El oscuro devenir del anime, primera parte

Primera parte de un artículo de opinión centrado en la evolución del anime en los últimos años

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Anime: un artículo de opinión

Hace ya algún tiempo, os hable de Kuromukuro y el devenir del género mecha. Hoy, por otro lado, quisiera tratar el mismo tema, pero desde un ángulo diferente. En primer lugar, y antes de nada, me gustaría resaltar una idea: lo aquí expuesto es un mero artículo de opinión, un comentario subjetivo basado en mi propio entendimiento del anime. Me gustaría que se tuviese en cuenta, así mismo, que el siguiente texto no se trata de ningún tipo de crítica con ánimo de ofender a nadie; mi principal objetivo es exponer una serie de hechos que considero necesario resaltar. Es muy probable que podáis diferir con lo que aquí se diga, pero ¿no radica ahí lo bonito de todo esto? Cada uno puede tener su pensamiento, y espero que comprendáis que este artículo es eso, una opinión.

Premisas

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En primer lugar, la estética. Desde hace ya varios años, hemos podido observar como las distintas productoras evolucionaban, a pasos agigantados, en lo que a la calidad de diseño se refiere. Pese a encontrar verdaderas obras de arte en temas de animación como One-Punch Man, por ejemplo, sigue siendo un tema sensible. Los esfuerzos de las compañías, o así parece ser, radican en hacer personajes que sean, simple y llanamente, atractivos.

Aunque bien es cierto que el anime ha sido fundamentalmente machista (no hay que ser un genio: chicas, siempre, de grandes senos, personalidades sumisas y con mentalidad de sempiterna ama de casa cuyo principal atractivo es hacer un buen almuerzo y ser unas esposas adecuadas), creo que se ha tomado un camino equivocado. Me alegra, muchísimo, que este estereotipo esté cada vez menos presente, eso sí.

El problema ha sido que, para paliar esta tendencia, se ha optado por un sistema que resulta, cuanto menos, cuestionable. Es una realidad que los personajes femeninos, desde hace tiempo, se han descrito, por norma general, en distintos tipos de -deres. Los hombres, por otra parte, presentaban un esquema bastante más amplio. Desgraciadamente, lo que se ha tomado por correcto ha sido nivelar en base a lo estético.

Hogaño, los chicos del anime se caracterizan, por lo general, por estar dotados de una musculación cuasi perfecta y por ser verdaderos Adonis en cuerpo y alma. En lugar de adoptar una estética más natural y cercana, y de romper con el molde de personalidad de determinados personajes, se ha ido al otro extremo. Aunque considero adecuado que ambos pares estén nivelados, no creo que se haya tomado el camino correcto. En cierto modo, esto tiene que ver con la creciente necesidad consumista de dos elementos concretos: el ecchi y el yaoi.

Ejemplos

Contaré, de buenas a primeras, con dos simples ejemplos para escenificar esto último que he dicho: Keijo!!!!!!!!, por un lado, y los animes de deporte por otro. Keijo, en primer lugar, es la máxima expresión del ecchi que he visto en muchísimo tiempo. Es, básicamente, una serie destinada a enseñar carne y cuyo único atractivo es el físico de sus protagonistas. Ahora mismo, es el anime de temporada más seguido del momento y uno de los más visionados por semana… Curioso ¿verdad? Y luego están los animes de deportes. Estos, sepultados bajo una manta de pseudopopularidad, se han visto revitalizados en gran medida. Hemos pasado de One Outs o Giant Killing a Haikyū!! o Free!.

Mentiría si dijera que no me gusta Haikyū!!, por ejemplo, pero me sirve muy bien de ejemplo. El anime de deportes, antaño, estaba dotado de un elenco de personajes estéticamente muy «normalitos». Actualmente, los protagonistas de este tipo de series se destacan por ser guapos. El elenco de Haikyū!!, además, es un molde perfecto para el yaoi. Personalidades, físicos y relaciones generan un escenario perfecto para el movimiento fujoshi ¿o me equivoco? Por un lado, tenemos a un chico bajito, guapo y con una personalidad encantadora y, por el otro, un chico alto, de pelo negro, frío y muy serio… ¿Yaoi? ¿Dónde?

No lo considero como algo completamente negativo. Como amante de los animes de deportes, me gusta que haya más series del género, pero… Antes, cuando una serie de deportes destacaba, era porque era buena. Ahora, esto ya no es necesario; el argumento, ya de por si plano, del spokon se ha visto todavía más simplificado que antes. Jō “Joe” Yabuki debe estar removiéndose en su tumba.

Chicos guapos y ecchi, los gigantes del mercado

Days o All Out!! son dos series que sigo en estos momentos, y no son precisamente lo mejor de su género. Están bien, cierto, mas no dejan de ser un conjunto de estereotipos encauzados en el «buen camino» gracias a un par de caras bonitas. Lo que más se destaca en todo el tema del diseño, por desgracia, es el ecchi. Todo el tema de los chicos guapos y el bishōnen no es algo, realmente, problemático. Es una moda, tal vez. Pese a todo, en estos tiempos que corren, una serie sin argumento y con personajes insustanciales puede triunfar si no tiene reparo en «enseñar cacho»Keijo, de esta temporada, o Masou Gakuen HxH, de la anterior, son dos claros ejemplos.

En el artículo del género mecha fui muy crítico con las armaduras que se adaptan al cuerpo y, casualmente, dejan los pechos a la vista. Siendo sincero, ¿esto es necesario? Considero estos elementos como algo muy negativo, y como algo muy serio. Se está tergiversando el anime de tal manera que no es necesario crear una buena trama o unos personajes interesantes. Si tienes pechos grandes o enseñas, me vales para vender pero, sobre todo, si tienes una versión sin censura… ¡Dios, sí, me vales para vender lo que sea! Las series ecchi de mayor cobertura, hace tan solo seis años, eran Motto To Love-Ru, Ikkitousen o Highschool of the Dead. Estas tres series, principalmente HOTD, se caracterizaban por ser series ecchi, pero… Por lo menos, como norma general, tenían un argumento mínimamente trabajado. Ofrecían algo más.

Lo que pareció ser

Recientemente, estuve hablando del tema con Guillermo, un compañero redactor de la web. Surgió, entre otras cosas, One-Punch Man. Cierto fue que, en aquellos momentos, fuimos muchos los que vivimos más allá de un buen anime. Creímos, ilusos, que aquel tremendo éxito obtenido por el calvo con capa mostraría al mundo que era posible otro tipo de mercado. Los pechos y las caras bonitas, el yaoi y los harén no lo son todo, y Saitama lo demostró a base de puñetazo. Fue, empero, una mera ilusión, un fantasma que se atrevió a rasgar el manto mediante el cual se esconden las grandes compañías.

Afirmar con rotundidad que no se producen animes de calidad de forma continuada sería un verdadero disparate, pero bien es cierto que su cantidad y calidad parece haber disminuido. En 2010, hace solo 6 años, resultaba mucho más fácil encontrar series interesantes sin ser parte de esas que se destacaban. Un claro ejemplo de lo que está sucediendo es One Piece. Nami, esa muchacha de aspecto normal, pasó a convertirse en una exuberante diosa pelirroja que no podía vestir con algo que escondiese sus turgentes senos. No es que sea malo, pero sí conciso. Nos muestra qué es lo que ha pasado, y es que hasta los grandes han visto en todo esto una buena oportunidad de vender algo más.

Esto es solo el principio

Finalmente, y sin el ánimo de extenderme en este mi primer artículo de opinión, me gustaría destacar un último apunte: esto es solo el principio, y en varios sentidos. En primer lugar, me refiero a que la cosa parece va a seguir por el mismo camino, no va a cambiar, y es posible que vaya a peor. Por otra parte, este artículo es solo el primero de una pequeña serie. Son muchos aspectos los que no he comentado, pues hoy me he centrado, única y exclusivamente, en la estética. Argumentos vacíos y/o copiados, géneros relanzados, reebots de series antiguas, copia y pega de personajes…

Son muchos los elementos que están influyendo en este cambio, pero prefiero comentarlos poco a poco. La cosa, sin embargo, no pinta demasiado bien. Solo hay que observar el catálogo de las últimas temporadas de anime y compararlo con el de hace años: cada vez hay más animes harén y ecchi sin sentido. No es una regla que siempre se culpa, pero comienza a ser sospechosamente frecuente. Sin nada más que decir por hoy, os mando un saludo. Espero que os haya gustado, ¡nos vemos!

Edición: si os interesa, aquí tenéis la segunda parte del artículo.