Innegablemente, los juegos de lucha automática se han vuelto cada vez más populares, aunque siguen siendo —hasta cierto punto— de nicho. Sin embargo, de cuando en cuando aparecen uno o dos estudios que se atreven a diseñar un título que funciona solo. Al menos en lo mecánico, pues la responsabilidad de hacer que todo funcione es nuestra. Skull Horde es uno de ellos.
Y tiene sentido. Eres un nigromante, por lo que tu fuerza no reside en tus poderes, sino en los súbditos que eres capaz de controlar. Esto es algo que entiendes desde el primer minuto, puesto que todo pasa por la construcción de ejércitos y unidades. En Skull Horde tendrás que diseñar tus propias tropas y actuar con cabeza.
En cierto modo se podría decir que es un juego de estrategia en el que todo pasa por la gestión de tropas autónomas. Es decir: tú las designas, pero ellas actúan por sí solas. No podrás decir hacia dónde se mueven o a quién atacan, sino que te limitarás a escoger su composición.
Lo interesante de Skull Horde es que va más allá de la simple creación de unidades. Cuenta con un sistema de combinación realmente interesante que podemos dividir en dos ramas: clásica e imaginativa. La primera es simple: si unes a tres unidades iguales evolucionarán en una más fuerte.
Análisis de Skull Horde

La otra es la que más mola: si combinas distintos tipos de unidad obtendrás diferentes resultados. Por ejemplo, puedes fusionar a un arquero con distintos tipos de magos para que sus ataques generen efectos especiales desde la distancia y se conviertan en unidades especializadas en el AoE o el control de masas. Es algo realmente divertido de ver.
Por lo tanto, podemos decir que Skull Horde pasa por la gestión de recursos, unidades y estrategia a través de un menú bastante intuitivo y una buena interfaz en la que lo que más sorprende es la gran cantidad de posibilidades que tenemos. Lo mejor de todo es que el juego solo cuesta 9,99 €, por lo que solo con esto ya podemos hablar de un título con buena relación calidad-precio.
A fin de cuentas, hay muchísimas opciones, por lo que tiene una gran rejugabilidad. Al ofrecerte tantas posibles rutas, cada run puede sentirse diferente si te dedicas a experimentar y probar. Por supuesto, hay unidades más óptimas, pero todo dependerá de tu estilo de juego y de las mejoras que vayas obteniendo.


En cualquier caso, funciona, y dispone de un estilo gráfico tipo pixel art que, si bien puede parecer poco resultón, lo cierto es que luce mucho cuando juntas a muchas unidades. Personalmente, me gusta, pues creo que tiene personalidad y se ve bien dentro de lo que esperamos de un juego indie de pocos gráficos.
Es profundo, tiene carisma y es claro, aunque podría entender que a quienes gustan de un estilo más definido les pueda echar atrás su apartado gráfico. La dirección artística está chula y me gusta, pero también peca de básica. Si soy más objetivo, lo cierto es que no puedo decir que sea un juego que destaque en lo visual como pueden hacerlo otros indies que han apostado por este tipo de estética. No es el primero de su clase, pero no está mal.
Un juego de pensar mucho y actuar poco

Sobre todo cuando avanzas. Aunque es cierto que el juego es resultón cuando sumas muchas unidades y es ahí cuando destaca, esto tiene un límite. A medida que avanzas y sumas más, más y más soldados, esta fuerza visual se transforma en un caos difícil de gestionar visualmente. En ciertas ocasiones todo acaba demasiado saturado.
Acaban habiendo tantas cosas en pantalla que realmente no te enteras bien de qué está pasando. Es algo lógico si lo planteas desde su premisa, pero se podría haber arreglado agregando más opciones de zoom, escenarios más grandes o personajes con diseños más definidos por el borde. El negro sobre el oscuro no resalta. Se vuelve confuso.
Además, a veces es un tanto… obtuso, por decirlo de alguna manera, a la hora de interactuar con ciertos elementos de esa misma interfaz que he destacado para bien, pero nada que haga que se sienta especialmente mal. Lo cierto es que son detalles. Pequeñas sombras que enturbian ligeramente la experiencia, pero no hacen que se sienta realmente mal. Sigue mereciendo la pena.


Sobre todo porque es capaz de destacar positivamente en los dos puntos más importantes de esta clase de videojuegos: es entretenido y es profundo. Lo primero es indispensable. Lo segundo, muy importante, pues sin un sistema capaz de hacernos comernos la cabeza durante un buen rato… Pues no es lo mismo.
Por suerte, Skull Horde te lo da. Eso sí, la curva de aprendizaje para jugadores menos avezados en la materia puede ser algo compleja, ya que la gestión de recursos exige bastante. Por lo pronto, estoy bastante satisfecho con lo que han logrado. Más todavía con ese precio que ya resalté antes.
Conclusiones
Bajo el paraguas de la industria indie, y prestando atención a su propuesta, diré que Skull Horde es un buen juego. De nicho, eso sí, y no para todo tipo de jugadores, pero bastante entretenido para todos los que gusten de este tipo de experiencias. En general mis sensaciones han sido bastante buenas y de verdad que pienso que puede darnos mucho.
Sí, te pide paciencia y tiempo. Sí, tendrás que pararte a pensar cada paso y te tropezarás bastantes veces. También vas a sufrir al principio. No es fácil jugar bien. No te regala las cosas. Te exige. No es fácil. Tampoco es imposible. Es… Hay que darle eso: tiempo. No aprenderás a jugar a la primera. Tampoco a la segunda o a la tercera.
Pero cuando lleves unas cuantas partidas y el cerebro te haga click, y entiendas todo, descubrirás que sus creadores en realidad han sido capaces de hacer algo bastante bueno incluso con no tantos recursos. Quizá no sea el primero de la clase, pero sí que es un estudiante de notable.


- La enorme cantidad de combinaciones y posibilidades estratégicas.
- El sistema de fusión de unidades y sus evoluciones especiales.
- La profundidad jugable que ofrece pese a su planteamiento simple.
- La gran rejugabilidad que aportan las distintas builds y rutas.
- Lo entretenido que resulta cuando entiendes bien sus mecánicas.
- La relación calidad-precio por todo el contenido que ofrece.
- El carisma de su propuesta y su enfoque de nigromancia.
- Lo satisfactorio que es ver crecer y evolucionar tu ejército.

- El caos visual que se genera cuando hay demasiadas unidades en pantalla.
- Algunas partes de la interfaz resultan algo confusas u obtusas.
- La curva de aprendizaje puede hacerse bastante dura al principio.