Os hablamos de Plan B: Terraform, un singular juego de gestión y automatización en el que tendremos que crear nuestro propio planeta.
Si pensabas que diseñar tu propio planeta desde cero era algo imposible, tengo la respuesta que estabas buscando: Plan B: Terraform ya se encuentra disponible y se ha presentado ante el mundo como un singular juego de automatización y gestión de recursos al más puro Factorio.
Tal y como indica su propio, la obra de Gaddy Games te propone terraformar un mundo en el que apenas hay recursos. Cuando empiezas una nueva partida, apenas hay nada. La variedad de recursos disponibles es baja, cuentas con muy pocas opciones de construcción y por no haber no hay ni oxígeno.
No obstante, paso por paso serás capaz de llegar cada vez más lejos. Empezarás recogiendo hierro y azufre para producir, poco a poco, productos procesados. Lo harás mediante cadenas de montaje que podrás interconectar las unas con las otras, automatizando el proceso a medida que progreses en tu partida.
Poco a poco tu planeta irá cogiendo forma, obteniendo cada vez más recetas y pudiendo llegar más lejos con producciones a cada cual más compleja que la anterior. Gracias a esto serás capaz de llegar más lejos, adaptando el lugar para que sea apto para la vida humana.
A fin de cuentas, en este juego tu objetivo es transformar el planeta para que la gente pueda vivir en él. A medida que lo consigas, tendrás más habitantes, por lo que las exigencias a nivel de recursos serán cada vez más amplias. Ofreciéndote un auténtico desafío de ingeniería, Plan B: Terraform no tarda en desatar una tormenta de opciones que puede resultar hasta abrumadora.
Análisis de Plan B: Terraform


Con un tutorial muy poco intuitivo basado en recuadros de texto que te explican todo lo necesario, sí, pero no se adaptan del todo bien a jugadores menos avezados en la materia, Plan B: Terraform parece haber sido diseñado especialmente para los que ya tienen experiencia en la materia.
Este no era mi caso. Conozco Factorio y otros juegos similares, pero nunca los había probado. Es por esto mismo que mis primeras tres horas de juego fueron un auténtico infierno. No os miento si os digo que me apetecía cerrarlo y dejar de jugar, porque no me enteraba de nada.
Por suerte, como quería hablaros de él, me obligué a seguir. Insistí sabiendo que, como novato en el género, era mi falta de experiencia lo que me impedía disfrutar realmente del juego. Cuando le fui pillando el truco, lo cierto es que mis sensaciones cambiaron muchísimo.


Sí, la curva de aprendizaje me resulto compleja de sobrellevar: no entendía como automatizar el transporte de recursos ni cómo crear una zona de producción adecuada. Siendo sincero, sigo sin saberlo. Todos mis planetas han sido un auténtico desastre en donde no hay control alguno.
Pese a ello, es divertido. Plan B: Terraform es altamente adictivo cuando empiezas a encajar las piezas. Cuando todo comienza a funcionar y vas entendiendo las cadenas de producción, el juego gana muchísimo. Por desgracia, cuando le pillas el punto, aparecen cuatro capas nuevas, por lo que es un proceso complejo.
Crea tu propio planeta
No creo que sea un juego amable para con los nuevos jugadores, pero creo que es más un defecto del género que de la obra de Gaddy Games al uso. No es fácil aprender a ser uno con este tipo de experiencias, ya que buena parte de la gracia está en que alcanzan grados de complejidad realmente altos.

A fin de cuentas, gestionar un planeta dividido en miles y miles de celdas hexagonales en las que puedes crear un auténtico circuito de producción en donde cada proceso está altamente automatizado no debe ser sencillo en ningún caso.
Si fuera de esta manera, sería extremadamente aburrido. No es el caso de Plan B: Terraform. Sus creadores saben perfectamente cuál es la gracia del género. Es por esto que si queremos buscar un área en la que el juego destaque ese es el panorama general.
En Terraform debemos producir un entorno habitable generando recursos tales como oxígeno, construyendo dispositivos que produzcan gases de efecto invernadero para aumentar la temperatura del planeta, per sin pasarnos, plantar árboles una vez hayamos creado una atmósfera adecuada…
En general, se podría definir como un juego de ciencia ficción en el que tenemos que crear nuestro propio planeta. Lo bueno es que, a diferencia de otros títulos similares, este es bastante más relajado. Como lo plantea todo desde una perspectiva isométrica, es más fácil de controlar de lo habitual.
Así es como conocí a mi planeta

Además, puedes borrar cualquier edificio sin ningún tipo de penalización, puedes copiar estructuras enteras para reproducir áreas de producción y reformular la distribución de las carreteras y rutas de transporte en cualquier momento.
Dentro de que no es amable con el novicio, le pone las cosas algo más sencillas que en otros casos, siendo una puerta de entrada al género mucho más efectiva para un jugador sin experiencia. Al menos esa es la sensación que me ha generado a mí al formar parte de este grupo.
Cada estructura tiene un propósito: las fábricas generan atmósfera, las plantas producen energía y los sistemas de agua crean ríos o lagos. La gestión de recursos es el núcleo del juego: extraes minerales como hierro o carbono, los procesas en fábricas y los transportas a colonias en expansión mediante redes logísticas.


La simulación climática en tiempo real es clave. Tus decisiones, como fundir casquetes polares o plantar bosques, afectan directamente la temperatura, las precipitaciones y la composición atmosférica, permitiendo que el planeta evolucione de un terreno árido a uno con océanos y ecosistemas vivos.
Debes equilibrar estos cambios para hacer el entorno apto para colonias humanas, que crecen desde pequeños asentamientos hasta ciudades con millones de habitantes. La logística se complica con el crecimiento: usas barcos mercantes y trenes para conectar colonias, asegurando que los recursos lleguen donde se necesitan.
Conclusiones
A modo de conclusión, os diré que una de las grandes bazas del juego es que contamos con partidas individuales y modo libre, siendo este el que más nos deja experimentar. Apenas tiene restricciones y es el que más da de sí cuando aprendes a jugar.
Dispone de una interfaz bastante intuitiva (más allá del tutorial, el cual me sigue pareciendo demasiado confuso si no estás versado en la materia) y se salta explicaciones que a mi parecer son básicas, pero si le das tiempo y te da curiosidad el género, es bastante buena.
La progresión es gratificante pero exige planificación. Comienzas con recursos limitados y una sola base, y terminas gestionando un planeta interconectado. Sin embargo, la falta de escenarios variados hace que las partidas puedan sentirse repetitivas tras varias horas.
La vista aérea, que te permite sobrevolar tu creación, resalta la escala de tu trabajo, aunque las colonias tienen una interacción limitada, centrada en necesidades básicas como agua y energía. El ritmo pausado premia la estrategia meticulosa, haciendo de Plan B: Terraform una experiencia inmersiva para quienes disfrutan construir y optimizar sistemas complejos.

Al final, Plan B: Terraform es un simulador indie que destaca por su simulación climática y tono contemplativo. Transformar un planeta en un hogar habitable es gratificante, aunque su rejugabilidad se ve limitada por pocos escenarios. Es divertido, por lo que os lo recomendaría si os gusta el género u os apetece experimentar con él, ya que tiene buen precio.


- La simulación climática en tiempo real, que da vida a cada cambio.
- El tono pausado, ideal para sesiones de estrategia relajadas.
- La interfaz intuitiva, que facilita la gestión de recursos.
- El modo creativo, perfecto para experimentar sin límites.
- La banda sonora ambiental, que acompaña sin distraer.
- La vista aérea, que resalta la escala de tu creación.

- El tutorial inicial, confuso para jugadores nuevos.
- La falta de escenarios variados, que reduce la rejugabilidad.
- Las colonias, que piden más interacción para sentirse vivas.