‘One Piece’, ‘Naruto’ y ‘Bleach’, la tríada del shōnen (I)

La tríada del manga shōnen. Un análisis comparativo de los llamados sucesores espirituales de 'Dragon Ball'

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La tríada del shōnen, primera parte

Naruto, One Piece y Bleach. Durante mucho tiempo, estos tres shōnen fueron considerados como los más grandes referentes del manga. De hecho, por no poco años se les atribuyó el puesto de sucesores espirituales de Dragon Ball. Tres mundos, tres universos, tres historias. Con el paso de los días, las semanas y los meses fueron consolidando, lentamente, su posición. Fueron considerados como los reyes del shōnen. Ciertamente, los resultados cosechados tanto en ventas como en popularidad no daba espacio para las dudas. Junto a ellas, por otro lado, comenzaron a cimentar su posición tres grandes mangakas. Primeramente, Eiichirō Oda, padre de One Piece, y el primero de los tres en comenzar su trabajo más importante. En segundo lugar, Masashi Kishimoto, seguidor de Akira Toriyama, y creador de Naruto. Por último, Tite Kubo, autor de Bleach.

Estos tres autores comenzaron a publicar sus obras en 1997, 1999 y 2001, respectivamente. Obviando el éxito inicial dispar de sus mangas, el impacto que lograron fue, simplemente, tremendo. Hoy quiero hablaros de algo que se ha comentado largamente a lo largo del tiempo, pero de forma diferente. Las comparaciones entre mangas siempre ha estado a la orden del día, y hoy día se sigue debatiendo sobre su calidad. Muchos consideran que One Piece es la mejor de las tres, y otros tantos se decantan por Naruto. Bleach, en menor medida, también es dueño de un grupo que defiende su supremacía. Inclusive, algunos se atreven a destacar series como HunterxHunter, Fairy Tail, D. Gray-man o Toriko entre otras dentro del debate. Estas tres, y otras tantas, han llegado a ser, además, consideradas como las sucesoras de la gran tríada.

El manga shōnen y la eterna disputa

Bleach, Naruto y One Piece

Dragon Ball, a diferencia de otras tantas series de la actualidad, no compitió tan seriamente con otros mangas. Se disputó los primeros puestos con sus rivales, pero hoy día esa discusión parece historia. Tal vez, y solo tal vez, esto se haya intensificado en occidente. De hecho, es en esta porción del mundo donde parece haber menos debate en este respecto. Japón es otra historia, pues es la cuna de este tipo de cultura, mas obviaré el tema. No quiero entrar, como se suele decir, al trapo. Mi intención, en este día, es otra. Quiero comparar Bleach, One Piece y Naruto, pero no en función, unicamente, de su calidad. Hoy quiero hablaros de su evolución. Hoy os hablaré de aquello que las elevó hasta el séptimo cielo… y de aquello que las condenó al más profundo de los infiernos…

Antes de comenzar me gustaría, eso sí, resaltar la siguiente. Es muy posible que, a lo largo de este artículo, se hable sobre temas delicados. Además de contener mi opinión, netamente subjetiva, os advierto de la posibilidad de encontraros con varios spoilers. Así mismo, quiero que tengáis en cuenta que se trata de una comparativa y análisis gradual. Lo expuesto en un comienzo evolucionará, puesto que quiero mostraros algo diferente. Os pido, con todo esto, paciencia.

Por diversos temas, hoy me voy a centrar en Bleach. En primer lugar, os resumiré mi opinión inicial sobre cada una de las series para, posteriormente, desarrollar, concienzudamente, mi opinión sobre cada una. Nuevamente, repito: ¡Alerta spoiler!

One Piece, planteamiento inicial

One Piece

One Piece: un mundo gobernado por los piratas es, ciertamente, una idea muy básica. De los tres, probablemente, es el manga que concibió una idea más plana. El universo de One Piece se centró en un personaje principal que, de buenas a primeras, no ofrecía nada nuevo. La presencia de las Akuma no Mi, algo difusa al comienzo, trató de introducir un sistema delicado y algo inconsistente. Ingerir una fruta y obtener poderes resultaba demasiado descabellado. La idea inicial, por tanto, me pareció la peor de las tres. De las tres series, es la que mejor ha logrado sobrellevar el éxito.

Su evolución, sin lugar a dudas, ha sido tremenda. El paso del tiempo no ha hecho más que mejorar la calidad de sus historias y, salvo determinados baches normal en cualquier serie de su extensión ha mantenido un nivel muy constante. Los personajes y el universo de One Piece han conseguido hacer algo muy difícil: innovar aun con el paso de los años. Estamos hablando, probablemente, de la mejor de las tres series en cuanto a desarrollo se refiere.

Naruto, planteamiento inicial

Naruto

Naruto: a pesar de recurrir a un tema sin gran novedad, su planteamiento resultó muy innovador. Se abandonó la idea del ninja clásico para introducir un concepto algo más complejo. El sistema de las aldeas, y el funcionamiento del mundo, suponían un gran atractivo, pues el equilibro del mundo era tremendamente delicado. Tiempos de paz a cambio de una sempiterna guerra en la clandestinidad… Simplemente genial. Su principal protagonista, análogamente, era curioso e interesante. La idea no era demasiado original, pero estaba muy bien planteada sobre el papel.

Ciertamente, Naruto parecía poseer una mayor riqueza que el de sus rivales. De hecho, Naruto logró destacar por encima de sus rivales hasta alzarse con el primer puesto. Durante mucho tiempo se mostró intratable, pero al final terminó sucumbiendo ante su propio peso. La desnivelación de poderes, los fallos de guion o su propio final terminaron por provocar su caída. Pese a todo, logró salvar las apariencias, más o menos, pese a las numerosas críticas que terminó recibiendo. Por desgracia, fue un quiero y no puedo.

Bleach, planteamiento inicial y desarrollo

Bleach

El concepto base, la materia prima sobre la cual se sustentaba, era, ciertamente, poco original; los Shinigami son un elemento muy recurrente en la cultura japonesa y el shōnen. Sin embargo, Tite Kubo logró desarrollar el mundo de Bleach con gran maestría. Dio origen a un universo de grandes posibilidades y un abanico tremendo. Su protagonista era, en un primer esbozo, el más atractivo de los tres. El concepto, así como la temática, tenía un matiz más adulto y oscuro a lo que uno acostumbraba dentro del shōnen, lo cual le beneficiaba enormemente. Tomando como referencia únicamente el comienzo, por potencial y  planteamiento, Bleach estaba en cabeza. Ese toque de seriedad era lo que hacía, de este shōnen, algo diferente.

Pese a que el planteamiento podía ser peor en sus orígenes, One Piece y Naruto terminaron por demostrar mucho más. Bleach, aquel shōnen de enorme potencial, terminó siendo esclavo de su propio éxito. Inicialmente, parecía que Tite Kubo habían tomado la ventaja frente a sus competidores. Su guion, aun teniendo en cuenta sus posibles fallas, era el mejor. De hecho, muchos de sus personajes llegaron a sorprender a propios y extraños. A cada cual más sorprendente que el anterior, los enemigos y aliados de Kurosaki revelaron una profunda reflexión del ser humano.

Caída libre

Finalmente, el problema no tardó en revelar su identidad. Aizen, gran villano, estaba destinado a ser el enemigo final de nuestros protagonistas. Tanto por poder como por ideología, era el perfecto opuesto de Ichigo. Su visión del mundo, su forma de comprender el poder, se oponían a todo ideal típicamente shōnen. De hecho, durante mucho tiempo se estuvo hablando del final de Bleach ante el inminente enfrentamiento. Al final, Kurosaki logró derrotar al peor hasta el momento de sus enemigos.

Sí, quedaban dudas sin resolver, pero… Bleach, pese a todo, debió ver su final en aquella saga. Era el clímax perfecto, la última nota de su propia misa de réquiem. Un héroe sacrificado que abandonaba su poder, y su futuro como guardián de las almas, para proteger todo aquello que amaba… Habría sido un cierre hermoso, trágico y real; la dulce amargura de quien vence a costa de aquello que lo hace especial era lo que todos esperábamos. Por desgracia, la industria del manga, y el shōnen, es caprichosa como ella sola.

Por otro lado, uno de los mayores problemas de Bleach fue el poder de sus personajes. No es ningún misterio que, en más de una ocasión, a Tite se le acabó yendo la mano. Personajes cuyo poder era tan mísero como una solitaria gota de lluvia terminaban por, en cuestión de viñetas, sacar una tremenda fuerza de la misma nada. Los entrenamientos generaban unas mejoras increíbles. Es más, estos desbarajustes terminaron por generar una cadena sin fin. Villanos y héroes vieron cómo su fuerza aumentaba o menguaba sin razón aparente en mitad de los combates, pues de otra forma no se podía avanzar con la trama. El guion, a raíz de todo esto, se terminó resintiendo enormemente. Aunque era un mundo fantástico, se podía respirar cierta credibilidad.

La fortaleza que se derrumbó ella sola

En realidad, Bleach era mi serie preferida de las tres aquí expuestas. Era una historia atípica dentro del estereotipo shōnen, pues era oscura, siniestra y confusa. Ulquiorra, ser quien debía ser catalogado como maligno, tenía honor y temple. Era un alma que sufría y padecía, un misterioso ¿monstruo? que dudaba de su propia existencia. De hecho, no era un ser netamente malvado. Su definición de villano quedaba marcada por oponerse al protagonista, y no por otra cosa. Él defendía sus ideales, pues perseguía un mundo mejor para los de su especie.

Mayuri, demente al que todos terminamos adorando, era, por el contrario, un verdadero hijo de mala madre. Era la definición perfecta de loco. Él, quien solo perseguía sus intereses, no tenía escrúpulos ni piedad. Actuaba por avaricia y, sin embargo, podía llamarse «héroe» por ser, simplemente, un shinigami. Esto era lo que hacía grande a Bleach: el contraste del bien y el mal. Los límites no estaban definidos, pues en la más profunda de las oscuridades podía encontrarse la brizna de luz más pura de todas.

El afán comercial, sin embargo, lo devoró todo. El castillo sobre el cual se cimentó terminó por derrumbarse junto a las nuevas sagas. En primer lugar, se perdió aquello que más había destacado a lo largo de toda la serie: la difuminada línea del bien y el mal. Pese a poder generar confusión al principio, todos los personajes terminaron por ser, simplemente, buenos o malos. Algunos, inclusive, sin motivaciones de peso a sus espaldas. Esa precaria y delgada línea de moral que tanto fluctuó a lo largo de toda la serie desapareció. No hubo más como Ulquiorra o Aizen, no hubo más como Mayuri o Zaraki. Los nuevos personajes, y sus ideales, no dieron la talla.

Sagas posteriores

Los Fullbringer, por ejemplo, gustaron a muy pocos. La forma en la que Ichigo recuperó sus poderes era, por otro lado, un verdadero despropósito. Los enemigos que continuaron la estela de los Vasto Lorde no fueron capaces de generar la misma tensión de sus predecesores. La historia perdió su atractivo, su solidez, y las paredes del castillo se derrumbaron. Aquel guion, siempre fuerte en su constitución, se tambaleó al intentar meter nuevas ideas. Era, de hecho, como intentar meter a presión un montón de virus y bacterias a través de una estrecha puerta.

De igual forma, el devenir de la serie parecía querer borrar todo lo que se había contado anteriormente. Que Ichigo recuperase sus poderes era eliminar su esfuerzo, su sacrificio, por vencer a Aizen. Análogamente, los Fullbringer solo fueron un complemento que explicase, como buenamente se pudiese, este borrón y cuenta nueva. Había que explicar, de alguna manera, que Ichigo pudiese seguir combatiendo sin sus poderes de shinigami. La forma en la que finalmente los recupera… De eso, es más, ni quiero hablar. Pero la cosa, por desgracia, no quedó ahí. A pesar de introducir algunas pautas muy interesantes, las sagas posteriores no trajeron nada realmente nada bueno.

Los enemigos de turno eran eso, enemigos de turno. Ninguno llegó, siquiera, a igualar a Aizen, el mejor de sus villanos. Todos parecían, simplemente, reunir un montón de estereotipos con los cuales recurrir al enemigo fácil. El afán comercial hizo que la serie se alargase de más, y terminó perdiendo calidad. Todo esto desembocó en ese rumor tan escuchado por largo tiempo: «Bleach termina porque ha sido cancelado». No sé si esto sea cierto, pero no me resultaría nada extraño. Las ventas bajaron, y es que el manga —pese a terminar desarrollando un dibujo espectacular— había perdido mucho.

Conclusiones, Bleach

Fullbringers

Bleach, aquella serie que pudo ser y no pudo, decidió que era buena idea atar su propia soga. De haber terminado con Aizen, probablemente, estaríamos hablando de algo muy diferente. Estaríamos, a mi juicio, hablando de la mejor de las tres series… y no de la peor. Habrían quedado muchos recovecos y misterios, bien es cierto, pero estos siempre podían ser rellenados con pequeñas historias alternativas, algún que otro y breve spin-off, etc. En resumidas cuentas: Bleach, quien había tomado la ventaja, se bajó, tranquilamente, de su caballo para, simplemente, seguir a pie. One Piece y Naruto terminaron por adelantar a su rival, y este nunca volvió a acercarse. ¡Y ojo! Estamos hablando de la que era mi serie favorita de las tres…

Ya, y para ir terminando, me gustaría saber cual es vuestra opinión. Este artículo se va a dividir en dos partes, y espero tener la siguiente en la mayor de las brevedades. La segunda parte, por su lado, hablará, principalmente, sobre Naruto y One Piece. Terminaré por dar mis conclusiones globales, y aquellos mis más sinceros pensamientos. Mi intención ha sido, y será, mostraros no más que mi opinión. Se trata, por lo tanto, de un articulo subjetivo, pero que creo que refleja una realidad bastante exacta. Sin nada más que decir, por hoy, solo me queda despedirme… ¡Hasta la próxima!