Imagínatelo: un rancho olvidado en mitad de la nada, rodeado de oscuridad. Mires donde mires, solo hay bosque y susurros. Ecos malditos que te vigilan a cada paso mientras el cielo amenaza con romperse. El miedo cobra forma. I Hate This Place parte de una base de construcción similar para plantear su idea de terror isométrico.
Con Elena como guía en una búsqueda que podría ser perfectamente un juego a vida o muerte, el proyecto de Rock Square Thunder se define como un survival horror que mezcla el miedo con el crafting. ¿Funciona? La idea es como mínimo particular. Por desgracia, no siempre funciona como debería.
Todo arranca mediante una suerte de ritual que provoca la aparición de todo tipo de horrores. El rancho Rutherford se convierte, de pronto, en un lugar repleto de misterios, desde cultos hasta abducciones, pasando por toda clase de fenómenos paranormales. En mitad de ese mundo se encuentra la ya mencionada Elena, quien se enfrenta a ese mundo a través de un mapa de carácter no lineal repleto de sorpresas.
Aquí es donde podría hablaros del cómic, mas lo cierto es que no lo conozco. No sabía ni que se inspiraba en una serie de tebeos que, aunque no son necesarios, sí que aportan muchos detalles contextuales. Sin ellos, el juego no es lo mismo, o al menos esa es la sensación que me ha dado tras leer a otros compañeros del medio.
No depende de los cómics, pero bebe tanto de ellos que se pierde parte de su esencia si se desconoce su contenido. Sea como fuere, no quiero detenerme en este detalle. Es más, dejaré ya este tema a un lado para —ahora sí— hablaros del juego en propiedad.
Análisis de I Hate This Place: supervivencia entre día y noche

De buenas a primeras, I Hate This Place empieza bien. La tensión inicial es constante y te mantiene al filo de tu asiento. Sin embargo, esta sensación se diluye a medida que avanzas. No se pierde por completo, pero el ritmo evoluciona de manera un tanto errática, provocando que parte de ese terror se pierda con las horas.
No lo digo de manera netamente negativa, y es que esto tiene su lado bueno. El juego funciona mediante un ciclo de noche y día, transformando nuestro estilo según la luz de la que dispongamos. Durante las horas de sol tenemos que aprovechar bien el tiempo. ¿Cómo? Pues recolectando diferentes recursos en distintos emplazamientos mientras nos abrimos paso para mejorar nuestras prestaciones.
Además, también debemos usar ese tiempo para reforzar nuestra base. Operamos desde lo que podríamos llamar nuestro propio rancho, disponiendo de áreas de cultivo y diferentes zonas en las cuales podemos llevar a cabo diversos trabajos. El sistema de gestión funciona bien y, la verdad, es que le da un toque interesante, pero es lo que provoca que parte de esa tensión se diluya.

Los tiempos deben ser largos, ya que de otra manera no daría tiempo a nada, pero al espaciarlo tanto, tenemos tiempo de relajarnos, al menos en lo que al terror se refiere. Eso sí, cuando cae la noche, toda clase de criaturas vendrán a reventar nuestro remanso de paz. Quedarse de brazos cruzados no es una opción.
Pero hay que moverse en silencio. La mayoría de enemigos se guían por el ruido, por no decir todos, y sabrás que te han pillado o no por su estilo comiquero. Sus reacciones muchas veces se representan mediante onomatopeyas de estilo comiquero que cambian de color según su estado de alarma. Aquí entran viejos clásicos, como lanzar objetos que hagan ruido en otra dirección o esconderte en matorrales para gestionar el aggro.
Crafteo, sigilo y terror a partes iguales
No es la única opción, ya que también podrás crear armas. Además de ítems médicos u objetos de utilidad, podrás diseñar tus propias herramientas de combate para enfrentarte a los enemigos más complicados de esquivar. Al final, la idea es sobrevivir una noche más, sea como sea, para poder llegar cada vez más lejos.

A medida que avances, será más fácil conseguir recursos, pero también aparecerán algunos enemigos peores. Además, los recursos suelen escasear, por lo que tampoco puedes ir a lo loco porque de repente te veas muy fuerte. Saber gestionar es importante. El problema aquí vuelve a ser el ritmo, ya que a veces se queda a medio gas por ese cambio de ciclos y la gestión de riesgo y recompensa.
A veces es incluso un poco tedioso, ya que el flujo no es constante y los viajes a veces son pesados. Y eso que el combate en realidad no funciona del todo mal. Diferencia bien entre el cuerpo a cuerpo y el rango, con armas blancas y de fuego, pero la cámara isométrica hace que el apuntado no sea tan preciso. Además, la hitbox en melee a veces es un poco errática también.
Además, progresas de manera tan bestia en algunas circunstancias que pasas de ser cazado a cazador. No diré que seas la versión femenina de Terminator, pero ganas mucho poder en no tantas horas. La exploración recompensa con eventos aleatorios nocturnos, como coches espectrales o raptos, y misiones de fantasmas únicas: entras en un reino espiritual para rastrear pistas con una linterna espectral.
Un cómic con vida propia

Ahora bien, el apartado gráfico sí que es bastante potente. A título personal, me ha gustado mucho. Es como un cómic con vida propia, de trazos gruesos, colores neón y escenarios catastrofistas muy bien estilizados, al más puro estilo pulp de los años ochenta. Las viñetas flotantes le dan el punto, las onomatopeyas están bien integradas y el arte cel shading queda genial.
Los monstruos tienen un acabado muy llamativo y, en general, el juego luce muy bien. A esto le podemos sumar una banda sonora con bastante personalidad que amplifica muy bien el sentimiento de soledad y desasosiego. Análogamente, he creído ver referencias a distintos clásicos del cine de terror e incorpora distintos elementos retro muy potentes.
Eso sí, las animaciones de Elena son un tanto rígidas, aunque las burbujas de diálogo molan. El rendimiento es bueno en PC, pero la interfaz a veces es un poco torpe. En general, podría decirse que el juego funciona, pero necesita varios ajustes para extraer todo su potencial. Si tuviese que ponerlo en una balanza, diría que lo positivo pesa más.
En resumidas cuentas, podría decirse que I Hate This Place reúne diferentes ideas bastante interesantes y que cuenta con un apartado audiovisual bastante potente, pero en lo mecánico se ejecuta de manera irregular. El combate es un tanto tosco y el ritmo es errático, lo que provoca que no siempre se sienta tan bien como podría.


- El apartado audiovisual tiene bastante personalidad y ese toque comiquero le sienta genial.
- Maneja varias ideas y conceptos interesantes.
- El sonido está bastante conseguido.

- El ritmo es un tanto errático.
- El sistema de gestión de bases a veces lo ralentiza demasiado.