Tras más de seis años de diferencia con respecto a la primera entrega, Ghost of Yotei ya está disponible en PS5 y tenemos listo nuestro análisis. Sucker Punch se estrena en la actual generación de consolas con una secuela indirecta de Tsushima pero que nos lleva de nuevo al Japón feudal.
Además lo hace con una verdadera declaración de intenciones, donde pulen y mejoran los aspectos más criticados del original, como una historia mucho más cuidada y una protagonista más carismática. Pero no es lo único que ha querido mejorar el estudio con esta nueva entrega, y es que la jugabilidad y el apartado técnico, ha sabido heredar todo lo bueno del original llevándolo a un nuevo nivel.
Más allá de la venganza, está la salvación: análisis de Ghost of Yotei

Más de 300 años después de los acontecimientos de Ghost of Tsushima, nos trasladamos a la actual zona de Hokkaidō, concretamente en Sapporo. Una isla del archipiélago japonés que justo empezaba a ser colonizada, y por tanto disputada. En mitad de esta revolución histórica, un grupo de forajidos conocidos como «los seis de Yotei» arrasa con todos aquellos que no sean fieles a su señor Saito.
En mitad de esta cacería, la familia de un herrero maestro pagará las consecuencias, siendo Atsu, la hija del matrimonio, su única superviviente. Tras ser ensartada contra un árbol en llamas, consigue salvarse jurando venganza, y tras diecisiete años de entrenamiento, está preparada para llevarla acabo.
Mucho más allá de parecer la típica historia de venganza, GoY ofrece una perspectiva mucho más profunda de esta, logrando que conectemos con su protagonista desde casi el principio. Y es que no solo cuenta con un inicio potente, sino que su trama va siempre de menos a más.
A diferencia de la primera entrega, podemos elegir en que orden ejecutamos nuestra venganza, por lo que la historia no se condiciona a un orden estricto. Eso sí, llegado cierto momento, no nos quedará más remedio que avanzar en una determinada trama para hacer que el resto avance, por lo que la linealidad argumental no está ausente del todo.
De este modo, y yendo a piñón, tenemos 15 horas de trama que además cuenta un modo único para contar los diferentes avances. Y es que el pasado también merece la pena ser contado, por lo que mediante flashback, exploraremos como fueron los sucesos previos a la masacre.
Yotei se abre ante nosotros con un mapa mucho más disfrutable de explorar

La familia juega un papel importante, al igual que los distintos conflictos territoriales, que también serán desvelados a medida que cumplimos misiones secundarias. Un logro nunca visto en Sucker Punch que se han superado como nunca antes para contar una historia con la que sin duda, nos hemos emocionado.
Y es que no vacilamos ni un ápice al asegurar que pocos juegos de mundo abierto son tan divertidos de explorar. Pese a contar con decenas de horas de coleccionables, estos son muy satisfactorios de conseguir. El mapeado está dividido en cinco grandes, cada una representado biomas distintos, pero muy bien conectados.
De este modo, no estamos ante una pradera inmensa y sin final, sino que han apostado por zonas más delimitadas. Así, la exploración es mucho más accesible y cómoda, sin llegar a ser apabullante, todo un acierto. Igualmente, acaba siendo un juego muy grande y cargado de tareas, las cuales sin más remedio, acaban siendo repetitivas.
Algunas de estas, ya las vimos en la primera entrega y su expansión, como el entrenamiento con bambú o las persecuciones de zorritos. Otras resultan más típicas y simples, donde redundantemente acabaremos batiéndonos con un grupo de enemigo.
En cambio, otras resultan muy apasionadas y con mucha más profundidad tanto argumental como jugablemente. Por ejemplo, los templos nos llevarán a zonas únicas donde tendremos que hacer más uso de saltos. Sin embargo son muy divertidos porque además de vistas únicas y dignas de nuestro botón de hacer capturas, en ocasiones dan más detalles del pasado de Atsu y su familia.
Coleccionables y misiones secundarias que no cansan pese a estar muy presentes

Como os decíamos, el juego está repleto de contenido secundario, y aunque podemos centrarnos directamente en la trama, merece la pena pegar una pasada. Algunos coleccionables para mejorar los parámetros de Atsu, ya estaban presentes en la primera entrega: manantiales, zorros, altares… Otros en cambio, han sido revisados para mejorar la experiencia, como los templos, que ahora ofrecen una experiencia cargada de saltos y que siempre culminan con unas espectaculares vistas del mapa.
También están de vuelta las conquistas de las zonas enemigas, donde el juego nos da mucha libertad al decidir como afrontarlo. Ya sea con sigilo o a espadazos limpios, tendremos que limpiar pequeñas zonas sobrecargadas de enemigos para bajar su afluencia en la zona.
Como se puede apreciar, en su mayoría son tareas que se podrían esperar de casi cualquier otro juego de mundo abierto. Sin embargo, el gran cambio lo hemos visto en las secundarias, que ahora cuentan con causas mucho más justificables. En su mayoría, estas nos piden que investiguemos algún caso que suele terminar en un combate a muerte. Sin embargo, otras resultan mucho más elaboradas y que además, ayudan al trasfondo de la trama, cuya recompensa además, es más importante.
En definitiva, aunque se nota más mimo en esta secuela por las secundarias, siguen resultando algo repetitivas, aunque nunca obligatorias. Quizás un toque más original le habría dado justo lo necesario para atraparnos de grata manera, pero aún se siente algo desfasado en cuanto a lo que aportan a un mundo tan rico.
Jugabilidad pulida y expandida. Jugar con Atsu es mucho más divertido

Pasando a otro de los platos fuertes de esta aventura, la jugabilidad eleva la diversión de la primera entrega a un nuevo exponencial. No solo se han pulido ciertos detalles del combate, como la IA enemiga, que ahora reacciona mejor a nuestros encuentros dependiendo del tipo de dificultad que usemos. Sino que ahora, contamos con una variedad de armas mucho más amplia. Entre armas cuerpo a cuerpo, a distancia y arrojadizas, superamos con creces la decena de formas de jugar.
Lógicamente, se repite un patrón de la primera entrega, y es que cada arma está diseñada para un tipo de enemigo en concreto. De este modo, el tono estratega se mantiene, pero el combate se siente ahora mucho más justo y bien medido. Cada arma cuenta con su set de movimientos, por lo que cada una de ellas se siente distinta al usarlas. Por ejemplo, las katanas dobles son ágiles y sirven bien contra enemigos que usan lanzas. En cambio, la Odachi es posiblemente la más lenta de todas, pero viene de lujo para romper escudos enemigos.
Por otra parte, aunque a nivel estético podemos personalizar cada arma en apariencia, cada una de ellas tiene su propio árbol de desarrollo. Para esto, tendremos que recolectar materiales en las distintas áreas de Gotei, por lo que nos incentivan a no dejarnos nada atrás. Lo mismo ocurre con las habilidades de las armas, que en su mayoría se aprenden visitando altares de reflexión, pero no luchando.
Otro punto más rolero lo aportan los talismanes, que en su mayoría se obtienen haciendo misiones más concretas. Estas, nos dan habilidades pasivas, que además pueden ser mejorados de determinadas maneras, haciendo que podamos hacer de Atsu, un personaje mucho más personalizable. Lo mismo ocurre con las armaduras, que pese a contar con un centenar de modificaciones estéticas, solo hay 11 diferentes, cada una de ellas con un enfoque diferente en sus pasivas. Además, para hacernos con estas tenemos que recurrir a misiones más extensas y elaboradas, son divertidísimas.
El arte de hacer arte en un apartado técnico que nos deja sin habla

Ghost of Gotei también es un juego que entra por los ojos, siendo quizás su calidad visual lo que más atrape a los jugadores. No solo estamos ante escenarios preciosos y llenos de vida, sino que además explotan el potencial de PlayStation 5 como pocos. Cabalgar a lomos de nuestro caballo a captado otro sentido más allá del de desplazarse. Imaginar estar recorriendo las praderas de Yotei y mezclarte con una bandada de grullas o caballos, es simplemente magistral.
El viento vuelve tener un papel importante al hacernos de guía, sin embargo en esta ocasión se mezcla de una forma más natural con el escenario, dando vida a la vegetación y mucho de los movimientos que vemos en pantalla. Como os decíamos al principio, el juego está dividido en cinco grandes escenarios, cada uno con su propio ecosistema que nos hace sentir que estamos en sitios muy distintos, pero conectados.
El número de localizaciones que podemos visitar a crecido de forma exponencial, contando con muchas más pequeñas aldeas o puestos. De esta forma, el juego se siente aún menos vacío, contando con un nivel de detalle muy alto en cada una.
Los movimientos de nuestro personaje, su pelo, cada una de las vestimentas, cuentan con un nivel de polígonos altísimo que se nota en todo momento. Por echarle algo en cara, algunas animaciones faciales fuera de escenas de importantes, dejan mucho que desear, mientras que las escenas más renderizadas si cuentan con movimientos faciles más sorprendentes.
La decisión más difícil de todo el juego, elegir el modo gráfico

En este título, no solo la dificultad (es muy personalizable) presenta un fuerte dilema en su elección. En el modo base de PS5, contamos con tres modos gráficos: calidad, rendimiento y trazado de rayos, cada uno con su propio enfoque.
El único que ofrece una experiencia nativa y muy fluida a 60 fotogramas es el modo rendimiento, que sacrifica algo de calidad para llegar a este estándar. En cambio en Calidad, la experiencia es a 30 fotogramas con una resolución mucho más alta, aunque por experiencia, no la terminamos de recomendar en un juego con tanta acción y movimiento.
Nosotros, nos hemos decantado por jugar en trazado de rayos, cuyo rendimiento es a 30 fps pero de un modo estable. Aquí, la iluminación alcanza su valor más alto, haciendo que algunos escenarios se vuelvan completamente fotorrealistas. Si bien es cierto, hubiéramos preferido disfrutar de este modo a 60 fotogramas, nos ha resultado el ajuste más intermedio entre calidad y rendimiento.
Respecto al doblaje, recomendamos encarecidamente jugarlo con voces en japonés, pues no hemos notado el mismo mimo en las voces en castellano. De hecho, algunas voces se repiten demasiado usándose en personajes totalmente distintos. Encontrarnos al actor de doblaje de Jin (protagonista de Ghost of Tsusima) en un enemigo, no ha sido buena idea en absoluto.
Análisis de Ghost of Yotei: conclusiones

Ghost of Yotei podría calificarse con una secuela algo continuista del primer título, pero muy mejorada en todos los aspectos. No solo la jugabilidad adictiva hace honores al estudio, sino que también cuenta con una variedad inmensa de formas para afrontar las situaciones gracias a su docena de armas distintas.
El desarrollo de la trama es más abierto, pero no olvida su enfoque en historia, que ahora cuenta con una protagonista con mucho mas peso y personalidad. Su mundo, ahora es más bello y apasionado si cabe, con muchas tareas por hacer, pero siempre permitiéndonos ir a nuestro ritmo. Aunque sin duda iniciamos este viaje por su apartado gráfico, capaz de trasladarnos a un lugar muy insólito de hace 400 años, impresionante.
En definitiva, 15 horas de aventura si vamos a pleno pulmón por la trama, y más de 50 si queremos disfrutar de todo lo que Yotei tiene que ofrecernos. Y vais a disfrutar de cada una de ellas más que Atsu liquidando a sus enemigos.


- Su mundo, precioso, lleno de vida y cosas por hacer.
- La jugabilidad mucho más mejorada y con posibilidades en combate.
- Algunas secundarias como los santuarios son magia pura.
- La personalidad de Atsu y todo lo que implica su viaje.

- Algunas animaciones faciales dejan que desear.
- Las tareas secundarias no son todo lo imaginativas que podrían ser.