Cuando hablamos de juegos de estrategia en tiempo real, hay pocos nombres tan reconocidos como Age of Empires. Desde su nacimiento en los años 90, la saga ha definido y acompañado la evolución del género, siendo uno de esos títulos que han marcado a varias generaciones de jugadores en PC. Por eso, la llegada de Age of Empires 4 a PS5 no es solo un lanzamiento más, sino un pequeño acontecimiento.
Estamos ante uno de los RTS más importantes de la última década, ahora reimaginado para un sistema tradicionalmente ligado al mando y al sofá. Esto ya pasó con su entrega más longeva y querida, Age of Empires II Definitive Edition o Age of Mythology, que llegaron al ecosistema de PlayStation este mismo año.
Aunque en ambos ports ya aclaramos la duda, una vez más nos preguntamos, ¿un juego tan táctico y estratégico pensado únicamente para PC puede ser jugado sin ratón y teclado sin perder la identidad? por suerte volvemos a tener la respuesta. Lo hace a través de ajustes inteligentes en su interfaz, un sistema de control adaptado y un ritmo ligeramente más amigable con mando.
Todo esto además lo consigue sin sacrificar nada, ni perder un ápice de estrategia y diversión. De hecho, podemos jugar partidas competitivas contra usuarios de PC. De todo esto y mucho más os hablamos en nuestro análisis, ahí vamos.
Análisis de Age of Empires 4 para PS5: menos campañas pero con un enfoque mas concentrado

Como ya es habitual en la saga, el juego cuenta con varias campañas que relatan grandes momentos históricos de nuestra historia. Estas no son lineales, sino que atraviesan varias civilizaciones y puntos de vista diferentes explorando los conflictos que cambiaron el mundo. Eso sí, en esta ocasión se limita únicamente a cuatro grandes campañas (cinco si tenemos en cuenta su primera expansión), pero contadas de un modo más detallado y vivido.
La conquista normanda; de Guillermo el conquistador, el auge de Moscú; detallando el gran avance de Europa del Este, las campañas de los mongoles; bajo el mando de Genghis Khan y la guerra de los 100 años; el gran conflicto entre Inglaterra y Francia. Como veis en esta ocasión se centra en mayor medida en los sucesos ocurridos entre el sigo XXI y el XVII en Europa y parte de Asia.
El enfoque que tiene, busca explicar estas historia de un modo más exhaustivo, pero sin cortar la acción en absoluto. La campaña no se siente únicamente como una excusa para tener un modo historia, sino que aporta mucha variedad a la jugabilidad. De este modo podemos completar objetivos que lejos quedan de los de una partida competitiva, pero a la vez entretiene.
En pocas palabras, la historia, más que servir como excusa, educa. Y lo hace sin aburrir, sin extenderse demasiado y sin interrumpir el ritmo del juego. Es una forma de enseñar historia que solo un videojuego puede lograr: permitiendo vivirla, no solo escucharla. No se trata simplemente de recordar fechas, sino de comprender cómo la historia humana está hecha de decisiones, ambiciones y consecuencias. Jugar estas campañas es aprender sin darse cuenta.
La jugabilidad con el DualSense, un desafío que cumple con creces

Aunque implementa cambios sustanciales, la jugabilidad de esta entrega, aunque implementa cambios sustanciales y nuevos añadidos, mantiene el espíritus y las claves de la saga. Recoger recursos, construir edificios, investigar tecnologías y entrenar unidades para enfrentarse al enemigo. Este ciclo básico es tan antiguo dentro del videojuego como eficaz, y ahora se pule para dar un resultado más actual.
La adaptación del control al mando de PS5 era uno de los desafíos más grandes. Sin embargo, la solución empleada funciona sorprendentemente bien. La interfaz se ha reorganizado para que las acciones importantes estén siempre a uno o dos botones de distancia, siendo «X» el sustituto perfecto del clic del ratón.
La selección de unidades se realiza con precisión gracias a un sistema de grupos predefinidos y menús radiales (que podemos personalizar de muchas maneras), mientras que mover la cámara y supervisar el mapa se siente fluido gracias al uso de los sticks. Aunque la experiencia sigue siendo más rápida y precisa con ratón y teclado, la versión de PS5 incorpora soporte completo para ello, de modo que cada jugador puede elegir su manera de jugar.
Por suerte y ante las dudas, podemos jugar con teclado y ratón. Lógicamente, esto será un obstáculo para quienes jueguen desde la comodidad del sofá, pero es importante saber que hay opciones para quienes busquen una jugabilidad más ágil o clásica. Lo importante es recordad que atrás queda la tosquedad de la versión de PS2, y que, sin embargo, la compañía ha hecho un enorme esfuerzo en que el juego sea funcional y disfrutable usando el mando… y lo ha logrado.
Ocho grandes civilizaciones para que encuentres tu estilo de juego

La verdadera riqueza de la jugabilidad aparece al explorar las civilizaciones. No se trata solo de cambiar el aspecto visual de los edificios o de las tropas. Cada facción tiene una forma diferente de entender la expansión, el desarrollo y la guerra. Los ingleses son expertos en defensa, los franceses en caballería pesada, los mongoles pueden desplazar su base entera por el mapa, los chinos progresan a través de eras dinásticas que alteran su capacidad productiva y los rusos se benefician de la aceleración en la recolección y el comercio.
Esta diversidad hace que cada partida se sienta distinta y que aprender una civilización implique descubrir nuevas estrategias, rutas de progreso y formas de pensar en el mapa. Las batallas, por su parte, son dinámicas y espectaculares. No todo depende del tamaño del ejército, sino de cómo se usa. La colocación de las tropas, el terreno (que ya os avisamos, gana mucho protagonismo en esta entrega), la visión del mapa y la mezcla de unidades determinan el resultado.
Ganar no siempre significa tener más, sino tener mejor control, mejor lectura de la situación y mejor preparación. Recordad que algunas unidades tendrán ventajas sobre otras, por lo que no siempre basta con desarrollar la más cara. Muy posiblemente, habrá jugadores que consideren que ocho civilizaciones son pocas frente a todo el abanico que planteaba la segunda entrega.
Nosotros nos hemos sentido más que satisfechos, y no hay que olvidar que aquí, los cambios entre civilizaciones son más evidentes. Por suerte aprenderemos a dominarlas casi todas durante la campaña, que siendo rápidos puede llevarnos más de 30 horas. Además, cuenta con varios modos de dificultad, lo que le da una rejugabilidad tremenda para quienes vayan a por el platino.
Como os decíamos, uno de los añadidos que más importancia tiene para nosotros en esta versión, es el control sobre el terreno. Podemos aprovechar las elevaciones para provocar emboscadas, o aventajar algunas unidades tales como arqueros. Nos ha parecido un añadido, que sin ser conscientes de su importancia, le da un nuevo toque más estratégico a la saga. No hay dos mapas iguales ni dos inicios idénticos, lo que obliga continuamente a adaptarse.
Modos de juego de sobra con el cross-play en un apartado técnico sobresaliente

Además de las campañas principales, el juego ofrece un modo de escaramuza contra la inteligencia artificial con opciones totalmente configurables. Aunque sin duda, donde es probable que pasemos más horas es en el multijugador, que al igual que los anteriores port, cuenta con juego cruzado entre plataformas. Como cabría esperar, enfrentarse a otros jugadores cambia la experiencia por completo. La lectura del mapa, la velocidad de reacción y la capacidad de anticiparse al oponente cobran un peso mucho mayor.
Jugar en equipo permite estrategias cooperativas que pueden transformar por completo el desarrollo de la partida. Todo esto se complementa con desafíos especiales y contenidos que se van actualizando, lo que mantiene el juego vivo y en evolución. Por ejemplo, en el momento de escribir estas líneas, están disponibles los eventos de Halloween, en el que podemos conseguir algunos cosméticos (sellos, estandartes…).
Volviendo al tema del multijugador, es bastante fluido, tanto al encontrar partida como el trascurso de la misma. No hemos sentido caídas de fotogramas durante las mismas ni niveles de ping que nos hagan perder. Es más, hemos llegado incluso a ganar alguna partida, haciendo que ganemos alguna recompensa para nuestro perfil.
Y hablando de fotogramas, el juego funciona a la perfección a 60 fps, con resoluciones que alcanzan los 4K. Esto se debe en gran medida, a que el juego no hace uso de un gran desempeño gráfico, sino más bien un nivel de detalle modesto para la época. En cambio, conviene recordar que estamos ante un título de estrategia, donde la mayor parte de la partida funciona en cámara torre. Por eso, el apartado gráfico es posiblemente el menos importante de todos, siendo mucho más agradecido las mejoras del control en la adaptación al mando.
Conclusiones finales | Análisis Age of Empires 4 Anniversary Edition para PS5

Age of Empires 4 en PS5 demuestra algo importante: la estrategia en tiempo real puede funcionar perfectamente en consola si se adapta con cuidado y respeto por su esencia. El juego mantiene su profundidad, su riqueza táctica y su capacidad para enseñar historia sin sacrificar comodidad ni fluidez. Su ritmo pausado y su aprendizaje progresivo lo convierten en una experiencia accesible para quienes nunca habían jugado RTS, y al mismo tiempo lo suficientemente compleja como para mantener interesados a los veteranos.
No todo es perfecto, como el desempeño gráfico o como que no todo el contenido está disponible en la edición básica. Jugar con mando nunca será tan rápido como con teclado y ratón, y algunos jugadores pueden sentir que el ritmo es más tranquilo de lo que les gustaría. Pero lo que ofrece es sólido, y por fin jugar con mando es una opción posible y que no desmerece frente a PC.

Es un juego pensado para disfrutarse con calma, observando cómo un pequeño pueblo se convierte en una civilización poderosa, etapa a etapa, batalla a batalla. Nosotros lo tenemos claro, Age of Empires 4 en PlayStation 5 es más que una adaptación sobresaliente. Es la posibilidad de disfrutar de un título de estrategia en consolas sin sacrificar el más mínimo ápice de su alma.


- Las civilizaciones se sienten más diferenciadas entre ellas que nunca.
- Control adaptado con mucho detalle y mimo al DualSense.
- Los eventos y el cross-play le dan vida para rato.

- A nivel de contenido, muy por detrás de otras entregas.
- Jugar con el mando sigue sintiéndose un poco por detrás del ratón.
- El ritmo pausado de las partidas al principio, puede no ser para todos.