Siempre se ha dicho que dirigir un país conlleva una gran responsabilidad, pero… ¿Sucede lo mismo cuándo reduces la extensión de tu territorio y cambias nuestra actual civilización por un castillo? La lógica nos dice que sí, pero estoy convencido de que los creadores de Diplomacy is Not an Option no estarán del todo de acuerdo con esta afirmación… y me alegro.
Nuestro rey, en este caso, es «un cerdo egocéntrico que ha llevado al país a una crisis económica con su gasto descerebrado de dinero». Y no lo digo yo, lo dice su descripción oficial de Steam. En otras palabras, tu señor feudal lo mismo es un señor ebrio con la capacidad de mando de una hormiga borracha.
Por desgracia, no es que la cosa no vaya contigo. A fin de cuentas, es tu feudo. Tu hogar. Es el lugar donde creciste, así que tendrás que hacer algo al respecto. Ya sea uniéndote a la más que justificada rebelión de tu pueblo, o posicionándote justo en contra para reprimir la misma, te tocará defender tus ideales con uñas y dientes sin espacio para la diplomacia.
Bien cargado de un sentido del humor de carácter paródico con no pocos destellos de un humor un tanto más negro, evoca la magia de algunos RTS más clásicos con los que muchos de nosotros crecimos. Sin embargo, no se ata al pasado, ya que se presenta como un título mucho más actual que sigue los preceptos de la presente generación.
Diplomacy is Not an Option




Dicho, ¿qué nos vamos a encontrar en Diplomacy is Not an Option más allá de esas peculiares dosis de amor? A grandes rasgos, con un constructor de bases y estrategia en tiempo real en el que tendremos que diseñar una fortaleza capaz de resistir ataques de cientos (o miles) de enemigos.
Recuerda en cierto modo a un tower defense debido a que debemos defender nuestra posición sea como sea, pero se aleja de los mismos al agregar gestión de tropas, construcción de edificios y gestión de recursos tras una muralla.
La idea es simple: recluta a todos los soldados que puedas, diseña un bastión inexpugnable (spoiler: no lo es) y lucha por tu vida en mapas generados de manera procedural con enemigos que no dejan de llegar en grandes oleadas.




Técnica y narrativamente muy sencillo, desarrolla la idea de manera relativamente simple. No obstante, funciona. Es divertido, entretenido y desafiante. Si te gusta el género, tiene la complejidad suficiente como para darte respuestas a todo, pero sin llegar a marearte.
Siempre te deja con la espinita de intentar llegar un poco más lejos, estimulando nuestro ego como jugadores de manera casi constante. Es por esto que os diría que es un juego bastante interesante para quienes gusten de los RTS.
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Además, es más directo que el clásico juego de estrategia en el que debemos construir todo tipo de emplazamientos para construir recursos mientras exploramos el mapa. Es más sencillo en la práctica que, por ejemplo, un Age of Empires, pues aspira a otra cosa.



Al centrarlo todo en un emplazamiento del que no queremos salir, permite que el gameplay sea más sencillo y más fácil de asimilar pese a que también tenga su aquel. Además, tiene unos diseños y unas físicas realmente divertidas. Cuando el caos se desata, es muy visual. Y no, no sufre demasiado en lo técnico.
Lo único malo es que en determinados momentos puede sentirse algo repetitivo, puesto que, aunque dispone de varios modos muy interesantes, en algunas ocasiones parece que la defensa es demasiado similar a la anterior pese a su carácter procedural.
Del mismo modo, en algunas ocasiones puede resultar algo frustrante, puesto que si tienes mala suerte y te toca enfrentarte a un ejército que se ajusta demasiado bien a tus defensas, puedes perder una partida sin saber bien qué ha pasado cuando en teoría estabas preparado.


Pese a ello, la mezcla de táctica a medio y largo plazo junto a la microgestión del momento y la necesidad de sobrevivir en tiempo real me han dejado con una buena sensación. El estrés de aguantar un ataque con miles de enemigos merece la pena cuando sales victorioso o aprendes algo nuevo.
Conclusiones
Al final, lo que te queda es un juego bastante interesante dentro del género de los RTS. Tiene un carácter más defensivo de lo habitual, pues la idea es esperar a los ataques enemigos en lugar de ser tú quien proponga ir al ataque. Y si bien es cierto que a veces pega de frustrante, en general las sensaciones son buenas.
Ha sabido encontrar su propio espacio en un género en el que no resulta tan fácil innovar y, pese a que pueda no ser el único así (seguramente no lo sea), sí que es uno de los pocos que he tenido la suerte de encontrar, probar y disfrutar de principio a fin pese a sus fallos.
Todo sea dicho, aunque considero que es más sencillo que un RTS algo más hardcore por la forma en la que se concibe, su curva de dificultad puede ser algo elevada para los que no tienen nada de experiencia en el género.


- Su carácter masivo. Las peleas multitudinarias son un auténtico deleite de caos y destrucción.
- La presencia de ciertos hechizos le da un toque extra al concepto de táctica que le sienta muy bien.
- Su estilo desenfadado y su sentido del humor entran muy bien con su estética y su premisa.
- La generación procedural evita que se sienta tan repetitivo como podría pese a que no siempre funciona.
- La variedad de modos te permiten disfrutarlo de distintas formas pese a que siempre sea lo mismo en cierto modo.

- La curva de aprendizaje puede resultar demasiado elevada para jugadores con poca experiencia.
- A veces se siente repetitivo de más pese a su carácter procedural, especialmente en el modo campaña.
- Ciertas runs o misiones pueden resultar frustantes cuando el azar se pone muy en tu contra.