No esperaba que Rematch me enganchara de esta manera. De hecho, entré con cierto escepticismo. No porque la idea fuera mala —todo lo contrario—, sino porque no es fácil hacer un juego de fútbol que se salga del molde sin estrellarse por el camino. Sin licencias, sin plantillas reales y sin la parafernalia habitual del género, parecía una propuesta de nicho. Y lo es. Pero también es una de las más interesantes que he probado en mucho tiempo.
Tras varias horas de juego, puedo decirlo sin rodeos: Rematch no quiere ser FIFA ni eFootball. No busca simular el deporte ni replicar sus reglas con fidelidad quirúrgica. Lo que pretende —y lo consigue— es capturar la tensión pura del fútbol como juego competitivo: el posicionamiento, la lectura del rival, el error humano y la satisfacción de una jugada bien ejecutada.
Es un título que se siente honesto. Crudo, incluso. No hay animaciones que te salven, ni sistemas que maquillen tus fallos. Si pierdes el balón, es porque has fallado. Si marcas un golazo, es porque has leído bien la jugada y ejecutado mejor que el rival. Y eso, hoy en día, se agradece.
La base jugable de Rematch es tan simple como exigente. Partidos rápidos, en escenarios cerrados, sin interrupciones y con equipos reducidos. Todo está diseñado para que la acción no se detenga ni un segundo. Aquí no hay faltas, no hay fueras de juego y no existe el concepto de tiempo muerto.
Cada jugador controla a un único futbolista desde una cámara en tercera persona, lo que cambia por completo la forma de entender el fútbol virtual. No eres el director de orquesta desde la banda: estás dentro del campo, expuesto, cometiendo errores y tomando decisiones en tiempo real.
Análisis de Rematch

Este planteamiento convierte cada partido en un pequeño duelo mental. La lectura del rival es tan importante como la ejecución. Saber cuándo presionar, cuándo retrasar la jugada o cuándo arriesgar un pase largo marca la diferencia entre ganar o perder.
Que nadie se equivoque: aunque tenga un enfoque arcade, Rematch no es un juego simple. El control es accesible, sí, pero dominarlo requiere horas. Pasar, disparar o despejar implica apuntar manualmente y medir la potencia, lo que añade una capa de habilidad que no todos los juegos de fútbol se atreven a exigir.
Esto se traduce en una curva de aprendizaje bastante pronunciada. Los primeros partidos pueden ser frustrantes. Fallarás pases sencillos, regalarás goles y te sentirás fuera de lugar. Es parte del proceso. Pero cuando empiezas a entender cómo se mueve el balón, cómo rebotan las paredes y cómo posicionarte, todo hace clic.

Uno de los mayores aciertos del juego es que todos los jugadores son iguales. No hay estadísticas ocultas, ni mejoras que afecten al rendimiento en el campo. La progresión es estética y poco más. Aquí gana quien juega mejor, no quien más horas ha invertido desbloqueando ventajas.
Esto refuerza mucho su vertiente competitiva y lo acerca más a títulos como Rocket League que a cualquier simulador deportivo tradicional. El balón no entiende de nombres ni de medias: solo responde a tu habilidad. Si hay algo que define a Rematch, es su ritmo. No hay tiempo para pensar demasiado.
Cada segundo cuenta, y dudar suele ser sinónimo de perder la posesión. Esto hace que el posicionamiento cobre una importancia capital. Colocarte mal no solo te perjudica a ti, sino a todo tu equipo. Dejar un hueco en defensa o no ofrecer una línea de pase puede condenar la jugada.
El ritmo y la importancia del posicionamiento

Es un juego que castiga el egoísmo y premia la cooperación constante. En este sentido, jugar con amigos cambia radicalmente la experiencia. Con comunicación por voz, el juego gana una profundidad enorme. Avisar de una marca, pedir un pase o coordinar una presión conjunta puede decantar un partido muy igualado.
Con jugadores aleatorios, en cambio, la experiencia es más irregular. No porque el sistema funcione mal, sino porque es un juego que necesita compromiso colectivo. Si uno de los miembros del equipo no entiende esto, todo se resiente. Mención especial merece el rol del portero. Lejos de ser una posición pasiva o aburrida, es uno de los papeles más exigentes del juego.
No hay asistencias que te ayuden ni animaciones milagro. Leer el disparo, salir a tiempo o despejar con criterio es vital. Un solo error puede costar el partido. Y eso genera una tensión constante que resulta sorprendentemente adictiva. Atajar un disparo complicado se siente tan bien como marcar un gol.

Además, el portero no es un mero espectador en la salida de balón. Participar en la construcción de la jugada es clave, y saber cuándo arriesgar y cuándo despejar largo forma parte del aprendizaje. A nivel visual, Rematch apuesta por un estilo limpio y funcional. No busca el hiperrealismo, sino la claridad.
Todo se ve bien, las animaciones son fluidas y el balón responde de manera coherente. No es un juego que deslumbre por lo gráfico, pero tampoco lo necesita. La cámara funciona bien, el campo es legible y los efectos visuales cumplen su función. Donde sí destaca es en la respuesta del control: todo se siente inmediato.
El sonido acompaña correctamente, aunque aquí sí se echa en falta algo más de personalidad. Cumple, pero no destaca. Es un aspecto que podría mejorar en futuras actualizaciones.
Conclusiones

Pese a todo lo bueno, Rematch no está exento de problemas. El contenido es algo limitado y, a largo plazo, puede sentirse repetitivo si no llegan nuevos modos o variantes. También necesita seguir puliendo su sistema de emparejamiento y fomentar mejor el juego en equipo entre desconocidos. No es sencillo, pero es clave para que la experiencia no se resienta.
Aun así, la base es tan sólida que resulta fácil imaginar un futuro muy prometedor si el estudio decide apoyarlo con contenido y ajustes regulares. Rematch es un juego valiente. No intenta agradar a todo el mundo, y eso juega a su favor. Es exigente, competitivo y poco indulgente con el error, pero tremendamente satisfactorio cuando lo entiendes.
No es un sustituto de los grandes juegos de fútbol, sino una alternativa distinta. Un título pensado para quienes buscan algo más directo, más humano y más crudo. Si te gusta el trabajo en equipo, aprender de tus errores y competir en igualdad de condiciones, aquí tienes una propuesta muy interesante. No es perfecto, pero tiene personalidad. Y eso, hoy en día, vale mucho.


- Jugabilidad exigente y muy satisfactoria.
- Enfoque competitivo honesto y sin artificios.
- Premia el trabajo en equipo por encima del lucimiento individual.
- Ritmo alto y partidos muy intensos.

- Curva de aprendizaje dura.
- Contenido algo limitado a largo plazo.
- Con jugadores aleatorios puede perder fuerza.