockstar. Pero el caso es que creo que muchos ya éramos conscientes de que solo era por la idea y la estética; no le podíamos pedir lo mismo. El caso es que no necesitaba llegar a ese nivel de libertad, profundidad o variedad.
Siendo un proyecto más pequeño, estábamos bien con acometer el proyecto de manera más humilde. Eso le habría sentado mejor, quizá, que querer tocar todos los palos. De hecho, cuando se olvida de lo demás y se centra en la nostalgia, y en ese aire americano de los 2000, se ven reminiscencias de un buen juego. Tiene voz propia, pero solo por momentos.
El problema es que esa personalidad no basta para esconder sus carencias. La escritura cae en el cliché de manera muy frecuente, los personajes son más arquetipos que otra cosa y las expresiones faciales son peliagudas. Hay conversaciones en las que no encajan con lo que está ocurriendo.
Tiene su encanto, pero pesa que detrás de toda esa estética solo tengamos un conglomerado de un puñado de mecánicas que no terminan de despuntar del todo. Menos habría sido más, estoy seguro, aunque quizá me equivoque. El caso es que Agefield High: Rock the School tiene una buena idea y su ambientación tiene su encanto.
Conclusiones

De hecho, diría que hasta tiene sus momentos. Cuando abraza sin complejos su concepto de comedia adolescente y se deja llevar por su espíritu, pero sin coger todos sus tópicos para hacerlos suyos, es decir, cuando es Agefield High: Rock the School y nada más, brilla. Pero es solo por momentos, como ya dije.
El problema es que entre los problemas técnicos, una estructura narrativa no muy conseguida, un sistema de misiones tedioso, mecánicas que no terminan de llegar a donde podrían, errores técnicos, etc., cuesta encontrar razones para recomendarlo. Y me duele, la verdad, porque la idea me gustaba.
Además, tampoco me gusta hablar así de ningún juego, porque sé lo jodido (perdón por la expresión) que resulta hacerlos. Sé lo que muchos apuestan y los riesgos que conlleva, más cuando eres pequeño. Lo entiendo, y es por eso que me duele más, pero no puedo recomendar Agefield High: Rock the School. Al menos no subjetivamente hablando.
Espero, sinceramente, que el tiempo les ayude a revisar todos esos problemas y acabe siendo un juego mucho mejor de lo que hoy día es, porque el esqueleto da para ello. Habría que revisar muchos elementos y apartados, mejorar no pocos apartados y darle varias vueltas, pero podría ser. Algún día, quizá.


- La ambientación de los 2000 consigue transmitir nostalgia y tiene algunos momentos realmente simpáticos.
- Su humor absurdo encaja perfectamente con la comedia adolescente que pretende ofrecer.
- Cuando abraza su propia identidad, demuestra que detrás había una buena idea.

- El combate es demasiado sencillo, poco contundente y termina resultando repetitivo demasiado pronto.
- Agefield se siente demasiado vacío y convierte muchos desplazamientos en simples trayectos entre marcadores.
- Las clases y actividades son demasiado simples para conseguir que la vida escolar resulte interesante.
- El sistema de misiones resulta tedioso y rara vez invita a desviarse del camino establecido.
- Los problemas técnicos siguen presentes y terminan lastrando todavía más una propuesta irregular.
- Sus personajes no terminan de resultar memorables y la escritura cae demasiado en el cliché.
- Intenta abarcar demasiadas ideas y acaba quedándose corto en prácticamente todos sus apartados.
- La comparación con Bully es inevitable, pero el problema real está en sus propias carencias.