Tengo que empezar diciendo la verdad… bueno, dos verdades. La primera es que, incluso si no lo hubiese jugado, sabría que sería un juegazo. Basta con ver la racha que lleva Capcom últimamente (si, hablo de Resident Evil 9 Réquiem), para comprender que estaríamos ante algo grande, así que si, podéis estar bastante tranquilos porque Monster Hunter Stories 3 ha salido increíble.
- Tal vez te interese leer: Nuestro análisis de Residente Evil 9 Réquiem
La segunda verdad es un poco más rara. No soy especialmente fan de la saga principal de Monster Hunter, pero la subserie Stories tiene un “no sé qué” que siempre consigue sacarme una sonrisa con cada entrega. Y con esta nueva entrega… no es diferente. Estoy contento, y sí, también sonriente.
Y es que llevábamos tiempo esperando esta entrega tras el buen sabor de boca que dejó Monster Hunter Stories 2 Wings of Ruin hace unos años. Capcom ha sabido mimar una subsaga que nació como un experimento curioso pero que ha terminado por consolidarse totalmente.
Esta mezcla de caza tradicional con la cría de monstruos al estilo JRPG ofrece una profundidad que la saga principal a veces no permite. Si tuviese que definirlo en una sola frase, diría que: «es un título que celebra el coleccionismo sin descuidar el desafío táctico constante»
Análisis de Monster Hunter Stories 3: Twisted Reflection: la redención técnica de los monsties

El primer impacto visual es demoledor y a mí, al menos, me ha trasladado directamente a esa estética vibrante y limpia de Zelda Breath of the Wild. En PS5 (que es donde lo hemos podido analizar) el juego luce de escándalo, manteniendo una fluidez envidiable mientras volamos o galopamos por sus amplios escenarios naturales, coloridos y llenos de vida.
La optimización es excelente y no hemos sufrido caídas de frames ni tirones molestos incluso en los momentos de mayor carga. Se nota el salto generacional respecto a las anteriores entregas (cosa lógica por otra parte), regalándonos una experiencia suave que potencia mucho la exploración libre.
Los Monsties están diseñados con un nivel de detalle tremendo (comprendiendo que no es un estilo hiperrealista), aunque es cierto que (y esto es una opinión totalmente personal), les falta ese magnetismo icónico de otras franquicias. Aunque son compañeros de batalla formidables, cuesta conectar con ellos emocionalmente al mismo nivel que lo harías con un Digimon o un Pokémon de las primeras generaciones.
A pesar de esto y entendiendo de que quizá tampoco es lo querían haber conseguido, la evolución de la crianza es la más satisfactoria que hemos visto en un juego de este género últimamente, y eso es de aplaudir y dar mérito. Es el camino que muchos deseábamos para los juegos de capturar monstruos, priorizando la calidad visual y la coherencia del mundo vivo… o dicho de otra manera, es el juego que «llevo esperando» para la saga de Game freak y que solo, y muy de refilón, he podido notar en Leyendas Arceus.
Piedra, papel, tijera y mucha materia gris

El sistema regresa con su característica trinidad de ataques (Potentes, Ágiles y Técnicos), una dinámica de «piedra, papel o tijera» que obliga a pensar constantemente en la causa y efecto de cada elección. En esta entrega, el flujo se siente mucho más dinámico y menos farragoso gracias a unas transiciones pulidas y un tutorial inicial que agiliza la curva de aprendizaje. No se trata de golpear por inercia, sino de leer al rival para ejecutar ataques vinculares que, además de ser estratégicos, ofrecen un gran espectáculo visual.
Más allá de nuestros ataques físicos, el núcleo táctico reside en las órdenes que damos a los monsties y la coordinación con los compañeros de equipo. La clave aquí es la sincronía absoluta: el objetivo es crear combos que desestabilicen al enemigo en el momento justo para tomar el control total del encuentro. Es un sistema que premia la planificación y la capacidad de anticipar los movimientos del adversario, convirtiendo cada turno en una pequeña partida de ajedrez donde la cooperación es el arma más fuerte.
Siendo honestos, este es el único punto donde el título me genera una fricción personal, repito, personal. Como entusiasta de sistemas de combates «complejos y nada intuitivos» como el de Xenoblade Chronicles —famoso por su gestión de tiempos de carga y dinamismo—, el sistema de este juego se me hace algo distante.
Sin embargo, no sería justo calificarlo como un punto negativo a tener en cuenta; es una cuestión de filosofía de diseño y,sobretodo, personal. Mientras otros RPG modernos apuestan por el caos controlado, este prefiere la estrategia pura y la lectura de patrones, funcionando con una precisión impecable dentro de su propio ecosistema.
Una aventura que te atrapa sin artificios

Antes de comenzar la aventura, el juego ofrece un modo de creación de personaje bastante completo que permite personalizar al protagonista con bastante detalle. Podemos elegir entre distintos rasgos faciales, peinados y colores de ojos y piel, además de ajustar pequeños elementos estéticos que ayudan a darle identidad propia a nuestro rider.
No es el editor más profundo del género, pero sí ofrece suficientes opciones para crear un personaje propio antes de lanzarse a explorar el mundo y formar vínculos. Una vez nos hayamos creado a nuestro gusto, comienza la verdadera aventura y con ella la narrativa. Sinceramente, esta no pretende reinventar la rueda ni ganar premios al mejor guion del año, pero cumple con creces su cometido. Te mantiene pegado al mando gracias a un ritmo constante que sabe cuándo darte libertad para explorar y cuándo guiarte por la trama principal.
La historia se siente más madura y equilibrada que en entregas anteriores, logrando que te intereses por el destino del reino y por los personajes que encontramos en el camino. A este ritmo narrativo se suma un buen número de misiones secundarias que, aunque opcionales, se integran de forma natural en el mundo que recorremos.
Lo positivo es que el juego no te obliga a completarlas para avanzar; puedes centrarte únicamente en la historia principal si buscas una experiencia más directa. Sin embargo, dedicarles tiempo resulta muy gratificante, ya que sirven para ampliar el lore de las regiones y, sobre todo, para conseguir materiales raros que permiten mejorar equipo y armaduras para los desafíos más exigentes.
Conclusiones

Monster Hunter Stories 3: Twisted Reflection es la confirmación de varias cosas sobre Capcom: Siguen sabiendo hacer JRPGs de primer nivel, están en su prime y lo mejor… es que parece que no van a parar. Es un título redondo que, aunque no tenga los monstruos más memorables del mercado, compensa con un apartado técnico impecable y una jugabilidad que engancha desde el minuto uno. Si buscas una evolución real en el género de captura de criaturas, este es tu juego.
Recordaros que saldrá el 13 de marzo para PlayStation 5, Xbox Series, Nintendo Switch 2 y PC.


- Rendimiento técnico impecable, con una fluidez de frames constante en cualquier situación.
- Apartado artístico precioso que recuerda a los mejores exponentes del género de mundo abierto actual.
- Evolución jugable muy superior a sus competidores directos, demostrando que el género puede seguir innovando.

- El diseño de los Monsties sigue careciendo de ese «carisma especial» que tienen otras sagas de la competencia.
- El sistema de combate, aunque mejorado, puede seguir resultando algo denso para los jugadores que busquen algo simple.