De Hyrule Warriors a Tears of the Kingdom
Como jugadores, prejuzgar un videojuego es extremadamente fácil y gratuito. Como no estoy libre de pecado, en mi caso siempre lo ha sido con géneros como los musou y los hack and slash. Apretar botones sin más nunca fue lo mío… hasta que llegó el tráiler de Hyrule Warriors: La era del destierro. Después de saber que su historia sería canon (a diferencia de su predecesor) y que nos contaría los sucesos previos a Tears of the Kingdom, fue motivo más que suficiente para pedir perdón de antemano a mi Pro Controller y, con respeto y curiosidad, descubrir el verdadero por qué de la guerra de Hyrule.
La premisa es tan simple como potente: hordas de enemigos, héroes legendarios, artefactos de poder y un enemigo ancestral llamado Ganon que amenaza todo Hyrule. ¿Otra vez él? Las veces que hagan falta. Si habéis jugado a Tears of the Kingdom, quizá os falten algunos detalles de la historia; pero este ambicioso musou llega para rellenar esos huecos, explicándonos, entre batallas y escenas narrativas, el verdadero por qué de la guerra de Hyrule.
Pero, como buen exponente del género, La era del destierro no se queda solo en la historia, cada combate mezcla acción y narrativa de forma natural. A medida que avanzamos, vemos cómo héroes y villanos se cruzan. También cómo los eventos pasados afectan el presente y cómo cada batalla tiene un peso real en Hyrule. Incluso los enfrentamientos más grandes tienen sentido dentro del lore, creando un equilibrio perfecto entre frenesí y contexto, entre la calma y el caos.
Análisis de Hyrule Warrios: La era del destierro – Lo que explica una guerra
Para mí, la primera pregunta es clara y necesaria: ¿es este juego mejor que La era del cataclismo? La respuesta es un rotundo sí en todos los aspectos. Como muchos coinciden, el título anterior se presentó como la precuela de Breath of the Wild, pero desde los primeros compases, su narrativa se desmoronaba, careciendo de sentido y coherencia. En cambio, la simple certeza de que La era del destierro es canon, le da un aire de “título más serio”, convirtiéndolo en una experiencia que merece la pena probar incluso si no eres fan del género.
El juego sigue siendo un musou de pies a cabeza, para bien y para mal, pero esta entrega se permite respirar. Hay espacio para la emoción, para explorar el mundo y para conocer mejor a sus personajes. Aun así, no hay que olvidar que mantiene la fórmula clásica del género: asaltar extensos campos de batalla, barrer oleadas de enemigos, enfrentarse a jefes poderosos y desbloquear personajes con habilidades únicas.

Lo que realmente destaca es cómo ha adaptado mecánicas modernas al universo Zelda. Los “artefactos Zonnan” permiten ejecutar ataques especiales con fuego, viento o agua. Mientras, el sistema de progresión se acerca más a un RPG ligero que a un musou tradicional. Añade profundidad y variedad a cada enfrentamiento sin perder la esencia del género.
En cuanto al ritmo y los controles, las primeras horas del juego son ágiles, satisfactorias y emocionantes: esquivar, encadenar combos y ver cómo explotan centenares de enemigos a tu paso resulta muy gratificante. Sin embargo, con el tiempo ese ritmo puede volverse algo repetitivo, con niveles que se parecen entre sí y objetivos recurrentes como “captura puesto” o “enfrenta jefe”, sin una variación destacada que sorprenda a medio-largo plazo.
La curva de dificultad deja claro que el juego busca que el jugador se sienta cómodo, pero también le permite «aspirar a más» si decide enfrentarse a los retos secundarios. Para los más completistas hay mucho por hacer, aunque quizá con menos innovación radical de lo que algunos esperaban. Aun así, no supone ningún drama ni algo imperdonable dentro de la experiencia.
El diseño y estética de La era del destierro

Visualmente, Hyrule Warriors: La era del destierro mantiene la esencia de sus hermanos mayores: escenarios amplios, detalles de paisaje cuidados y ambientes que transmiten “historia” por sí mismos —castillos en ruinas, cielos abiertos o salas de batalla iluminadas—. Las cinemáticas son abundantes y cada aparición de un personaje clave o giro dramático se enfatiza con pausa y dramatismo, reforzando la inmersión.
En cuanto al rendimiento técnico, alcanza los 60 fps, lo que asegura fluidez en combates masivos. Aunque aparecen bajadas puntuales cuando los efectos en pantalla son numerosos, el conjunto se mantiene sólido y agradable para jugar.
En lo sonoro, la banda sonora combina lo épico con lo melancólico, evocando los temas clásicos de la saga Zelda. El doblaje al castellano cumple más que correctamente, sumando un plus de inmersión que acompaña la experiencia de juego, permitiéndonos escuchar las ya “míticas” voces de Zelda y compañía, como en las últimas entregas.

Y como ya hemos hablado antes, donde el juego sorprende realmente es en su enfoque narrativo. La era del destierro sirve como puente entre los grandes acontecimientos de Breath of the Wild y Tears of the Kingdom, explicando la guerra previa a la caída de Hyrule. Zelda asume un papel más activo, el rey Rauru se consolida como figura trágica y los Seis Sabios regresan con una profundidad que expande el lore de la franquicia.
El ritmo es ambicioso, con cinemáticas largas y bien dirigidas que buscan emocionar más que impactar. Algunos jugadores podrían sentir que interrumpen el flujo de combate, pero para quienes valoran el contexto narrativo, se agradece este enfoque más introspectivo. Los personajes jugables tienen personalidades bien definidas y estilos de combate que reflejan su historia. Mineru, por ejemplo, combina ataques físicos con control espiritual, mientras que Sonia manipula el tiempo para ralentizar enemigos. Sin duda, es un detalle que aporta variedad y profundidad al combate.
Análisis de Hyrule Warrios : La era del destierro | Conclusiones

Tras unas 18 horas, puedo decir sin miedo que Hyrule Warriors: La era del destierro es una experiencia más que sólida y ambiciosa. Combina acción frenética con un trasfondo emocional que expande el universo Zelda y ofrece una narrativa más cuidada de lo habitual en el género musou. Como todo juego, no está exento de pequeños fallos, pero son detalles menores que no afectan la experiencia global. Funciona a 60 FPS, y considerando su predecesor, eso ya es un logro notable.
Quizá no sea el musou más sobresaliente de todos, pero tras jugarlo y empaparme de su ritmo, puedo afirmar que es uno de los mejores títulos para iniciarse en este alocado género. Y sí, si algo tengo que claro es que, esta misma noche y ahora que entiendo todo un poco más, empezaré mi segunda vuelta a Tears of the Kingdom.


- Su conexión directa con Tears of the Kingdom y el enfoque narrativo entre tantas batallas
- El rendimiento técnico y la dirección artística
- La variedad de personajes y estilos de combate, que mantienen la frescura durante toda la historia

- La estructura de misiones puede volverse repetitiva a largo plazo.
- Algunas ideas prometen más de lo que finalmente desarrollan