El mundo tal y como lo conocemos ha llegado a su fin. Por motivos desconocidos, el mar lo ha devorado todo. La sociedad ha sucumbido y la raza humana sobrevive como buenamente puede en las pocas estructuras a las que se puede llamar tierra firme. A lo Kevin Costner en Waterworld, el nuevo mundo se construye sobre el agua. Esa es la premisa de All Will Fall.
Pero, ¿de qué trata? ¿Qué es exactamente? Desarrollado por All Parts Connected, se trata de un juego de supervivencia, construcción y simulación de colonias en el que tendremos que aprender a gestionar recursos y comunidades. Es, a grandes rasgos, un juego de gestión vertical en el que tendremos que aprender a aprovechar el espacio como pocas veces he probado.
Con entornos en 3D y físicas realistas, te propone hacer las veces de arquitecto mientras desarrollas tu propia urbe, aprovechando cada centímetro con precisión de cirujano, al no poder obviar el hecho de que la gravedad existe. En All Will Fall ya te puedes ir olvidando de esos bloques que se mantienen en el aire por pura fuerza de voluntad.
Conectar dos plataformas no es sinónimo de estabilidad. Aquí las cosas tienen su propio peso y, a medida que avances, tendrás que medir cada movimiento si no quieres acabar siendo el líder de una ciudad submarina. Todo sea dicho, bajo tal pretexto podría parecer que es un juego que busca ser extremo.
Así es el simulador de colonias All Will Fall
Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que All Will Fall es un juego bastante asequible de buenas a primeras. A nivel mecánico no es especialmente complejo, pero sí que requiere de cierta maestría. Los primeros pasos son sencillos y está bien tutorizado, pero a medida que avanzas se va complicando al agregar distintas funciones.
De buenas a primeras todo es fácil: construye un par de casas, obtén ciertos recursos, abre algunos caminos para llegar a nuevas zonas, etc. No obstante, a medida que pasan las horas, se van sumando nuevas opciones. Cada vez hay más variables y tienes menos espacio, por lo que tienes que empezar a jugar con la física y la gravedad.
La falta de espacio te obliga a ir hacia arriba, convirtiendo la experiencia en una lucha contra la gravedad. El caso es que fallarás. Y mucho. Como juego de construcción, tendrás que aprender por las malas. Te irás dando cuenta poco a poco de que las cosas fallan cuando esa plataforma de la que estabas tan orgulloso cede sin previo aviso.
Y cuando cae, no lo hace ella sola, sino todo lo que dependía de ella. Esto te hace sentir frágil y vulnerable, pues sabes que el mundo no está de tu parte. Sin embargo, al mismo tiempo te estimula. Es un desafío. Uno que puedes superar si eres capaz de pensar con lógica y aprender de tus errores.
Tu manera de jugar cambia. Aprendes. Mejoras. Te esfuerzas cada vez más y, en el proceso, disfrutas. No diré que es perfecto, y es que a veces las cosas pasan sin entender bien por qué. Hay ocasiones en las que parece que lo estás haciendo todo bien y resulta que no. El juego, por momentos, puede resultar frustrante y hay ciertos picos de complejidad difíciles de sobrellevar.
No siempre está ejecutado de la mejor manera posible y los controles son algo toscos. A veces cuesta manejar la altura o el ángulo, provocando pequeños parones que, si bien no enturbian la experiencia, resultan un tanto molestos. Es un detalle que deben ir puliendo poco a poco, pero que en realidad no me preocupa.
Y es que al final la base es buena. A fin de cuentas, el juego logra que cada pequeña decisión como constructor se convierta en un puzle estructural. Todo mientras gestionas a tu comunidad, tanto a nivel de recursos como de bienestar y lealtad, ya que las cosas se pueden torcer si te conviertes en un dictador sin humanidad alguna.
Columnas, pesos, alturas… todo influye. Incluso decisiones aparentemente pequeñas, como dónde colocar un almacén, pueden afectar al equilibrio general si acumulas demasiado peso en un mismo punto. A nivel de gestión, tampoco busca la complejidad extrema, pero sí introduce suficiente presión como para que no puedas ignorarla. La comida, por ejemplo, no es solo un recurso más: condiciona el ritmo al que puedes crecer.
Expandirte demasiado rápido sin asegurar el suministro puede llevarte a una crisis difícil de revertir. Y lo mismo ocurre con el refugio: si tu estructura es inestable, no solo pierdes edificios, también pones en riesgo a tu población. Donde el juego funciona mejor es en cómo conecta ambas capas.
No puedes separar construcción y supervivencia, porque una alimenta a la otra. Si construyes mal, pierdes recursos. Si gestionas mal, te ves obligado a construir deprisa. Y en ese punto es cuando todo empieza a venirse abajo, literalmente. Y, si bien es cierto que tampoco puedo decir que el juego reinvente ninguna rueda, considero que hace bien las cosas.
Es entretenido y ofrece desafíos interesantes. Además, tampoco es que te proponga optimizar todo al máximo con una precisión milimétrica. No hace falta ser un matemático. Solo tener paciencia y aplicar la lógica. Si vas a saco o te gusta jugar extremadamente rápido, pues no es juego para ti.
Aquí hay que medir tiempos, estudiar posibilidades, gestionar frentes y entender que todo tiene un límite. En un género en el que todo tiende al control absoluto, disfrutar de una propuesta que no se olvida de la gestión exhaustiva, pero sin un grado de concreción tan alto, pues la verdad es que da gusto. Además, viene con textos en español, lo cual siempre es un plus.


- Tiene una idea clara de lo que quiere y lo ejecuta bien.
- Está en español.
- El sistema de gestión de recursos y construcción es entretenido.
- Es un juego con bastante profundidad.
- Gráficamente se ve bien.
- Es una propuesta que mide bien el desafío vs. entretenimiento aunque tenga ciertos picos.

- Un modo multijugador le vendría de cine, pero no tiene.
- A veces los controles son algo toscos.
- Ciertos picos de dificultad.